El último sueño de Fernando Falcó en Segovia (y el resto de su legado)
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El último sueño de Fernando Falcó en Segovia (y el resto de su legado)

El marqués de Cubas tuvo una carrera profesional fértil, pero su verdadera pasión fue su mítica finca Valero, que vendió en 2019. Poco antes había adquirido una finca en Muñopedro

Foto: El último sueño de Fernando Falcó en Segovia (y el resto de su legado)
El último sueño de Fernando Falcó en Segovia (y el resto de su legado)

El currículo profesional de Fernando Falcó, marqués de Cubas, es casi tan extenso como su árbol genealógico. Fue presidente del RACE casi 30 años, director de la revista 'Autoclub', presidente del consejo de administración de la sociedad René Barbier, vicepresidente de Sogecable, consejero de FCC y Cementos Portland, también de Vivendi, un sinfín de cargos jalonan su experiencia empresarial y sin embargo, en la hora de su muerte, hablan de su bonhomía, de su vasta cultura de campo, de lo que hizo por el automovilismo en España (cuánto sabe de esto Carlos Sainz), de su caballerosidad. El legado de Falcó queda escrito en las páginas de algunas de las empresas más conocidas del país. Aunque en el plano personal, si hay algo que le hubiera gustado dejar a su único hijo, es Valero, su lugar en el mundo.

Como todo buen cristiano debe peregrinar una vez en su vida a Santiago, todo buen cazador guarda entre sus mitos la finca Valero. Parte de sus 4.350 hectáreas están situadas en el parque nacional de Monfragüe. El paisaje es idílico: entre alcornoques y madroñales, recorre la dehesa centenaria una nutrida representación del ciervo ibérico. Un paraje espectacular que Fernando Falcó quiso mantener hasta el último aliento, aunque no lo consiguió. En 2019 la finca cambió de propietario en lo que supuso una discretísima transacción entre millonarios y el final de una era para una de las fincas cinegéticas legendarias de España.

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La venta tuvo lugar en febrero de ese año. De un lado de la mesa, el marqués de Cubas. Del otro lado, el doctor ovetense Víctor Madera, uno de los cien hombres más ricos de España. Aunque no hay datos económicos sobre la operación (algunos lo sitúan en 20 millones, otros creen que no llega a la mitad), se supone que fue bastante ventajosa para el marqués, que en varias entrevistas ya reconoció que no era precisamente "un negocio" gestionar una finca así. Parte de ese dinero formará parte del caudal hereditario de su único hijo, Álvaro Falcó.

Su último capricho

"¿Recuerda la primera vez que abatió?", le preguntaron en una ocasión en el suplemento 'Fuera de Serie': "Fue algún conejo con 8 años en El Rincón, de mi hermano Carlos, marqués de Griñón, donde se llegaban a cobrar hasta 30.000 cada año, una plaga. El primer lance de caza mayor fue aquí [en Valero] con 12 años. He tirado toda mi vida, principalmente perdices. Toda la familia hemos sido muy cazadores y así se lo he transmitido a mi hijo Álvaro". La pasión cinegética no acabó con Valero, y el marqués aún tuvo tiempo de darse un último capricho ese año 2019.

Manolo Falcó, marqués de Castel-Moncayo, en el último adiós a su tío. (Cordon Press)
Manolo Falcó, marqués de Castel-Moncayo, en el último adiós a su tío. (Cordon Press)

El marqués de Cubas adquirió a principios del año pasado una finca de 11 hectáreas en el término municipal de Muñopedro (Segovia). Una parcela dentro de un coto de caza en el que se construyó una casita. Para dar continuidad al coto, el marqués de Cubas cedió todos sus derechos sobre la caza en la finca al titular del coto (una empresa) por un periodo de diez años.

No es la única propiedad que le deja a su hijo Álvaro. El marqués compartía también la propiedad de una finca en Navalmoral de la Mata con su hermano Carlos, fallecido a principios de este año. Cubas mantenía el 33% de esta finca. Aunque, sin Valero, la joya de la corona de su patrimonio inmobiliario es su casa de la calle Fortuny, un amplio piso de más de 200 metros cuadrados en uno de los barrios de más solera de Madrid, Almagro, que heredó hace años. Los pisos en esta zona cuentan con trastero, varias plazas de aparcamiento y unos precios de venta superiores al millón de euros.

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La actividad profesional del marqués de Cubas se había reducido mucho en los últimos años, como su presencia pública. Actualmente era consejero del Grupo Eguren. La familia de bodegueros riojanos le fichó en 2010 para orientarles en la profesionalización de la gestión de sus seis bodegas en las denominaciones de origen de La Rioja, Toro y Vinos de la Tierra. Además, seguía siendo socio de Fomento de Construcciones y Contratas, la empresa de Esther Koplowitz, su exmujer. Y también tenía intereses en la empresa que gestiona el hotel Le Meridien. El establecimiento cuenta con 230 habitaciones en pleno corazón de Barcelona, y entre sus socios aparecen las hermanas Marone Borbón o la propia Cayetana de Alba.

Pero, sobre todo, estos últimos años de su vida había centrado sus esfuerzos en la finca Valero. La propiedad, situada en el término municipal de Torrejón el Rubio (Cáceres), fue adquirida a comienzos del siglo XIX por Joaquín Fernández de Córdoba y Álvarez de las Asturias. Su hijo, y abuelo del fallecido marqués de Cubas, "fue el verdadero impulsor de Valero". "Era un gran cazador, estuvo en África y muchos países de Europa en una época en la que viajar no era tan sencillo". Lo contaba el propio Fernando Falcó en la citada entrevista concedida a 'Fuera de Serie', una de las pocas concesiones a los medios de comunicación que hizo tras la época de su divorcio de Marta Chávarri. En ella, el marqués posaba orgulloso en distintos rincones del dominio extremeño. Entonces, su principal intención era conservar el coto dentro de la familia.

Actualmente era consejero del Grupo Eguren. La familia riojana le fichó en 2010 para orientarles en la profesionalización de sus seis bodegas

El marqués la heredó de su hermana Rocío, marquesa de Berantevilla, que falleció trágicamente en 1990. Falcó llevaba años abierto a la venta de este precioso mastodonte que cuenta con más de 40 kilómetros de perímetro y que era muy complicado de sufragar. Entre los ilustres monteros que pasaron por esos pagos estaban algunos tan conocidos como el rey Juan Carlos, compañero de colegio de Fernando Falcó en Las Jarillas, la infanta Elena, empresarios como Juan Abelló, las hermanas Koplowitz y, en general, los mejores tiradores de España. "Un año dimos una montería para un grupo de finlandeses. Yo había convidado a Carlos Sainz, que además de un gran piloto es muy aficionado al arte venatorio. Cuando los finlandeses le vieron se abalanzaron sobre él para hacerse fotos porque le adoran desde que ganó el Rally de los Mil Lagos. Estaban entusiasmados", relataba Cubas.

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"No es un negocio, pero reporta otras satisfacciones. Tenemos un tipo de gestión muy especial, si estuviéramos más orientados a la economía, a lo mejor cubría gastos e incluso podría sacarle algo de dinero. Es lo que espero que el día de mañana haga mi hijo Álvaro, para que Valero siga en la familia. Es nuestro deber mantener la riqueza natural de estos parajes para generaciones futuras", explicaba el marqués en aquella charla. Al final no pudo ser, pero su legado va mucho más allá de unas tierras.

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