Huberto Botín d'Ornano: un Botín emprendedor que vendía croquetas
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Huberto Botín d'Ornano: un Botín emprendedor que vendía croquetas

El nieto del desaparecido banquero debutó en el mundo de la hostelería con un negocio que se prometía 'jugoso' pero que acabó echando el cierre

placeholder Foto: Paloma O'Shea, rodeada de sus nietos en el funeral de Emilio Botín. (EFE)
Paloma O'Shea, rodeada de sus nietos en el funeral de Emilio Botín. (EFE)

Cuando uno es miembro de dos familias de emprendedores exitosos, no es raro que surja la motivación de crear sus propios negocios. Es el caso de Huberto Botín d’Ornano. El joven de 22 años ya ha probado suerte en el emprendimiento con un curioso negocio: una croquetería.

Su padre es Emilio Botín O’Shea; por lo tanto, Huberto es nieto del desaparecido Emilio Botín Sanz de Sautuola García de los Ríos, flamante expresidente del Banco Santander. Su madre es la aristócrata Elisabeth d’Ornano, hija del conde Hubert d’Ornano, quien creó y dirige el imperio cosmético Sisley.

placeholder Emilio Botín O'Shea y Elisabeth d’Ornano, en el entierro de Emilio Botín. (EFE)
Emilio Botín O'Shea y Elisabeth d’Ornano, en el entierro de Emilio Botín. (EFE)

Elisabeth trabaja en Sisley como embajadora y ha fundado la ONG Elisabeth d’Ornano para el trastorno del déficit de atención e hiperactividad con el objetivo de mejorar la atención educativa y clínica a pacientes con este trastorno. Su padre, Emilio Botín O’Shea, es el actual presidente de la sociedad de valores Rentamarkets. Desde 1992 y hasta 1998 tuvo un peso importante en el Banco Santander como director general adjunto y responsable del Área de Riesgos. En 2005 abandonó el Consejo del banco, donde llevaba desde 1989, y emprendió por su cuenta.

Foto: Ana Botín, en una imagen de archivo. (Cordon Press)

Huberto tiene tres hermanos Emilio, Daria y Luis. Pocos datos se conocen de los nietos del famoso banquero, salvo que Daria ha comenzado a trabajar en la empresa cosmética familiar, que Emilio es un gran aficionado al surf y Luis un destacado esquiador. Al igual que sus padres, todos los hermanos Botín d’Ornano son mecenas de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, afición que probablemente hayan heredado de su abuela Paloma O’Shea. Como contraprestación a esa aportación económica que realizan como mecenas, cada uno de ellos tiene una placa vitalicia con su nombre en una de las butacas de la sala de conciertos. Paloma O’Shea ejerce con acierto como presidenta de dicha escuela y la reina doña Sofía es la presidenta de honor.

placeholder Paloma O'Shea, con sus nietos. (EFE)
Paloma O'Shea, con sus nietos. (EFE)

Volviendo al joven Huberto, quien por cierto se llama así en honor a su abuelo materno, la croquetería con la que probó suerte en el emprendimiento, Mi Croqueta, estaba situada en la céntrica calle Príncipe de Madrid. Ocupaba un local de tan solo 50 metros cuadrados, por el que, debido a su excelente ubicación, se calcula que pagaba cerca de 8.000 euros al mes. A principios de junio del año pasado, y tras una reforma íntegra del espacio, abría con ilusión el local en el que se podían degustar “las auténticas croquetas españolas”, según desvelaba el eslogan.

Ilusión truncada

Mi Croqueta estaba orientada al público turista, pero lamentablemente estuvo poco tiempo abierta al público. En sus redes sociales anunciaban cierre temporal por problemas con el cocinero, pero Vanitatis ha podido saber por una fuente cercana a Botín que también tuvieron un desagradable problema de roedores. Todo ello dio al traste con la ilusión del joven Botín, quien planeaba incluso expandir el negocio a otras ciudades españolas y al extranjero.

placeholder Imagen de Mi Croqueta. (RRSS)
Imagen de Mi Croqueta. (RRSS)

En la aventura de Mi Croqueta, Huberto Botín no estaba solo. Contaba con dos socios, un amigo suyo español y con Charles Hubert Constantin Le Vaillant de Chaudenay, quien es presidente del Consejo de Privalia. La sociedad bajo la que se inscribió Mi Croqueta es Mi Croqueta Internacional, y se efectuó en el Registro Mercantil a principios del año pasado con un capital social de 110.000 euros. A pesar de que la sociedad continúa activa y que ha habido ciertos movimientos de cargos en los últimos meses, Vanitatis ha podido confirmar que el local no va a reabrir y que se encuentra cerrado permanentemente. Una aventura empresarial que, aunque no ha terminado en éxito, seguro que ha servido al joven para conocer los entresijos que esconde un negocio de hostelería.

Tras estudiar en el prestigioso American School de Madrid, Huberto tuvo claro que su vocación era la hostelería. Para ello se matriculó en una de las mejores escuelas de este tipo que existen en nuestro país, Les Roches International School of Hotel Management, situada en Marbella. Tras realizar prácticas en Thalassa Taller del Vino, situado en la localidad malagueña de Ronda, el joven se lanzó a emprender la aventura de Mi Croqueta. Actualmente, según ha podido saber este medio, Huberto se encuentra barajando distintas opciones de trabajo aunque esta vez por cuenta ajena.

Emilio Botín