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Patty Bonet: "Prefiero personajes que no den yuyu; no más zombis, fantasmas o miembros de sectas satánicas"
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Patty Bonet: "Prefiero personajes que no den yuyu; no más zombis, fantasmas o miembros de sectas satánicas"

Periodista, actriz y albina, Patty Bonet rompe barreras desde la ONCE, el teatro, las series y el cine. Tras encadenar papeles secundarios para asustar, lucha hoy por ficciones inclusivas donde la discapacidad sea solo una característica más

Foto: La gente adora a Patty Bonet, de 41 años, y ella, dulcemente, se deja querer. (F. Z.)
La gente adora a Patty Bonet, de 41 años, y ella, dulcemente, se deja querer. (F. Z.)

Patty Bonet (Valencia, 1984) tiene ese ‘algo más’ que en televisión funciona de maravilla y te diferencia del resto; en su caso: alegría de vivir. No siempre lo ha tenido fácil; su discapacidad visual y su albinismo, combinado con gente de mal corazón, llegaron a convertirse en un cóctel de sabor amargo en más de una ocasión. Por fortuna, su fuego interno, valiente y generoso, pudo —puede— con todo.

Licenciada en Periodismo, presentadora y actriz, Bonet es, además, una firme activista en favor de la inclusión. Cuando decidió independizarse e instalarse en la capital, para disgusto de los suyos, encontró trabajo en Telemadrid subtitulando informativos “a toda velocidad” para una mayor accesibilidad audiovisual.

Después dio el salto a la radio, como locutora en Radio 5 de RNE, y a la televisión, como presentadora de los sorteos del cupón de la ONCE en Televisión Española, espacio que copresenta en la actualidad y que le descubrió el significado de otra palabra: ‘popularidad’. El público adora a Patty Bonet y ella, dulcemente, se deja querer. Atención: pregunta.

placeholder Patty Bonet, por amor a la interpretación y la comunicación. (F. Z.)
Patty Bonet, por amor a la interpretación y la comunicación. (F. Z.)

PREGUNTA. De pequeña, ¿con qué soñabas?

RESPUESTA. Siempre he tenido claro que quería dedicarme a algo relacionado con el cine, porque me dio como una obsesión muy fuerte con los Oscar. Sigue siendo mi obsesión. Mi gran sueño es ir a los Oscar y ya, de paso, presentarlos. Al plantearme qué estudiar, son 18 años, barajé tres opciones: Comunicación Audiovisual para hacer cine, Periodismo para hablar de cine o, directamente, interpretación. Ahí mis padres me dijeron: “Bueno, primero haz Periodismo y luego, si te gusta de verdad el cine, ya veremos”. No me arrepiento de esa decisión; el periodismo te da una base y unas herramientas. Me encanta actuar, pero también me comunicar. Soy muy feliz presentando eventos o los sorteos de la ONCE.

P. ¿Has hecho algo de teatro amateur?

R. Cuando me vine a Madrid, al poco tiempo, me salió una oportunidad en el Centro Dramático Nacional (CDN) con la obra 'Cáscaras vacías', de Magda Labarga y Laila Ripoll. Fue la primera obra que contaba con actores con discapacidad programada dentro de la programación regular del CDN; hasta entonces todo se movía en festivales o jornadas de inclusión. Estuvo tres semanas en cartel, funcionó muy bien y la repusieron la temporada siguiente. Hace poco volví al CDN con 'La gaviota', de Chéjov, que presentamos en el Festival de Aviñón.

"He ido encadenando proyectos con papeles secundarios; el teatro me encanta, pero en un set de rodaje hay una energía superespecial, hay magia"

P. Repasemos tus actuaciones en series y cine.

R. En 2020, cuando vino la pandemia, me planteé: “Si ahora me muriera de covid, ¿qué me habría quedado por hacer?”. Y dije: “Tienes la espinita de no haber estudiado interpretación”; así que me pedí una excedencia en Telemadrid y me matriculé. Empecé a estudiar, pero me salió un papelito en una serie en Netflix que se llamaba 'Feria: La luz más oscura' y otro en la película 'Los renglones torcidos de Dios' y lo dejé. He ido encadenando proyectos con papeles secundarios; el teatro me encanta, pero en un set de rodaje hay una energía superespecial, hay magia.

"Cuando nací, a mis padres les dijeron: 'Su hija es muy rubia y blanca, y ciega'. No sabían que era albina"

P. ¿En qué momento llegas a las puertas de la ONCE?

R. Cuando nací, mis padres no sabían qué era ser albino. Les dijeron: “Su hija es muy rubia y blanca, y ciega”. No sabían que era albina. Hasta que, con 2 años, un oftalmólogo les dijo: “Su hija es albina, va a tener limitación visual y va a poder hacer lo que le dé la gana”. Todo albino tiene problemas de visión, unos más que otros; es una condición genética, no una enfermedad. En España se incluye dentro de las enfermedades raras para poder optar a investigación, pero no es una enfermedad; yo no me medico ni estoy enferma.

Tengo alrededor de un diez por ciento de visión. La gente tiende a verte como “pobrecita” o “superheroína”, y no; mi vida es como la de todo el mundo. No conozco otra realidad; me he adaptado a la que me ha tocado.

