20 curiosidades y anécdotas del hotel Ritz que cambiaron la historia de Madrid
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Emblema del lujo

20 curiosidades y anécdotas del hotel Ritz que cambiaron la historia de Madrid

Sus noches de excesos y desenfreno lograron que Ava Gardner tuviera que abandonarlo, pero este no es el único secreto que sus paredes esconden...

placeholder Foto: Imagen de la fachada del hotel Ritz. (Instagram @mo_ritzmadrid)
Imagen de la fachada del hotel Ritz. (Instagram @mo_ritzmadrid)

En el número 5 de la plaza de la Lealtad se ubica uno de los edificios más emblemáticos de la capital española, uno de esos espacios que no solo ha visto pasar el tiempo, sino que se ha convertido en escenario de numerosos hechos y anécdotas, y ha pasado a formar parte de la historia de la ciudad. El hotel Ritz reabre sus puertas tras una pantagruélica reforma con la que busca mejorar instalaciones y servicios pero manteniéndose fiel a su carácter único.

Como en tantas ocasiones, los orígenes de este hotel también los encontramos en una historia de amor, más o menos. Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg se casaban en el año 1906 y esto puso de manifiesto que, a pesar de ser una ciudad espectacular, Madrid no contaba con un hotel a la altura donde poder albergar a los exclusivos invitados al enlace. Tuvieron que quedarse en los palacios que la nobleza puso a su disposición.

placeholder La mítica entrada al hotel Ritz de Madrid. (Reuters)
La mítica entrada al hotel Ritz de Madrid. (Reuters)

Así, Alfonso XIII no dudó en apoyar la construcción de un hotel que cumpliera con estas características, que pusiera Madrid en el mapa como una metrópoli moderna y que fuera el lugar ideal para que los invitados más ilustres de la realeza pudieran disfrutar todo lo que la capital tenía que ofrecerles. Se dice que construirlo costó unos seis millones de pesetas.

El lugar escogido no podría ser mejor, en el conocido como ‘triángulo del arte’, una de las zonas más elegantes y emblemáticas de la capital, la plaza de la Lealtad. El edificio que hoy alberga el hotel es obra del arquitecto francés Charles Mewes, aunque fue el español Luis de Landecho quien se encargó de dirigir la obra, en un solar que anteriormente había estado ocupado por el teatro Tívoli y el circo del Hipódromo.

placeholder Obras en el hotel Ritz de Madrid. (EFE)
Obras en el hotel Ritz de Madrid. (EFE)

La filosofía empresarial del mítico hotel era y sigue siendo fiel a la premisa mágica de César Ritz, su fundador: “Aquí nos adelantamos a los deseos de los clientes”, repiten sus empleados, que se esmeran en hacer triunfar los detalles más pequeños e insignificantes a simple vista. Esa es una de sus tantas señas de identidad.

Historia con nombres propios

Un ejemplo: cada vez que Frank Sinatra llegaba al Ritz, le esperaba un piano de cola blanco, impaciente por hacer sonar una de sus famosas canciones. O cuando lo hace Plácido Domingo, el tenor camina a sus anchas por su habitación con un albornoz y unas pantuflas bordadas con sus iniciales, cortesía de la casa, que también halaga con flores blancas a una de sus grandes clientas: la top Cindy Crawford.

placeholder Imagen cedida por el hotel Ritz de uno de sus salones. (EFE)
Imagen cedida por el hotel Ritz de uno de sus salones. (EFE)

Lujo, exclusividad y una atención vocacional, que hacen las delicias de los que acreditan tener pedigrí en su ADN: los duques de Windsor, cabezas coronadas de Omán, Fidel Castro, Margaret Thatcher, Matta Hari, Elton John, Dalí, García Márquez, Orson Welles, Richard Burton, Yves Saint Laurent... Todos menos Michael Jackson, a quien se le denegó la entrada por tener mascotas.

Han descansado en sus habitaciones un sinfín de personalidades que van desde Nelson Mandela a Jennifer Lopez, Cary Grant o Ava Gardner, a quien echaron del hotel por su tendencia al sexo y el alcohol. Algo que fue posible gracias a que el hotel relajó las estrictas normas que excluían de su clientela a “toreros y artistas”, lo que hizo que James Steward tuviera que enseñar su placa de coronel y asegurar que acudía en calidad de militar para que le dejaran alojarse.

placeholder Vista del hotel Ritz de Madrid antes de la renovación. (EFE)
Vista del hotel Ritz de Madrid antes de la renovación. (EFE)

Además, la privacidad de todos y cada uno de sus clientes ha constituido una gran preocupación, desde su construcción hace más de cien años. La prensa tenía difícil acceso al interior, ya que el diseño inicial de la recepción del hotel tuvo en cuenta el acoso al que los medios podrían someter a las estrellas y se ideó su ubicación en un cuarto oculto desde la calle.

