'Sonrisas y lágrimas' vuelve a los 60 años: la "mentira dulzona" que odió el capitán von Trapp y amó el resto del mundo
La película, una de las más taquilleras de la historia, vuelve a los cines en formato 4K. Recorremos lugares del pueblo donde se rodó hace seis décadas y repasamos las anécdotas de un film mítico
Cuando Julie Andrews volvió a Salzburgo en 2015, con motivo del medio siglo del estreno de 'Sonrisas y lágrimas', lo tuvo claro: "No ha cambiado mucho", manifestó ante las cámaras.
La historia de la novicia María, que tras una crisis espiritual se marcha a la casa del viudo capitán von Trapp y sus siete hijos para hacer de niñera, necesitaba del entorno austríaco que también había sido el telón de fondo de la historia real.
Porque los von Trapp, efectivamente, existieron. Y Andrews incluso llegaría a conocer a la mujer a la que luego dio vida en pantalla, protagonizando una película que estos días cumple la friolera de 60 años y ha vuelto a los cines en formato 4K.
Salzburgo es un lugar lleno de encanto y con los años se ha convertido en uno de los enclaves turísticos más populares de Austria gracias a la cinta.
Los visitantes de los Jardines de Mirabell recuerdan, como hizo Andrews en el documental de 2015 que motivó su viaje, que allí cantaban María y los niños. También se pueden admirar con la belleza del Palacio de Leopoldskron, que sirvió como fachada exterior de la casa de los von Trapp y que sirve de sede de una prestigiosa academia musical.
En el tour por las localizaciones tampoco hay que olvidar la Felsenreitschule, una escuela de equitación utilizada en la secuencia del festival de canto, y la Catedral de Mondsee, donde (ALERTA SPOILER para el 0,1 por ciento se seres humanos que no la hayan visto) se casan la aspirante a monja y el capitán von Trapp.
Una secuencia, la de la boda, con toda la épica romántica que el director, un Robert Wise inspirado en cada plano (las composiciones de cada encuadre son milimétricas) podía derrochar.
También son dignos de mención el Palacio de Frohnburg, la Abadía de Nonnberg, donde al principio reside María con las monjas y que, cero sorpresas, es un convento real.
Para aquellos que quieran imitar los cantos de felicidad de la novicia en plena naturaleza, con esa toma aérea que iniciaba la película, tendrán que subir hasta el Monte Untersberg.
De Mary Poppins a María von Trapp
Desde que el musical de Rodgers & Hammerstein llegó a los escenarios de Broadway hasta que llegó a ser un film, hubo alguna que otra complicación.
La época de los grandes musicales de Hollywood parecía fenecer tras el éxito de 'West Side Story', los espectadores que habían 'catado' la Nouvelle Vague y similares exigían historias más realistas y la Fox tampoco sudaba billetes de dinero tras el derroche de 'Cleopatra' (1963), que casi hunde al estudio en la miseria.
El director que iba a viajar hasta Austria para rodar este dulzón musical con niños era William Wyler, que se acababa de cubrir de gloria en los Oscars gracias a su 'Ben-Hur', épico entre los épicos.
Pero los retrasos a la hora de llevar 'The Sound of Music', su título original, a la gran pantalla, le hicieron decantarse por la más oscura 'El Coleccionista', a la postre una de las mejores películas de su extensa filmografía.
"No puedo soportar hacer una película sobre todos esos agradables nazis", cuentan que dijo, aunque ya se sabe que, en la segunda mitad del film, los von Trapp son precisamente perseguidos por los afines a Hitler por la resistencia del capitán a unirse a ellos.
El encargado de sustituir a Wyler fue Robert Wise, que había demostrado saber llevar a buen puerto un musical de gran envergadura gracias a 'West Side Story'. Y aunque él y el coreógrafo, Jerome Robbins, casi salen tarifando del rodaje, aquella cinta consiguió 10 Oscars y pasó a formar parte del imaginario colectivo.
Wise tenía claro que Julie Andrews, a la que había oteado en Broadway, era la María ideal, la joven que tenía que protagonizar 'Sonrisas y lágrimas'. Pero nadie lo veía tan claro como él.
