Luis Valls Taberner, el asesor inmobiliario que sueña con hacer películas
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Luis Valls Taberner, el asesor inmobiliario que sueña con hacer películas

Pasión. Su hay una palabra que defina a Luis Valls Taberner, empresario inmobiliario que ahora empieza a desarrollar su actividad en Miami, es justo esa

Pasión. Su hay una palabra que defina a Luis Valls Taberner, empresario inmobiliario que ahora empieza a desarrollar su actividad en Miami y sin embargo proveniente de una familia de personas relacionadas con el mundo bancario (su padre fue presidente del Banco Popular), sería esa. Es curioso ver cómo le brilla la mirada a este niño grande, que coincidió en un Torneo Social del Real Madrid con Iker Casillas y que parece saber muy bien hacia donde se dirige cuando habla de su trabajo, al asegurar que “el medio inmobiliario, como el editorial, es una expresión de los sueños de las personas” y cuando deja ver que ‘mear fuera del tiesto’ supone una hazaña mayor en algunas familias. Hermano de la famosa Cristina, ha hecho su propio camino, apartándose del que tenía marcado, dedicándose al negocio inmobiliario, escribiendo un libro sobre su correspondencia con el mismísimo Mario Conde y ejerciendo de ‘mecenas’ de escritores noveles. Elecciones imprevistas para alguien del que se esperaba que se dedicase a los negocios en un reducto de cuatro paredes; alguien del que se esperaban grandes puestos en el mundo bancario y que sin embargo no para de citar películas como La Misión o de hablar del los procedimientos que se siguen a la hora de escribir.

“Empecé vendiendo pisos para una multinacional americana, donde no te regalan nada, en un sector que no tenía nada que ver con el de mi familia. No me pueden acusar de no buscar mi autonomía. He iniciado mi camino inmobiliario porque es en el que me he formado y también me interesa el mundo editorial porque sin estar dentro de mis planes, es algo que me ha interesado mucho”, asegura a Vanitatis en mitad de un día lluvioso al lado del Parque del Retiro, un lugar significativo para él, ya que cerca de allí ha vendido varios pisos reformados.

placeholder Valls Taberner, retratado por Carmen Hache

Primera cuestión y fundamental: ¿cómo llega un chico de veintipocos años a cartearse con Mario Conde? Querido Mario, Querido Luis nace de la desorientación vital de un joven, él, que encontró en el exbanquero a alguien que podía guiarle en ciertos aspectos de la vida que él no conocía. “Mario Conde es inteligente y tiene una experiencia que vale por tres: de la vida, del éxito, del fracaso, de la cárcel… Merecía la pena compartirlo. Muestra la versión más humana de Mario Conde”, asegura. El libro, por el que ha recibido numerosas felicitaciones, es solo el culmen de un largo camino relacionado con las editoriales. En 2006 publicó una biografía junto a su primo como editor, a través de Libros Libres. Después, participó en Séneca, una editorial dedicada a apoyar a jóvenes escritores. Nadie pensaría en él como mecenas literario a priori, pero esa actividad es la que más le reconforta porque “más que dinero, me da muchas satisfacciones personales”.

“No sé si tengo talento para escribir ficción. Quiero formarme y dedicar mi tiempo libre a esto. Son horas extra y tiempo de ocio, pero no me importa”, asegura. Sin embargo, también es la trayectoria inmobiliaria aquella en la que ha encontrado a su verdadero ‘yo’ lejos de su apellido. Y eso sí, con su tío Luis, ya fallecido, como inspiración. “Una empresa que solo gana dinero es una empresa muy pobre, como dijo Ford. Hoy tenemos a muchos magnates que se han convertido en mangantes. Mi tío estaba dispuesto a renunciar a todo por sus convicciones. Hoy el primero que gana dinero es el ‘killer’, el liquidador, y los de abajo van a la calle. Mi tío creía de verdad en algo que pronuncian muchos con hipocresía: que si la sociedad te da mucho, tienes que devolverle parte de lo que te ha dado”.

Su tío es figura canónica en la vida del niño que fue; un niño que, en mitad de números, cuentas bancarias y empresarios, quiso ser él mismo y tuvo que conectar con una generación muy por encima de la suya. “Yo tengo un padre que tiene 83 años y que podría ser mi abuelo. Eso me ha hecho aprender a dialogar y a empatizar con personas dos generaciones más mayores que la mía”, asegura.

Valls Taberner, retratado por Carmen HacheAdemás, Valls Taberner se encarga de echar por tierra cualquier mínima sospecha de ‘niño mimado’. Si las etiquetas no le suelen gustar, esa es la que menos le agrada de todas. “No trabajo en la empresa familiar ni he pedido jamás un crédito a un Banco Popular. Tampoco he vendido jamás un piso a un amigo de mi familia. Soy una persona independiente de mi familia. Mi camino me lo he hecho yo piso a piso”. Piso a piso e individuo a individuo, porque en su camino se han cruzado diferentes personas a las que les está muy agradecido. “Tuve la enorme suerte de conocer a John Gómez Hall, que fue el promotor de las Torres Kio y tiene más de 50 años de experiencia en este sector. Me dio la oportunidad de empezar a trabajar con él”. También recuerda con afecto a Eugenia Rico, “una de las mejores personas que he conocido en el mundo de las letras”.

Así es como ha podido asesorar a fondos de inversores para comprar en España, ha prevendido la Torre de Madrid (ilusionante proyecto con el que comenzó su actividad inmobiliaria) y montó su propia empresa Eleveté. Sin embargo, este hombre joven, de mirada algo tímida, que ni siquiera está seguro de ser lo suficientemente importante como para ser motivo de una entrevista, sueña con empresas mayores. “Hay que dar un paso más allá de lo escrito y me gustaría entrar de lleno en el mundo audiovisual”, asegura. Seguro que en ese mundo, con pocos voluntarios que se atrevan a producir, acoge encantada la propuesta de este joven elegante e inquieto que sueña y emprende como mejor sabe: a su manera.

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