Carmen Posadas siempre sintió una fascinación por el naufragio del Titanic. Ahora ha utilizado el barco como base para su última novela de intriga, ‘El misterioso caso del impostor del Titanic’. En ella actualiza la figura de Emilia Pardo Bazán, de la que dice que representa el feminismo en un siglo donde la libertad sexual solo estaba bien vista para el género masculino.
Reconoce que le costó tiempo para que la reconocieran como escritorasolvente por el hecho de tener un buen físico y ser hija de diplomático. Ya no practica el ser políticamente correcta y no tiene problemas para describir el mundo político.
La primera cuando se estrenó, la segunda cuando tuve la idea de escribir el libro y una tercera con mi nieto, que fue quien me ayudó con la documentación. Jaime es un genio en Internet. Como se ha escrito tanto,necesitaba datos diferentes que no fueran tan públicos y que fueran fidedignos. No quería que fuera una novela más sobre el Titanic. Buscaba y cuando encontraba algo que no era conocido lo recuperaba. El juez Marchena fue el que me puso en la pista de la historia.
¿Al tener tanta información, qué fue lo que más te impactó?
Es el germen de la novela de cómo los ricos compraban cadáveres. Si no aparecía el cuerpo del pariente, creaba muchos problemas de tipo legal. No podían heredar, la viuda no podía casarse y la fecha para declarar a una persona muerta eran veinte años. En el barco había diez españoles y sobrevivieron siete. Dos eran de primera clase y nunca aparecieron. A partir de ahí creo la trama con ese personaje falso.
La historia del hundimiento refleja las desigualdades sociales. Los ricos se salvan, los pobres mueren.
Así es, murieron más personas de segunda y tercera clase que de primera. Hubo una orden para que no hubiera posibilidad de que esa gente subiera a cubierta hasta que los clientes ricos no estuvieran a salvo. Esa tragedia marca también el final de una época.
¿Por qué hay tanta fascinación por este naufragio?
Representa todas las pasiones humanas, como vimos en la película. Un hombre que se disfraza de mujer y roba un bebé para subir a un bote y se salva; los que confían en que no se hundirá y mantienen la calma; el héroe que ayuda; la orquesta que sigue tocando, etc. Por eso digo que esos perfiles tan diferentes resultan muy atractivos en la gran tragedia que fue el hundimiento.
Tienes historias personales singulares. Cuentas que tu familia tenía relación con una de las personas que navegaban en el barco.
Iban tres uruguayos en primera clase. Dos primos que se llamaban Carrau y un tercero de apellido Artagabeitia, que era muy amigo de mi bisabuelo. Este señor ya había naufragado anteriormente y como pensaba que el Titanic era insumergible se quedó tomando un whisky en la biblioteca y no sobrevivió. Y esta historia formaba parte de las anécdotas familiares.
El barco era una especie de Arca de Noe, me refiero al tema de seguridad. La prepotencia fue el principio del fin. Y es un defecto que estamos viendo continuamente en personajes públicos.
La prepotencia y la arrogancia anulan la inteligencia. Creo que son defectos peores que la envidia, que incluso con el componente malo puede hacer crecer a la persona. Los otros dos no se paran en nada, arrasa con todo lo que tiene alrededor.
Otra vez una historia policiaca y de intriga. Comenzaste con ‘Pequeñas infamias’, donde había un ajuste de cuentas. ¿Aquí también?
¿Dices de esos que mato y me quedo como nueva? No, los hay en la novela. Debo estar en una época muy seria de mi vida. Y la intriga da posibilidades de hacer un retrato psicológico de los personajes.
Carmen Posadas. (Foto: Noelia Jiménez)
En esta novela reivindicas a Emilia Pardo Bazán. Habrá gente que no sepa quién es, la creadora de un detective en 'La gota de Sangre'.
Es la primera mujer en España que escribe novela policiaca y una de las pioneras de este género. Agatha Christie publica diez años más tarde. Me encanta el personaje porque además era fea y ligaba todo lo que quería por su personalidad y su inteligencia.
La cultura general se está perdiendo con Google.
Eso espero, que la busquen y la descubran. Está a la altura de Galdós y en ocasiones superior. Era muy osada, perspicaz, muy libre a la hora de escribir y lo mismo en el tema sexual. Tenía novios mucho más jóvenes y muy guapos.
¿Serías una buena detective o una buena espía?
No creo porque soy muy despistada. Lo que sí tengo es una capacidad importante de observación. Veo una cara y no se me olvida.
¿Es verdad que a tu hermana la quisieron fichar?
Sí, mi hermana Rosa hablaba muy bien ruso y recibió una oferta. Estaba encantada, porque le parecía muy glamuroso. Sin embargo, cuando le explicaron en qué iba a consistir su misión, que era estar sentada durante doce horas delante de una mesa donde había una radio que emitía Radio Moscú, declinó la petición.
¿Escribirías un libro de memorias? Tendrías mucho que contar y esclarecer.
Ya escribí un libro de recuerdos y anécdotas sobre mi infancia y adolescencia. Pero para escribir memorias es seguro que haces daño a alguien.
La actualidad, con las grabaciones públicas en las que se escucha a Bárbara Rey y al monarca jubilado, te habrá recordado a las que te hicieron a ti desde el CESID, espiando a todos.
Teníamos el teléfono pinchado. Nos alertaron de lo que teníamos que hacer para que no nos escucharan. No existían los teléfonos móviles y nos decían que tuviéramos cuidado con las conversaciones que manteníamos. No había nada que esconder, pero como todo podía ser utilizado en nuestra contra, me entraba la paranoia. Por otro lado, los dossieres eran lo habitual para presionar a empresarios, políticos, personas con poder. Lo que más miedo me daba era cómo lo iban a procesar mis hijas, que iban al colegio, y qué les dirían. Tuve la suerte de que no pasó.
Carmen Posadas. (Foto: Carolina Roca)
Mariano Rubio, tu marido, sufrió esa presión. ¿No te interesa reivindicar su figura?.
Lo he pensado muchas veces. Y de alguna manera creo que tengo una deuda con él. Tengo la satisfacción de ver cómo su nombre se va reivindicando cada vez más desde diversos ámbitos, como el de la banca o la sociedad civil. Fue tan monstruoso y brutal que taparon todo lo bueno que hizo y, al final, el tiempo coloca cada cosa en su sitio.
¿De verdad piensas que Alexa nos espía?
No lo tengo claro, pero hay gente que me comenta que hablan de un tema intrascendente, como es que se les ha roto el tostador, y tiempo después le llega publicidad de tostadoras. Creo que estamos vendiendo nuestra alma al diablo con WhatsApp, con las cookies... No podemos vivir de espaldas, pero vete a saber qué se hace con esa información más adelante. Se puede hacer un perfil perfecto de nosotros.
Carmen Posadas siempre sintió una fascinación por el naufragio del Titanic. Ahora ha utilizado el barco como base para su última novela de intriga, ‘El misterioso caso del impostor del Titanic’. En ella actualiza la figura de Emilia Pardo Bazán, de la que dice que representa el feminismo en un siglo donde la libertad sexual solo estaba bien vista para el género masculino.