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llegará al trono en mayo

El hermano de Naruhito y una demanda empañan su entronización

Unos 240 japoneses han demandado al Estado pues consideran que sufragar una ceremonia contraviene el principio constitucional de separación del Estado y la religión

Foto: Naruhito y Masako. (Reuters)
Naruhito y Masako. (Reuters)

Ha llegado la polémica a la entronización de Naruhito, que tendrá lugar el próximo 1 de mayo, justo un día después de la abdicación de su padre, Akihito, quien llevaba ya mucho tiempo queriendo dejar paso a su hijo, debido a su avanzada edad y a los problemas de salud que arrastra.

En las últimas semanas no paran de proliferar informaciones de cómo serán estos fastos, que estarán adaptados a las condiciones físicas del actual emperador y su mujer, la emperatriz consorte Michiko, pero también a las de su nuera, Masako, quien no está totalmente restablecida de la depresión que arrastra desde hace años y por eso ha confesado sentirse insegura ante el reto que está por llegar: "Me gustaría continuar esforzándome para mejorar mi salud y dedicarme a las funciones públicas tanto como pueda hacerlo".

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Akihito, en una sesión del Parlamento. (Reuters)
Akihito, en una sesión del Parlamento. (Reuters)

Como ya se ha hecho público, además de los días 30 de abril y 1 de mayo, en los que tendrá lugar de la sucesión de facto, las celebraciones más fastuosas, con la presencia de líderes internacionales, tendrán lugar en el mes de octubre. El día 22 habrá una ceremonia de entronización con 2.600 invitados, 800 menos de los que acudieron a la del actual emperador. Posteriormente se celebrarán cuatro recepciones, ese mismo día 22, el 25, 29 y 31 de octubre, en las que los protagonistas absolutos serán Naruhito y Masako.

Sin embargo, la familia imperial japonesa ha visto empañados los preparativos para tan magna ocasión porque unos 240 ciudadanos japoneses, entre los que se incluyen miembros de distintos grupos cristianos y budistas, pusieron una demanda contra el Gobierno el pasado 10 de diciembre contra su plan de utilizar dinero del contribuyente para las ceremonias que marcarán el año la entronización del emperador.

Otras demandas

El argumento de la demanda, que se ha interpuesto ante el Tribunal del Distrito de Tokio, es que utilizar dinero del presupuesto estatal viola la separación constitucional entre religión y Estado. Se cree que en principio esta es la única demanda de este tipo que se ha presentado, aunque no se descartan más en los próximos meses. En circunstancias similares, en la llegada al trono de su padre, en 1990, se gastaron alrededor de 12,3 billones de yenes, unos cien millones de euros al cambio actual, pero en esta ocasión las celebraciones serán algo más modestas. Un detalle relevante es que los nuevos emperadores recorrerán el centro de la capital en un descapotable de fabricación japonesa, en lugar del Rolls-Royce que emplearon sus predecesores en el trono. La posibilidad de reutilizarlo se descartó cuando se presupuestó en casi 140.000 euros su restauración.

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No podemos pasar por alto que el origen de esta polémica está en el seno de la propia familia imperial, pues fue el príncipe Akishino, el hermano mayor del futuro emperador, quien mostró en público sus dudas sobre si el Estado debería sufragar los gastos de los rituales religiosos de la entronización de Naruhito. En concreto hacía referencia al rito Dalijoai, que se celebrará en el mes de noviembre y que, según él, "es de naturaleza religiosa". Y añadió: "Me pregunto si es apropiado financiar con fondos públicos este acto altamente religioso".

Akishino, con su mujer, Kiko. (Reuters)
Akishino, con su mujer, Kiko. (Reuters)

No es la primera vez que Akishino cuestiona este asunto, pues ya lo hizo en la entronización de su padre y, además, subrayó que lo ha planteado en diversas ocasiones a la Agencia de la Casa Imperial, la organización que gestiona los asuntos de la familia, pero sus pretensiones no han sido escuchadas.

Un ritual 'secreto'

No se sabe con precisión en qué consiste exactamente este ritual, en el que solo está presente el emperador y en el que supuestamente ofrece arroz nuevo a sus ancestros y a los dioses del Cielo y la Tierra, a los que reza para pedir la bonanza de su pueblo y por la paz. Se trata también de una ceremonia que enfatiza la naturaleza divina de los monarcas, que contrasta con la visión que tienen de ellos los demandantes, quienes, además, alegan daños psicológicos.

La pretensión de la demanda es, en efecto, conseguir que finalmente no se destinen fondos públicos para esta ceremonia, pero también se intenta ir más allá, cuestionar la relación entre el emperador y su pueblo. No se trata de algo nuevo, porque hubo otras demandas de este tipo contra el Gobierno cuando llegó la entronización de Akihito, trás la muerte del emperador Hirohito en 1989. Aunque las 1.700 demandas fueron desestimadas, una instancia judicial superior manifestó que no se podía negar que existían ciertas dudas sobre si algunas ceremonias violan el principio de separación entre religión y Estado.

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