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Marichalar acorralado: las claves del único divorcio 'real'

La revista 'Época' publicó en 2008 que el "consumo ocasional de cocaína" por parte de Marichalar había arruinado el matrimonio de la infanta Elena. Zarzuela guardó silencio

Foto:  Jaime de Marichalar. (Cordon Press)
Jaime de Marichalar. (Cordon Press)

El 13 de noviembre de 2007, el portavoz del Palacio de la Zarzuela pronunció las palabras "cese temporal de la convivencia" en referencia al matrimonio de la infanta Elena, que tenía entonces 44 años, y Jaime de Marichalar, un año más. Nunca un sinónimo de divorcio dio para tanta tertulia e incluso para bromear cotidianamente sobre estados civiles. Así se ponía fin a 12 años de amor. Dos años después, en noviembre de 2009, firmaban su divorcio definitivo. El consorte del patinete y los llamativos complementos era historia.

Este pasado miércoles, casi once años después de este anuncio, la revista 'Lecturas' afirma que la infanta Cristina (53) está decidida a pedir el divorcio a Iñaki Urdangarin, de 50 años de edad. Y otra revista de la misma casa editorial, 'Semana', da voz al abogado de la hija de don Juan Carlos, Miquel Roca, que niega la información.

Sin embargo, la hipotética separación de los exduques de Palma poco tendría que ver con la forma en la que se llevó a cabo el divorcio de Elena y Marichalar. Sobre todo porque el caso estuvo aderezado de un episodio sórdido íntimamente relacionado con la Casa Real que ha caído en el olvido del imaginario colectivo.

LEA AQUÍ: El kiosco rosa anuncia la separación de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

Portada de la revista 'Época'.
Portada de la revista 'Época'.

La revista 'Época' publicó el 26 de septiembre de 2008 que uno de los motivos que habían arruinado el matrimonio era el “consumo ocasional de cocaína” por parte de Marichalar. Eso habría alegado la Infanta en su demanda de separación. Esa demoledora frase apareció en portada y Jaime Marichalar emprendió acciones judiciales.

El Juzgado de lo Penal nº 13 de Madrid absolvió en primera instancia a los periodistas Carlos Dávila y Eugenia Hernández de un delito de injurias graves con publicidad. Era enero de 2014. El exyerno de don Juan Carlos recurrió en apelación ante la Audiencia Provincial y se dio de bruces contra una nueva sentencia absolutoria que no admite recurso.

Dice la sentencia que Eugenia Hernández recibió esa información de fuentes cercanas a la pareja, que llamó a Casa Real para contrastar su información sin obtener respuesta, consultó con otros allegados a la expareja, elaboró un dossier con informaciones ya publicadas al respecto y consultó el volumen 'Spain: Paradox of values/Contrasts of confusion' (Frank Arencibia, 2003).

Tanto ella como Carlos Dávila, director del semanario que elaboró la información en portada, creyeron en la información, señala la sentencia, y doña Elena no hizo ningún desmentido a título personal.

El silencio de Zarzuela

La Audiencia Provincial de Madrid reprodujo prácticamente todos los puntos absolutorios del Juzgado de lo Penal: ambos periodistas son reputados profesionales de la información; realizaron todas las comprobaciones que racionalmente se les puede exigir; el querellante es una persona de notorio interés y dimensión pública, y la información sobre su separación revestía no menos interés.

Marichalar y la infanta Elena en la comunión de su hija Victoria Federica, el 27 de mayo de 2009. (Getty)
Marichalar y la infanta Elena en la comunión de su hija Victoria Federica, el 27 de mayo de 2009. (Getty)

Además, señaló el tribunal que, pese a usar un “ardid periodístico” para llamar la atención en portada, la información era respetuosa y no revelaba nada que no hubiese sido objeto de noticias y rumores desde que el exduque de Lugo sufriera aquel ictus de diciembre de 2001.

LEA AQUÍ: Marichalar reconoce saber que la calle relacionaba su ictus con el consumo de cocaína

Las conexiones entre ictus y cocaína lamentablemente se sucedieron y Zarzuela nunca desmintió la información y Jaime Marichalar quedó como nunca en su vida: acorralado. Tal vez como ahora Iñaki. Eso sí, de boca de Jaime de Marichalar nunca saldrá una mala palabra sobre la familia a la que un día perteneció y a la que está eternamente vinculada por sus hijos.

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