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BELLO Y BLANCO

Moclinejo, así es el pueblo de Málaga donde se refugia Pepa Flores (Marisol), Goya de Honor

No está en la Costa de Sol de Marbella, sino en la de la Axarquía, que es igualmente bella (o más) pero mucho más auténtica, rural y alejada del follón. Calles pintorescas, frutas tropicales y vino moscatel

Foto: Moclinejo lo tiene todo... y Pepa Flores lo sabe (Instagram @qmarix)
Moclinejo lo tiene todo... y Pepa Flores lo sabe (Instagram @qmarix)

En la Costa del Sol de Marbella y alrededores no podía ser. Tenía que ser en la otra Costa del Sol, en la igualmente malagueña Axarquía, al oriente, donde todo se vuelve más pequeño, menos ostentoso, más rural. Allí es donde Pepa Flores, a estas alturas casi un personaje de Chéjov, tenía que tener su refugio, alejada no del mundo sino de su ruido y del relumbrón. No se trata de Nerja, donde las cuevas, el balcón de Europa y aquel lejano y televisivo 'Verano azul', ni del bellísimo Frigiliana, donde quien esto firma se la encontró una vez en una pequeña tienda antes de enfilar la calle de la Amargura (tal cual). La inolvidable Marisol tiene su Arcadia feliz en Moclinejo, que también es uno de esos pueblos blancos y sureños que tanto nos gustan. Te lo contamos.

Moclinejo, en la Axarquía

Es en este pueblecito de apenas mil habitantes, perdido en esta tierra todavía auténtica, donde Pepa Flores, la flamante ganadora del Goya de Honor 2020, ha encontrado su particular paraíso, en plan retiro, a un tiro de piedra de su Málaga natal (algo menos de 30 kilómetros), donde vive. Y decimos paraíso porque aquí la malagueña se da el gusto de sembrar sus propias hortalizas y criar sus gallinas, junto a su marido, el italiano Massimo Stecchini. Moclinejo está rodeado de montañas, en plena ruta de la pasa -que no lo habíamos dicho, pero aquí reina el vino moscatel- y cerquita de Almáchar, El Borge, el Rincón de la Victoria y Macharaviaya, por situarnos. Suaves montañas, mucho cultivo, buen comer y beber, y al lado el mar. Todo esto les encanta a los ingleses, alemanes y otros vecinos del norte de Europa.

Qué ver en Moclinejo

Además de perderte por las calles y admirar la blancura de sus casas -encalar es devoción-, podrás dar rienda suelta a tu pasión por la arquitectura y el arte en la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, que es del siglo XVI y reformada en el XVII, con arcadas árabes y una barandilla modernista en el coro que despertará tu nunca dormida curiosidad. Para darle alegría al cuerpo, en cambio, hay que dirigirse a la bodega Antonio Muñoz Cabrera, a catar lo que da el terruño. Y para saber más de esta comarca, la Casa Museo Axarquía, una construcción singular con tejado a 20 aguas y un azadón de veleta, capricho del empresario Antonio Montañez, conocido como el Gaudí de por aquí, que alberga solerías del siglo XIX y antiguos aperos de labranza. Un delirio que hay que ver.

Aguacates, chirimoyos, nísperos y ¡vino!

Imposible no preguntarse si Pepa Flores se habrá dado también al cultivo de frutos exóticos, que es lo que se lleva en estos pagos, no lejos de la Costa Tropical, ya Granada (Motril y demás). Aguacates, chirimoyos, nísperos y hasta mangos. No faltan los almendros ni los olivos -es apreciado su aceite-, ni las viñas, de lo que da fe la fiesta que se celebra en septiembre y que se llama precisamente así, fiesta de Viñeros, porque es todo un homenaje a la vid y al vino moscatel que tanta fama ha dado a esta comarca, tan querido y buscado como la miel de caña de Frigiliana.

Prepárate porque es una fiesta como las de antes, de celebración del fin de temporada, cuando la uva ha madurado, se ha recogido, se ha puesto a secar para obtener pasas o hacer vino. Se recrean los escenarios y tareas propios de esta tradición vinícola, las calles se engalanan, los forasteros se frotan las manos -pintoresquismo al poder- y suenan las Pandas de Verdiales, compuestas por tocaores, cantaores y bailaoras, que interpretan sus particulares fandangos, otro rito campesino y antiquísimo que habría fascinado a Gerald Brenan (imprescindible su 'Al sur de Granada'). Todo aquí es muy genuino y muy eco.

Velez-Málaga, capital de la comarca

Por cierto, la capital de la Axarquía es Velez-Málaga, histórica (los Reyes Católicos, nada menos, la nombraron ciudad), monumental (mucho mudéjar y barroco), citada ya en el Quijote (hay hasta una casa donde dicen que se alojó Cervantes) y cuna de la filósofa y poeta María Zambrano. Y está a solo 27 kilómetros de Moclinejo, a la misma distancia que la capital. Su casco viejo está declarado, con razón, conjunto histórico-artístico, formado por dos cerros enfrentados: el de la fortaleza, con los restos de la torre del Homenaje y la iglesia de Santa María la Mayor, gótico-mudéjar, a un lado, y al otro, el de San Cristóbal, que corona la ermita de los Remedios. Y es solo el principio. No te pierdas sus calles pintorescas, sus palacios (el de Beniel, del XVII, sede de la Fundación María Zambrano), conventos (el de las Claras, del mismo siglo), más iglesias y el Antiguo Pósito, granero y lonja.

Dónde dormir y comer en Moclinejo

Para dormir, tenemos Las Pasas de Moclinejo, una casa rural para seis con los techos de caña que son típicos de la Axarquía (21 euros por persona y noche). O Villa Axarquía, que está situada a 700 metros sobre el nivel del mar y con fabulosas vistas sobre la bahía de Málaga desde su fantástica terraza. A todo lujo (145 euros por noche para 6). Para comer, el bar restaurante Reyes, donde sirven la cocina tradicional axarqueña elaborada con productos locales. A saber: callos, migas, lomo en manteca, chivo al estilo Reyes, plato de los montes, estofado de ternera…, vinos locales y postres caseros. O el Saborea, perfecto para probar las carnes asadas en horno de leña y el solomillo a la pasa elaborado con vino moscatel. Ambos en la plaza de España.

Villa Axarquía, en Moclinejo. (Cortesía)
Villa Axarquía, en Moclinejo. (Cortesía)

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