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QUINTO ANIVERSARIO

El rastro de Cayetana de Alba a través de sus hijos: implacable, fría y legendaria

Cayetano Martínez de Irujo ha sido siempre el más duro con su familia. En su último libro describe a su madre como una "emperatriz en casa" muy fría con sus hijos

Foto: Funeral de la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart. (EFE)
Funeral de la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart. (EFE)

Hace cinco años de la muerte de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, una muerte que dejó a todos sus hijos hundidos, en especial a los tres pequeños: Fernando, Cayetano y Eugenia. Adoraban a su madre a pesar de sus defectos que, según Cayetano, eran bastantes. En el libro en el que expía sus demonios, 'De Cayetana a Cayetano' (La Esfera, 2019), el conde de Salvatierra no salva ni a la duquesa. Hace ya tiempo que la definió como “una emperatriz en casa”, frase que retomó en su biografía para ir más allá. Era, cuenta su hijo, una mujer “simpática y superhumana con la gente”, pero no con sus hijos, con ellos era “implacable”.

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“Llegábamos a decirle buenos días y no nos podíamos ni sentar en la silla que tenía en su cuarto. Nos saludaba cariñosa, pero lo único que hacía era dar las instrucciones del día: ese día nos tocaba tenis, natación, no sé qué, ¡además del colegio! ¡Todo era una instrucción! […] Mi madre fue un diez en muchas cosas, pero fue hija única, no tuvo referencias y no ha sabido gestionar la familia como tal. De ahí ha venido el problema de desunión que hay”.

Cayetano Martínez de Irujo abraza a su hijo, Luis, en el funeral de la duquesa de Alba. (Cordon Press)
Cayetano Martínez de Irujo abraza a su hijo, Luis, en el funeral de la duquesa de Alba. (Cordon Press)

La muerte del padre, Luis Martínez de Irujo, dejó a los pequeños con una profunda sensación de vacío. Fue uno de los peores momentos de sus vidas, según Cayetano, quien además sufrió por no poder despedirse de su padre, algo de lo que culpa a su madre: “Mi madre me pidió perdón muchos años después por no habernos dejado despedirnos de nuestro padre a Fernando y a mí. Eso fue un error gravísimo”. Y añade: “He tenido que hacer muchas terapias de todo tipo porque yo pensaba que mi padre me había abandonado. Me cuesta hablar de ello”.

Jesús Aguirre, la sombra

Fatal fue después la llegada a la familia de Jesús Aguirre, exjesuita, hombre culto y estricto, hijo único en una familia con tantos hijos. Lo contó Eugenia Martínez de Irujo, quien a diferencia de Cayetano nunca ha culpado a su madre, aunque sus palabras dejan entrever que la progenitora no logró rebajar las tensiones entre su marido y sus hijos.

“Cuando se casó con él fue pésimo para nosotros. Era muy culto, pero cero humano. Era muy malo. (...) Me dijo unas cosas con 11 años que aún las tengo guardadas. Me llamó a su despacho y dijo que si seguíamos viviendo en casa era gracias a él. Que si le pasaba algo a mi madre, que según él estaba enferma del corazón, cosa que era mentira, yo sería la culpable. Yo tenía 11 años. Lloré mucho”

La duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, tras su boda con Alfonso Diez Carabantes, su tercer marido. (EFE)
La duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, tras su boda con Alfonso Diez Carabantes, su tercer marido. (EFE)

La propia duquesa habló de lo sucedido y de las relaciones que tuvo con todos al morirse Martínez de Irujo. "Después de la muerte de Luis me aferré a mis hijos. Estuvieron espléndidos, sobre todo los mayores, que ya eran unos hombres. Y me volqué con Eugenia. Terminó durmiendo cada noche en mi cama solitaria, pero no me importaba. Si papá o Luis hubieran estado conmigo, seguro que los dos me habrían dicho que la estaba maleducando".

La ausencia del padre

Ante la ausencia de figura paterna, y con una madre perdida por la muerte de su esposo, Eugenia buscó a su padre en su hermano Cayetano, con quien solo se llevaba cinco años. “Estaba y estoy muy unida a Cayetano. Él cumplió un poco esa función. Incluso fue mi padrino de boda”, dijo a 'Vanity Fair' en 2011. La pequeña de la casa fue la gran alegría de la duquesa, la niña de sus ojos.

Con ella, cuenta Cayetano en sus memorias, fue con quien ejerció de madre. El resto de hermanos no ha querido hablar nunca en público de los errores de Cayetana y siempre la han alabado como persona, como duquesa y como madre. Una madre a quien solo veían a ratos, casi de lejos, porque era una aristócrata criada para mantener la Casa de Alba y no a sus hijos. De eso, de su educación y cuidado, coinciden todos los hermanos, se ocupaban las nannies.

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