Drogas, infidelidades... los fragmentos más polémicos del último libro de Jorge Javier
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'ÚLTIMO VERANO DE JUVENTUD'

Drogas, infidelidades... los fragmentos más polémicos del último libro de Jorge Javier

'Vanitatis' se ha leído el libro y rescata algunos de los párrafos más controvertidos, donde el presentador habla sin tapujos sobre sus coqueteos con las drogas, su hartazgo de 'Sálvame' o el día que fue infiel a su novio con otro chico

placeholder Foto: El presentador Jorge Javier Vázquez en la firma de libros de su primera novela (Gtres)
El presentador Jorge Javier Vázquez en la firma de libros de su primera novela (Gtres)

Jorge Javier Vázquez se lanzó en 2012 a una aventura editorial bajo el título 'La vida iba en serio' y cosechó buenas críticas y no malos resultados económicos. Esto le ha quitado el miedo a ampliar sus fronteras e ir más allá de los platós de Telecinco, apostando por otras empresas más discretas como una escuela de canto, la cual le ha generado no pocos quebraderos de cabeza, y también una apuesta desafortunada en el teatro. Ahora, el conductor de 'Sálvame' regresa a las librerías con su segunda novela, 'Último verano de juventud', donde “trata del amor y las sombras del éxito” con tintes autobiográficos que prometen no dejar indiferente a nadie. 'Vanitatis' se ha leído el libro y rescata de entre sus 316 páginas algunos de los párrafos más controvertidos, donde el presentador habla sin tapujos sobre sus coqueteos con las drogas, su hartazgo de 'Sálvame', su relación con su novio o el día que le fue infiel con otro chico.

Sus coqueteos con las drogas

“Aitor y yo salíamos mucho. De lunes a jueves nos poníamos ciegos a gin tonics; las pastillas -el premio gordo de la semana- las guardábamos para gozarlas a partir del viernes. Éramos muy estrictos a la hora de colocarnos: no queríamos que nuestra afición pasase factura a nuestros respectivos trabajos. Drogarse entre semana era propio de “pastilleros”, una definición que detestábamos porque nos remitía a gente colgada, a niñatos del extrarradio que bailaban como robots con la mandíbula desencajada. Aunque, para ser sinceros, en más de una ocasión acabamos como ellos”.

Cómo conoció a su novio

“Comenzaron así los cuatro meses más felices de mi vida. Sentía el amor como algo físico. No era solo ese nervio que te corre por el estómago cuando vas al encuentro de tu enamorado. Era también ese sentir escalofríos con una caricia. Sentirse dichoso cuando te dice algo bonito. Desear que no pase el tiempo cuando estás con él. Escucharle embobado cuando te habla de la música que le gusta, o de cine, o de libros. Enfurruñarte cuando menciona a un antiguo novio, a un antiguo ligue, una antigua aventura de una noche, porque no entiendes que pudiera existir alguien en su vida antes que tú”.

El día que fue infiel a su chico

“Dejó su mojito en la encimera e hizo los mismo con el mío. Se acercó, y ahora sí, comenzamos a besarnos. Unos besos urgentes, ansiosos. Le agarré del culo para atraerlo todavía más hacia mi cuerpo. Él hizo lo mismo. Le apoyé en una pared de la cocina y comencé a besarle la cara, la boca, las orejas, el cuello. Le quité la camiseta. Mordisqueé sus pezones. Gemía. Me quitó la camiseta. Le metí la mano por dentro del chándal. No llevaba calzoncillos”.

“¿Por qué no dejas a tu novio y empezamos tú y yo? Acabábamos de hacer el amor. Estábamos abrazados, recuperándonos. Con la respiración todavía entrecortada, Izan pronunció esa frase que me empujó a incorporarme y mirarle directamente a los ojos:

-¿Cómo dices?

-Que por qué no dejas a tu novio y lo intentamos tú y yo.

-Tengo veintiún años más que tú.

-Tengo veintiún años menos que tú. ¿Qué te piensas? ¿Que yo no me lo planteo? ¿Cuánto tiempo vamos a estar así? ¿Hasta que nos cansemos de follar?”.

El capítulo más duro de la infancia de su novio

“Igual fue ahí donde tropecé con lo nocivo y lo tóxico, lo peligroso y perjudicial que puede ser el mercurio. No sé, el caso es que en algún momento no muy claro mi cabeza se iluminó como una gran bombilla de faro: ¿mercurio igual a veneno? Cuando mi padre nos ponía en la pared uno al lado del otro, como en fila americana, ya llevaba rato gritando y discutiendo con mi madre, dando porrazos y amenazando con su correa. Mientras nos empujaba a la pared, mi pensamiento lo ocupaba el termómetro que había colgado en la terraza, sobre una plancha horrorosa de madera, con la forma de no recuerdo qué país. Cuando empezaba con los mamporros -que así es como le gustaba a él llamarlo, mamporros-, yo pensaba en la cantidad que tenía aquel tubito, me parecía poca”, narra en primera persona el novio de Jorge Javier.

La agria discusión con su madre

“Ya en el coche de producción que nos llevaba de vuelta a casa, la Mari y yo comenzamos a discutir.

- Que sea la última vez que vienes a un plató de televisión.

- Hijo, si es que se ponen muy pesados. Tú no sabes la cantidad de veces que me han llamado.

- ¡Y las que te llamarán! Es su deber. Llamar. Embaucar. Engatusar. ¿No entraste ya el lunes por teléfono en Sálvame para desearme felices vacaciones?”.

Su peor pesadilla: su familia en el teatro

“Te va a tocar hablar con ella. Este fin de semana aprovechas para hacerlo. Con ella y con tu madre. Me sentía como un niño malo a punto de llevarse una regañina de su familia. Sentirse así a los cuarenta y cuatro años es, aparte de ridículo, una putada. Dormí fatal, con pesadilla incluida. Soñé que llegaba el día del estreno de mi función y a las puertas del teatro habían instalado un photocall que estaba repleto de fotógrafos. Antes de posar, se me desabrochó el pantalón -tenía infinidad de botones por todos lados- y se me caía. A Juan Carlos le tocaba recomponerlo en cuestión de segundos”.

Su hartazgo de 'Sálvame'

“¡No puedo más! ¡Estoy harto de tener que lidiar con esta clase de invitados! Lo siento, pero no puedo más. En ese momento pensé que me estaba revolviendo contra ella, contra la concejala, aunque me equivocaba. Me estaba revolviendo contra mí mismo, contra su vida. Miré a María, y ella me apartó la mirada. Me agradecía que la defendiera, pero no a cualquier precio”.

Jorge Javier Vázquez Sálvame
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