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Luján Argüelles, Celestina moderna: "La televisión no es imprescindible en mi vida"
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Luján Argüelles, Celestina moderna: "La televisión no es imprescindible en mi vida"

Al hablar de su primer libro, Cenicienta llevaba tacones de 15 cm, se muestra tan desenfadada, vehemente y auténtica como en la televisión

Foto: Luján argüelles, retratada por enrique villarino
Luján argüelles, retratada por enrique villarino

Luján Argüelles sabe lo que quiere; tanto, que al hablar de su primer libro, Cenicienta llevaba tacones de 15 cm (MR Ediciones), se muestra tan desenfadada, vehemente y auténtica como en la televisión, sin tener muy en cuenta si hay o no una cámara delante. Tal es así, que ni una sola de sus palabras parece meditada o fruto de una planificación previa. Bien sea para responder qué le parece que el público se interese por su vida privada o por su conocida faceta de presentadora de programas como ¿Quién quiere casarse con mi hijo? O Un príncipe para Laura. ¿Qué sería de ella si no fuese uno de los rostros catódicos más señeros del momento? Cuando Vanitatis le hace la pregunta, ella lo tiene muy claro: “Si no me tiene que pasar eso y tiene que ser otra cosa, lo será. Si de repente me tengo que ir a Namibia a vivir, me iré. La televisión es algo con lo que me divierto mucho pero no es imprescindible en mi vida”, asegura sin apenas pestañear.

Su estreno como escritora ha dado como fruto un libro en el que cuenta seis historias basadas en sus amigas, en cómo ven estas la búsqueda del príncipe azul en unos tiempos grises y en cómo viven sus relaciones con hombres que poco tienen que ver con los que salen en los cuentos. Ni Calisto ni Melibea hubiesen encontrado mejor guía que la de esta mujer rubia, de mirada azul fulminante y una aparente y agradable seguridad en sí misma. “Lo de Cenicienta del título viene porque la gran mayoría de mujeres, según creo yo, quieren encontrar un príncipe azul, pero la realidad es que la mujer de hoy en día ya no es una señora que espera a que llegue un señor y la salve. Somos mujeres montadas en tacones de 15 centímetros que vemos la vida desde arriba y que tenemos una hoja de ruta muy clara”. Sin embargo, reconoce un punto de ficción bastante importante en las páginas del libro. “Es todo realidad pero llevándolo al extremo. Por ejemplo, no tengo ninguna amiga ninfómana pero sí tengo una amiga que entiende la vida sexual de una manera diferente a la que lo entendemos los demás. Ella nos llama monjas y dice que ella es una ninfómana”, dice de forma vehemente, con ese desparpajo que la ha hecho famosa en televisión. (Vea el álbum)

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Escribir bajo una disciplina de doce horas diarias durante dos meses le ha servido para parir un libro que las editoriales le llevaban pidiendo tres años, pero la pequeña pantalla sigue siendo el marco en el que más se la reconoce; aquel en el que la ven millones de espectadores; televidentes que se interesan también por una vida privada de la que mucho se ha hablado en el último año y medio, a raíz de una agria separación. Ella, aunque crítica con el tema, entiende el interés. “Si la gente ve tus programas, también les gusta saber que estás feliz, que tienes un matrimonio o que no lo tienes… si tienes novio, si estás embarazada o no...porque les gusta compartir eso y porque tú eres un intruso que se mete en el salón de sus casas”. Eso sí, aclara que cuando se trata de curiosidad sobre aspectos más negativos de su vida, a la gente le gusta saber lo que ella les tenga que contar.

Portada de 'Cenicienta llevaba tacones de 15 cm' (MR Ediciones)Con una imagen televisiva tan marcada, pocos imaginan a esta celestina de largos tacones trabajando con información de la llamada ‘seria’, pero aún recuerda algunas de sus experiencias haciendo política en Onda Cero, lo cual certifica su ascendente y variada carrera profesional: “Lo que el espectador puede no saber es que, por ejemplo, el día que se cayó el helicóptero Cougar en Afganistán, la primera entrevista que concedió Bono fue a Onda Cero y ese día yo estaba sustituyendo a Carlos Herrera … Claro que me veo haciendo política o algo serio, pero no haciendo un informativo a lo Matías Prats porque ese es un camino que decidí no seguir”, dice. La seguridad con la que lo dice es la de una comunicadora indudable; incluso cuando medita sobre las redes sociales y el bajo ‘share’ que hizo Un príncipe para Laura en su estreno, algo que no parece preocuparle: “No te creas que las redes sociales son tan importantes en el mundo de la televisión. Yo hice un programa de televisión con el que fuimos Trending Topic y al día siguiente vimos un dato de ‘share’ que no funcionaba y a nadie le importaron esas redes sociales”. Presiones no tiene: “No ser el primero de la clase no tiene porqué darte miedo. A lo mejor el año que viene lo soy, o a lo mejor nunca. O a lo mejor sólo tengo que serlo en la clase de Pretecnología o de Matemáticas. Mi experiencia es que Mediaset es un grupo que las cosas se toman con tranquilidad. Nunca he sentido con ellos ni con mis programas esa presión de las audiencias”.

Con audiencia o sin ella, escribiendo un best seller o un libro de paso, a juzgar por su filosofía, es evidente que hay Luján Argüelles para rato. Todavía queda en ella algo de esa chica asturiana que hizo las maletas para viajar a Madrid y que escuchó de labios de José Luis Balbín un consejo que nunca olvidaría: “Me dijo: "Tienes que ser muy buena y aguantar". Y es verdad, porque hay muchos envites en esta profesión: momentos de desazón, intranquilidad, de tirar la toalla, de que te tratan fatal, de que les entregas un texto y te lo tiran, etc, etc…”.

Es evidente que ella ha aguantado, y que sabe perfectamente cuál es la cara B de una profesión dura como pocas. Viéndola actuar, presentar o implicarse en sus proyectos, está claro que si Perrault o Fernando de Rojas viviesen todavía, sus Cenicientas y sus Celestinas tendrían la cara y la personalidad de Luján Argüelles.

Luján Argüelles sabe lo que quiere; tanto, que al hablar de su primer libro, Cenicienta llevaba tacones de 15 cm (MR Ediciones), se muestra tan desenfadada, vehemente y auténtica como en la televisión, sin tener muy en cuenta si hay o no una cámara delante. Tal es así, que ni una sola de sus palabras parece meditada o fruto de una planificación previa. Bien sea para responder qué le parece que el público se interese por su vida privada o por su conocida faceta de presentadora de programas como ¿Quién quiere casarse con mi hijo? O Un príncipe para Laura. ¿Qué sería de ella si no fuese uno de los rostros catódicos más señeros del momento? Cuando Vanitatis le hace la pregunta, ella lo tiene muy claro: “Si no me tiene que pasar eso y tiene que ser otra cosa, lo será. Si de repente me tengo que ir a Namibia a vivir, me iré. La televisión es algo con lo que me divierto mucho pero no es imprescindible en mi vida”, asegura sin apenas pestañear.

Onda Cero Carlos Herrera Mediaset
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