A pesar de ello, sus empleados recuerdan aquella ocasión en la que Leslie Howard se disfrazó de viejo para pasar desapercibido o cuando Liz Taylor se camufló y salió por la puerta de maletas aquella ocasión en la que vino a España a recoger el Premio Príncipe de Asturias (ahora Princesa) y se reunió con los Reyes en Zarzuela.

Y así, no cien, sino miles de historias más, ya que el Ritz, una joya del estilo arquitectónico Belle-Époque, ha cristalizado en sus estancias momentos muy importantes de la historia más reciente de Madrid. Yasser Arafat dio aquí su primera rueda de prensa; Fleming, famoso por haber descubierto la penicilina, se enamoró de los callos a la madrileña y se llevó ingentes raciones de ellos a su Escocia natal; Antonio Banderas le dio en el Ritz el ‘sí, quiero’ a su primera mujer, Ana Leza; los príncipes de Mónaco pasaron su luna de miel en el hotel, que sirvió como hospital durante la Guerra Civil, y el rey de Marruecos no se quiso marchar cuando descubrió las comodidades que ofrecía. “Montó su propia cocina. Cenaba a las cuatro de la mañana y la verdad que nos volvió un poco locos”, recuerdan.

Aunque, sin duda alguna, el momento más duro que vivieron sus trabajadores fue la llegada del emperador de Etiopía, Haile Selassie, a quien costó satisfacer con creces. “No le podíamos dar la espalda, ni tocarle, ni mirarle a los ojos. Le tuvimos que coser unas insignias en el traje y fue realmente complicado hacerlo”, afirmaba uno de ellos.

El Ritz más real

La historia del Ritz está inexorablemente ligada a las efemérides de la Casa Real e importantes familias de la aristocracia española, que decidieron irse a vivir al hotel cuando la Guerra Civil española arrasó con sus palacios. El rey Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia y el presidente del Gobierno, José Canalejas, lo inauguraron el 2 de octubre de 1910 a las cinco de la tarde, tal y como retratan las crónicas de la época. Madrid se convertía en estandarte del lujo y la distinción. Londres y París habían hecho lo propio años antes. Al morir en el exilio en Roma, el Ritz de Madrid, el tercero para su fundador, fue el lugar escogido para colocar la mesa de condolencias del abuelo del rey Juan Carlos.

Cuentan sus trabajadores más veteranos que, antes de convertirse en Rey de España, el padre del príncipe Felipe también solía acudir al hotel para comprar la prensa internacional o, curiosamente, para que el peluquero le diera un buen corte. Además, uno de los platos favoritos del monarca era el típico cocido madrileño, marca de la casa y que todavía ofrecen en la actualidad. La cuidada gastronomía del hotel llevó a Franco a contratar el catering para la boda de su hija, Carmen Franco, con el marqués de Villaverde.

Un punto... y seguido

Se inauguró con todos los lujos de la época, buscando ser el más moderno y cómodo. Para ello contaba con cuatro o cinco baños por planta, así como el teléfono que se podía encontrar en cada piso junto al ascensor, aunque uno de sus principales atractivos eran sus amplios salones, amenizados con la música de piano, para leer, tomar un café o disfrutar de su tranquilo trasiego.

Todas sus habitaciones y suites estaban diseñadas en exclusiva y con materiales de la máxima calidad. Alfombras, confeccionadas a medida para el hotel por la Real Fábrica de Tapices, marroquinería, con la inconfundible rúbrica de Enrique Loewe, y hasta sábanas de lino bordadas en seda. Muebles encargados a los ebanistas Lizarraga y Sobrinos, una vajilla de porcelana de Limoges o la cubertería, en plata y oro, de The Goldsmiths; estos son algunos de los muchos detalles que se podían disfrutar en el hotel.

Las 30 piezas de oro, que forman parte de la colección del día de la inauguración, tan solo se utilizan para ocasiones muy especiales, cheque en blanco mediante. Así, entre lujos y secretos, sigue la vida en el mítico hotel Ritz de Madrid, el mismo en el que durmió el maharajá de Kaphurtala y Anita Delgado o Lady Di y el príncipe Carlos, un día más de ciento diez años de historia que ahora comienza un nuevo capítulo.

Hotel Ritz Historias ejemplares
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