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La nueva Estefanía de Mónaco: las claves de su último retoque

La hermano del príncipe Alberto presentó en el bautizo de sus sobrinos un rostro totalmente distinto al que tenía hace unos meses. Parece que ha caído en la tentación del bisturí

Foto: La princesa Estefanía y su cambio de imagen en un fotomontaje realizado por 'Vanitatis'
La princesa Estefanía y su cambio de imagen en un fotomontaje realizado por 'Vanitatis'

Las imágenes de la princesa Estefanía de Mónaco en el bautizo de sus sobrinos, los mellizos Jacques y Gabriella, hicieron saltar las alarmas. ¿Qué le había ocurrido en la cara a la hija pequeña de Rainiero y Grace Kelly? De tener las arrugas, patas de gallo y bolsas propias de una mujer de 50 años, Estefanía ha pasado a tener un rostro más firme propio de una joven veinteañera. Para conocer un poco más que ha podido provocar la radical metamorfosis física de la princesa, Vanitatis se ha puesto en contacto con varios expertos en temas estéticos.

La princesa en una imagen de hace unos meses (Gtres)
La princesa en una imagen de hace unos meses (Gtres)

El mayor cambio que presenta el rostro de Estefanía es que ya no queda ninguna arruga de las muchas que lucía hace apenas unos meses. Según el prestigioso doctor Antonio Tapia, cirujano plástico de Bárbara Rey, Carmen Thyssen, Blanca Cuesta, Lola Herrera o Sara Montiel entre muchas otras, la princesa se ha tenido que someter a un lifting para lucir una piel tan firme. Además, el doctor añade: "Estefanía también debe haberse hecho una blefaroplastia en los párpados inferiores y superiores. Esta tratamiento, que suele costar entre 4.000 y 5.000 euros, elimina el exceso de piel o de grasa de los párpados, dando un aspecto de una mira más despierta y rejuvenecida", explica.

Por su parte, el doctor Montes, quien coincide con la opinión del doctor Tapia, cree que aparte del lifting y la blefaroplastia, la princesa Estefanía se somete regularmente a tratamientos estéticos tipo el bótox o el ácido hialurónico. "Las arrugas de la zona de la boca y las patas de gallo se las quita regularmente como inyecciones de vitaminas y toxinas. La verdad es que el cambio entre las dos imágenes es abismal", afirma el doctor.

La renovada imagen de Estefanía (CP)
La renovada imagen de Estefanía (CP)

Una más en el club

Letizia, Rania, y Charlène forman, entre otras, el selecto club de las mujeres operadas de la realeza. La primera en caer en la tentación del bisturí fue la reina de Jordania. Desde que Rania se convirtiera en el foco de atención de la prensa en 1993, cuando el rey Abdalá confirmó su relación, su rostro se ha convertido en objeto de deseo de varios cirujanos que han ido esculpiéndolo. A pesar de que desde los años 90 se ha sometido a varias intervenciones estéticas, no fue hasta hace unos años cuando sorprendió su rejuvenecimiento tras remodelar de nuevo sus facciones físicas, sobre todo la nariz y los labios.

Doña Letizia se estrenó en las operaciones estéticas en 2008 cuando se sometió a una rinoplastia "para solucionar problemas respiratorios", tal como comentó Zarzuela. Desde entonces, y a pesar de que son muchas las informaciones que se han dado sobre otras posibles intervenciones de la Reina, Casa Real y la propia Letizia lo han desmentido taxativamente. Lo que es innegable, y a las imágenes nos remitimos, es que la esposa de Don Felipe recurre regularmente a tratamientos estéticos como el bótox o la hidroxiapatita cálcica.

Doña Letizia antes de su intervención (Gtres)
Doña Letizia antes de su intervención (Gtres)

La esposa de Alberto de Mónaco también cayó en la tentación del bisturí. Con un pómulo muy marcado, Charlène se perfiló la nariz por recomendación de un cirujano. El mismo o no, lo cierto es que la princesa volvió a ponerse en manos de un especialista para dar forma a sus labios y dotarles de más volumen, al igual que hizo con sus pómulos y las patas de gallo, que se han difuminado.

Las más naturales

No todas las reinas y princesas tienen obsesión por su imagen. Aunque es cierto que tiene acceso a los mejores tratamientos de belleza, lo cierto es que el paso de los años no es algo contra lo que pretendan luchar de forma incesante. De hecho, el ejemplo más claro es la reina Máxima de Holanda, quien luce con orgullo su edad, algo que no quiere decir que se descuide, ya que desde que se convirtiera en princesa en 2002 ha perdido varios kilos y su figura se ha estilizado a base de ejercicio y una dieta controlada.

La princesa Mary, mujer del heredero de Dinamarca, es otro ejemplo de naturalidad. Lejos de gastarse dinero en tratamientos de belleza y operaciones estéticas, ella prefiere invertir los 240.000 euros que recibe del erario público en ropa. Más jóvenes que las anteriores, las hermanas Victoria y Magdalena de Suecia así como la duquesa de Cambridge todavía no han hecho uso del bisturí aunque sí de los ya archiconocidos cócteles de vitaminas. De hecho, Kate se ha convertido en un tiempo récord en todo un icono de estilo en el que menos es más en maquillaje y donde el pelo es, tal vez, su mejor carta de presentación.

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