El estudio pidió a Disney que les dejasen ver material de 'Mary Poppins', película que la británica ya había rodado y que aún no se había estrenado. La propia actriz dudaba si aceptar otro film con niños, en la que para colmo también había monjas y varias canciones pegadizas pero indisimuladamente sentimentales. ¿No sería aquello demasiado sentimental?
Sin embargo aceptó y el resto es historia: aquel 1965 'Mary Poppins' le proporcionó un Oscar a la mejor actriz, que compensó que no la eligieran para protagonizar 'My Fair Lady', como sí había hecho en el teatro. Además, el de María von Trapp se convirtió en uno de sus personajes más queridos.
El borracho capitán von Trapp
El que no estaba tan contento era Christopher Plummer vistiendo los galones del capitán viudo y padre de siete hijos que, poco a poco, va dejando de admirar a la baronesa Elsa Schraeder (magnífica Eleanor Parker) y se enamora de María.
Aunque su interpretación de la canción 'Edelweiss' esté llena de emoción e incluso se convierta, durante la multitudinaria actuación de la familia al final de la película, en un canto de libertad frente al totalitarismo equivalente al momento de 'La Marsellesa' en 'Casablanca', Plummer estaba hasta las narices.
Durante dicha actuación confesó estar muy borracho, durante el rodaje sintió una atracción no resuelta por Charmian Carr, que en el film interpretaba a Liesel, su hija mayor, y consideró molesta y cursi a Julie Andrews, a quien llamaba 'Señorita Disney'. Llegó a decir que trabajar con ella era "como recibir un golpe en la cabeza con una enorme tarjeta de San Valentín todos los días".
Era evidente que, de todo el equipo técnico y artístico era, sin duda, el que menos quería estar allí.
Los años le hicieron arrepentirse de sus malas opiniones, reconociendo la belleza de la cinta y admirándose de su larga popularidad. Su reacción, dijo, había sido "infantil e inmadura".
Además, participó encantado en muchos de los revivals que el musical ha vivido a lo largo de sus seis décadas de vida. Un dato más: los que crean que le hizo la vida imposible a Julie Andrews están equivocados, ya que fueron amigos de por vida.
La protagonista de 'Cortina Rasgada' pensaba que su cinismo acerca del film mejoró la interpretación amarga del capitán von Trapp, un personaje atrapado entre el dolor por la muerte de su esposa y la férrea disciplina que le hace tratar a sus hijos como si fuesen escuadrones del ejército.
Estrenada en marzo de 1965, 'Sonrisas y lágrimas' fue masacrada por la crítica de una forma despiadada. Algún crítico dijo que era "no apta para diabéticos" y otros la tildaron de "mentira dulzona" (la mítica y despiadada Pauline Kael).
Pero el público la amó profundamente y la acabó convirtiendo en la segunda cinta más taquillera de la historia tras 'Lo que el viento se llevó'.
Un espectador de Oregon, por ejemplo, la vio 50 veces seguidas y un marinero de Puerto Rico llegó a hacerlo en 85 ocasiones. Según el libro Guinness de los récords, una galesa es la que se lleva la palma: vio la cinta 940 veces a lo largo de diez años.
La Academia de Hollywood tampoco fue indiferente al éxito: 'Sonrisas y lágrimas' ganó 5 Oscars compitiendo contra otra superproducción de renombre, 'Doctor Zhivago'. Y las navidades televisivas, en las que suele aparecer por algún canal, han hecho que su presencia popular sea tan longeva como la propia Andrews, que está a punto de cumplir 90 años.
Desde un punto de vista intelectual o académico, es difícil ponerle un 'pero' a la belleza de las localizaciones o de los encuadres de Wise, la coreografía de las canciones, lo pegadizas que estas son o lo bien que están todos y cada uno de los actores. En una cinta llena de música, hay incluso silencios magistrales (la secuencia de los von Trapp escondidos, tras las tumbas del convento, mientras los nazis los buscan sin descanso).
A nivel popular, cuesta encontrar una película que el público quiera más. A sus 60 años, 'Sonrisas y lágrimas' es, como los recuerdos compartidos de la infancia, un poco de todos.
Cuando Julie Andrews volvió a Salzburgo en 2015, con motivo del medio siglo del estreno de 'Sonrisas y lágrimas', lo tuvo claro: "No ha cambiado mucho", manifestó ante las cámaras.