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condenado a siete años de cárcel por estafa

Luisito, crónica del asalto a la jet set madrileña de un “encantador de serpientes”

Vanitatis reconstruye las relaciones del joven con la alta sociedad de Madrid, entre la que se infiltró antes de ser acusado de estafar a una pareja de ancianos en Mallorca

Foto: Luisito en los juzgados (EFE)
Luisito en los juzgados (EFE)

Lo llaman Luisito pero en su DNI figura el nombre de Luis Rodríguez Toubes. Analicemos al sujeto en cuestión en la fotografía que encabeza este artículo: un joven de 24 años recostado en el sofá de un restaurante de lujo, flanqueado por dos pasteles en dos platos como si de la María Antonieta de Sofía Coppola se tratase. Cubriendo sus ojos, unas gafas de Dior. En la mesa que ocupa, a su izquierda, podemos ver un bolso de mujer, un 'shopping bag' de Louis Vuitton que cuesta alrededor de 1.300 euros. A la derecha, una cartera de mano de Yves Saint Laurent valorada en unos 995 euros. En su muñeca izquierda, un espléndido reloj de Bulgari. Más allá de la parafernalia, su cara también es digna de estudio. En su expresión parece albergar un frívolo aire de desdén que haría lógica, puesta en su boca, aquella frase de “Que coman pasteles” que supuestamente pronunció la reina decapitada, reconvertida en icono del despilfarro adolescente.

Puede que Luisito aún no sea tan famoso como María Antonieta, pero su nombre ha aparecido en todos los medios de comunicación españoles en los últimos meses. La semana pasada, este antihéroe juvenil (tal y como muchos lo definen) era condenado a siete años de cárcel por estafar a un matrimonio del municipio mallorquín de Llucmajor, que le donó una cantidad de quince fincas por valor de 37'9 millones de euros. La Audiencia Provincial de Baleares celebraba este lunes una vista en la que la Fiscalía solicitaba medidas cautelares (prisión preventiva) ante el riesgo de fuga, y el acusado, un joven peinado impecablemente, impregnado de marcas de lujo desde su estirado tupé hasta sus llamativos zapatos de marca, se presentaba en los juzgados al lado de su abogado, Laureano Arquero.

Los que apostaban por un intento de fuga no sospechaban que acudiría, pero allí estaba el joven, siendo escrutado por todos y cada uno de los medios de comunicación que presenciaban su reaparición en esta vista cuya celebración fue reclamada por el mismísimo Ministerio Público ante el riesgo de que Luisito se esfumase y siguiese viviendo la vida padre en otro país. La expresión de desdén de la foto que encabeza el artículo se había convertido este lunes en el rostro de miedo de un jovencito ante un hecho que le va a cambiar la vida; un muchacho al que las clases altas de Madrid ya conocían muy bien.

Luisito acudiendo a los juzgados (EFE)
Luisito acudiendo a los juzgados (EFE)

Vanitatis se dispone a reconstruir el historial de Luis Rodríguez Toubes entre las clases boyantes de la capital y las anécdotas que nos encontramos oscilan entre lo divertido y lo escalofriante, lo banal y lo preocupante, lo frívolo y lo dramático. Algunas de las señoras contactadas ni siquiera quieren que aparezca su nombre, temerosas quizá de la vergüenza que puede suponer haberse dejado engatusar por un “crío de 24 años”. “Llevaba dos bolsos en cada mano y una vez lo vieron sacar un billete de 500 euros con el que pretendía pagar una cena. Todo lo que le rodeaba era ostentación con un punto de ridiculez algo infantil”. Fue esa misma ostentación la que le llevó a aparecer en un programa de La Sexta o en la revista 'Vanity Fair'. Todos aquellos que se cruzaban en su camino creían a pies juntillas que era de noble cuna, hijo de una de las mejores familias de Palma. Él se dedicaba a alimentar esa fama entre la 'jet set' madrileña. Recordada es, por muchas de sus acompañantes de fiesta y canapé, la anécdota de aquella tarde en la que entró en una tienda de Prada y se presentó a sí mismo como el “sobrino de Carmen Lomana”.

Nos ponemos en contacto con ella para confirmar el dislate. En efecto, así es. “Me llamaron de Prada y me dijeron que un sobrino mío estaba allí. Yo les dije que ningún sobrino mío tenía tanto poder adquisitivo como para ir a comprar a su tienda”. Sin embargo, la 'fashionista' había conocido a Luisito mucho antes, cuando él, osado como de costumbre, le mandó un mensaje vía Whatsapp. “Me decía que se llamaba Conrado Villalonga y que era amigo de mi amiga Susie Lindberg porque su madre había sido su compañera de estudios. Cuando conocí a la madre y le pregunté por ella me dijo: ¿Y quién es esa?”. Lomana, que lo tilda de “sinvergüenza mayor y fantasma”, asegura que no tardó en darse cuenta de sus poco honrosas pretensiones. “Me dijo que había estudiado en Eton y cuando le hablé en inglés no sabía una sola palabra. Además me pidió ser mi asistente y yo, viendo ya el panorama, me negué. Pese a que le calé pronto intenté presentarle gente de su edad y, claro, los que tienen los mismos años que él se quedaban horrorizados”, recuerda Lomana con un inevitable sentido del humor.

Otras de las señoras que le conocieron hasta nos proporcionan el nombre con el que lo apodaron cuando cundió la alarma “de estafa” entre ellas. “Ten cuidado con el Misifú" se convirtió para estas damas en una clave de protección en mitad de sus conversaciones y sus sesiones de cotilleo. Y es que las miras de Luisito no eran bajas. Vanitatis confirma que se llegó a poner en contacto con personalidades de la fauna madrileña “como la fotógrafa Sylvia Polakov”. Una señora no solo nos proporciona ese nombre, sino que añade las cantidades de dinero que este “embaucador y encantador de serpientes” se gastaba en ropa. “Unos 100.000 euros en una tarde”, asegura.

El joven, durante una entrevista en La Sexta
El joven, durante una entrevista en La Sexta

En una entrevista, él mismo llegó a decir que esa cantidad era seis veces mayor y hasta dio detalles de su vida de dispendio. “Me levanto todos los días a las dos, me abren las cortinas, me tomo un zumo… Almuerzo, luego me relajo un poco y después saco mi sombrilla japonesa y salgo a dar un paseo”, confesaba el joven millonario. Ahora, su imagen es bien distinta y se enfrenta a un serio problema de prisión. Acabamos este reportaje sobre Luisito con la anécdota de otra señora de la alta sociedad que, en plenas vacaciones, fue llamada por su asistenta. “Me dijo que quería entrar en casa y les dijo a las chicas que era mi amigo y lo había enviado yo. Por supuesto le advertí a la que me llamó que ni siquiera le abriese la puerta”. Ahora son las puertas de la cárcel las que más deben preocuparle a este joven que, igual que la reina vilipendiada y decapitada, puede acabar convirtiéndose en otro 'pequeño Nicolás', en otro emblema de la burla al sistema, en el inesperado héroe de una sociedad narcotizada por la frivolidad.

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