Con 3 años me afiliaron a la ONCE. De pequeña tenía un profesor de apoyo que venía una o dos veces a la semana para ver cómo estaba en clase. Me sentaba en primera fila y tenía un catalejo chiquitito para ver la pizarra. Todo esto conllevó su bullying, pero bueno. Luego, a los 5 años, me apunté a un coro de la ONCE; la mitad eran personas con discapacidad y la otra mitad no. Yo pensaba: ojalá la sociedad del futuro sea esto, personas que vienen a cantar y a pasárselo bien, todos iguales.

"La gente tiende a verte como 'pobrecita' o 'superheroína', y no; mi vida es como la de todo el mundo. Me he adaptado a la que me ha tocado"

Cuando me vine a Madrid, hace 12 años, el departamento de Comunicación de la ONCE me abrió las puertas. Empecé a presentar eventos y, hace tres años y medio, surgió la oportunidad de los sorteos. Pasé por muchos castings, no fue en plan: “Venga, eres albina y de la ONCE, así que presenta”. Pasé varios castings para demostrar que no era una cuota.

La ONCE llevaba toda su vida con presentadores sin discapacidad y, siendo la mayor empresa empleadora de personas con discapacidad en España, eso tenía que cambiar. El resultado es el mismo: yo no veo el cue y me tengo que aprender mis frases de memoria; mis compañeros sí lo ven, pero al final todos hacemos el mismo trabajo.

P. ¿Cómo fue esa primera emoción de independizarte e instalarte en Madrid?

R. En mi caso fue un poco dramáticq porque mi madre estuvo enferma muchos años. Yo quería venir a Madrid, pero sabía que el tiempo de mi madre era limitado. Antes de morir nos dejó un legado a cada uno y a mí me dijo: “Sonríe todos los días y vuela ya a Madrid en busca de tu sueño”. Cuando ella muere, pasas un tiempo perdida; mi pánico máximo era la soledad.

Una vez superas ese proceso, decidí hacerle caso. Al principio fue un caos porque mi familia se quedó un poco coja de estructura y pensaban: “¿Esta, con su discapacidad visual, se va a Madrid sola?”. Mi sueño y mi profesión siempre me han ayudado a salir adelante.

"Mi madre me dijo: 'Sonríe todos los días y vuela ya a Madrid en busca de tu sueño'"

Madrid me sorprendió porque es una ciudad muy acogedora. Hay muchísimas cosas por hacer en accesibilidad, pero el metro, a nivel visual, está bastante bien; los carteles son grandes y es relativamente fácil. Necesité un periodo de adaptación, pero aquí soy feliz porque hay más oportunidades y diversidad. Al principio compartí piso con un amigo. Me traje a mi perro, Pirulo. Él me salvó en muchos aspectos; pasé el covid con él. Hace año y medio se murió y dije: “Nunca más voy a tener perro”, pero ahora ya me lo vuelvo a plantear. Un perro te saca de la cama aunque estés triste o llueva; te cambia la energía sí o sí.

"Mi utopía es poder interpretar personajes con conflictos comunes, donde el albinismo sea solo una característica más y no lo que defina al personaje"

P. ¿Cómo es tu fama?

R. La gente por la calle me dice: “Mira, la de la tele, la que presenta lo de la ONCE”; me asocian a mi trabajo, no a mi físico. Se acercan con mucho cariño, me abrazan. A veces me choca que me toquen tanto, invaden un poco mi espacio personal, pero entiendo que entro en su casa cada noche y transmito una energía que les hace sentir que me conocen. Se ha convertido en mi marca diferenciadora y me dicen que mi “¡Buenas noches!” del principio del programa les alegra el final del día. Para mí esa es la mayor satisfacción.

"Mi plan favorito es ver los Oscar con traje de gala, unas aceitunas rellenas y Coca-Cola en botella de cristal"

P. Explicanos tu obsesión con los Oscar, por favor.

R. Los Oscar son mi pasión. Cada año me compro un vestido de gala para disfrutar mejor de la ceremonia. Es mi plan favorito: los Oscar, traje de gala, aceitunas rellenas y Coca-Cola en botella de cristal. Tampoco me disgutaría formar parte del equipo que los retransmite.

P. ¿Seguirás peleando por ser actriz principal?

R. Absolutamente. Seguiré intentando que haya más oportunidades para actores y actrices con discapacidad. Hasta ahora, la mayoría de personajes que he interpretado han sido para dar "yuyu”: usuaria de centro psiquiátrico, fantasma con sábana, zombie, miembro de una secta satánica... Mi utopía es poder interpretar personajes con conflictos comunes, donde el albinismo sea solo una característica más y no lo que defina al personaje. Hay que cambiar las cosas.

Patty Bonet (Valencia, 1984) tiene ese ‘algo más’ que en televisión funciona de maravilla y te diferencia del resto; en su caso: alegría de vivir. No siempre lo ha tenido fácil; su discapacidad visual y su albinismo, combinado con gente de mal corazón, llegaron a convertirse en un cóctel de sabor amargo en más de una ocasión. Por fortuna, su fuego interno, valiente y generoso, pudo —puede— con todo.

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