El ‘culé’ que se casó con una alemana a la que apenas entendía
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MUERE MANOLO ESCOBAR A LOS 82 AÑOS

El ‘culé’ que se casó con una alemana a la que apenas entendía

“El día que deje de actuar será porque estaré en el cielo, pero por ahora no tengo intención de suprimir ninguna gala aquí en la tierra. Hay ‘carro’ para rato”

Foto: Manolo Escobar y su hija Vanessa en el programa '¡Qué tiempo tan feliz!'
Manolo Escobar y su hija Vanessa en el programa '¡Qué tiempo tan feliz!'

“El día que deje de actuar será porque estaré en el cielo, pero por ahora no tengo intención de suprimir ninguna gala aquí en la tierra. Hay carro para rato”. Esta fue una de las últimas declaraciones públicas de Manolo Escobar antes de morir este jueves en Benidorm. La realizó al poco de salir de una de sus sesiones de quimioterapia, que le dejaban fuera de juego durante un par de días. Después volvía a la carga, a sus galas y a sus ensayos para esas actuaciones en directo que montaba con precisión de relojero suizo. Si el trabajo era al aire libre, se informaba del tiempo y hasta de “la humedad relativa del aire que, aunque parezca una tontería, afecta a la voz y por supuesto a la ropa, que se arruga con más facilidad”, nos decía.

Perfeccionista hasta límites insospechados, no tenía sin embargo las manías de Julio Iglesias, al que no se le puede hablar antes de sus actuaciones, y recibía a quien fuera en el camerino del teatro o de la plaza de toros de turno. Si era verano, lo normal es que estuvieran junto a él Anita, su mujer, y Vanesa, su hija y la niña de sus ojos, que se licenció como periodista y le hizo una de las mejores entrevistas que se le han hecho nunca. Las razones de que no se publicara aquella charla de profesional de la música a profesional de la palabra tuvo que ver con el hecho de que nunca ejerciera de hija de famoso. Ofreció el reportaje a una revista y no lo quisieron porque no había fotos conjuntas. Una vez, incluso, Escobar llegó a decirme, algo molesto, que no entendía “esa manía de la niña de esconder sus orígenes”.

En aquel momento, yo compartía redacción con ella y, por lo tanto, tenía la suficiente capacidad para explicarle a Manolo que su actitud nada tenía que ver con renegar de padre famoso, que lo que ella quería -porque era una excelente periodista y compañera- era encontrar su sitio, como le sucede a todos los jóvenes con familiares que han triunfado. “Me dejas más tranquilo”, comentaba en el salón de su casa, al tiempo que reconocía que “una de los temas que más le emocionaba interpretar era Madrecita María del Carmen”, pasodoble compuesto por su hermano José María y dedicado a la madre de ambos. Aunque, cuando salía al extranjero, su canción predilecta era el Viva España. En ocasiones, sobre todo cuando actuaba en Sudamérica, le pedían El emigrante y Soy Minero. “Al explicar que eran temas de Juanito Valderrama y de Antonio Molina y que no formaban parte de mi repertorio les daba igual y seguían insistiendo. El Porompompero zanjaba siempre la cuestión”, bromeaba.

Manolo Escobar era un hombre de buen talante, agradecido a la vida por lo que ésta le había dado. Disfrutaba de sus hobbies, como la pintura (de hecho tenía una colección de arte de incalculable valor), y se emocionaba cuando encontraba una tela que le gustaba. Una de las veces que realmente se alteró fue cuando entraron a robar en su casa de Benidorm mientras dormía toda la familia. “El dinero es lo de menos. Lo peor es el ultraje a la intimidad y que me han robado la insignia de oro y brillantes de mi Barça del alma”. Él se ha ido, pero su carro seguirá sonando y siempre en nuestra memoria habrá un sitio para el gran Escobar.

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