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Meghan Markle no es Diana, al menos en lo que a 'acoso' mediático se refiere

Aunque la memoria del ser humano en muchas ocasiones es selectiva, por lo que está pasando ahora Meghan no se diferencia de lo que en su día le tocó padecer a Kate

Foto: Meghan Markle en una foto reciente de archivo. (Getty)
Meghan Markle en una foto reciente de archivo. (Getty)

“La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?”. Quizá no sea lo más purista citar al gran Rubén Darío para hablar de Meghan Markle. Entre otras cosas, porque a pesar de estar casada con el príncipe Harry, ella es solo duquesa de Sussex. De lo que no hay duda es que la otrora actriz no está demasiado feliz, protagonizando cada día los tabloides con noticias que no la dejan especialmente en buen lugar.

Uno de los últimos episodios lo ha provocado, de nuevo, su progenitor, Thomas Markle, responsable de gran parte de sus quebraderos de cabeza, quien ha revelado al 'Daily Mail' el contenido de una carta manuscrita que su hija le escribió pocos días después de su boda. El exdirector de iluminación de Hollywood asegura que no tenía pensado hacerla pública, pero que se ha visto obligado tras el reportaje de la revista americana 'People' con entrevistas en profundidad a cinco amigas defendiendo a la que fue intérprete de la serie 'Suits'.

Meghan Markle posa en una foto de archivo. (Getty)
Meghan Markle posa en una foto de archivo. (Getty)

El último que se ha sumado a la batalla ha sido George Clooney -gran amigo, por cierto, de la real pareja-, quien ha comparado el supuesto linchamiento que sufre la norteamericana con el que en su día padeció Lady Di. “Es una mujer embarazada de siete meses que está siendo perseguida y vilipendiada. La historia se repite”, matiza. Pero Meghan no es Diana. Y aunque la memoria del ser humano en muchas ocasiones es selectiva, por lo que está pasando ahora no se diferencia de lo que en su día le tocó padecer a Kate.

Tras su boda con el príncipe Guillermo, los tabloides llegaron, entre otras cosas, a divorciar en infinidad de ocasiones a sus progenitores, Michael y Carole, de los que analizaron hasta el mínimo detalle de su negocio de material para fiestas. Concretamente, el ensañamiento contra su madre generó gran variedad de reportajes donde las palabras fría, calculadora y ambiciosa se repetían con bastante frecuencia a la hora de explicar cómo, supuestamente, había ideado un plan perfecto para que su hija estudiara en la misma universidad que el heredero al trono con la única finalidad de conquistarlo.

Tradicionalmente, la prensa siempre ha dado un año de tregua a las nuevas incorporaciones de la familia real. Se anuncia el compromiso y, al principio, todo es fantástico. Con Meghan, la boda además se ponderó como un símbolo de modernización de la Casa de Windsor.

Aquello dio para mucho: el hijo rebelde de Lady Di se casaba con una actriz -divorciada, mestiza y tres años mayor- en una ceremonia donde el protocolo de palacio se consagró con el show americano. Ese Michael Bruce Curry parafraseando a Martin Luther King en pleno sermón con la tablet en el atril será difícil de olvidar. Pero tras los doce meses de luna de miel, la realidad sacude con fuerza y comienza la siempre compleja relación con los tabloides. Indudablemente, Meghan vende. Sobre todo ahora que está a punto de convertirse en madre.

Harry y Meghan saludan el día de su boda. (Getty)
Harry y Meghan saludan el día de su boda. (Getty)

Pero el seguimiento queda muy lejos del acoso que sufrió Lady Di. Entre otras cosas, porque en 2012 la reglas de juego cambiaron con el informe sobre la regulación de la prensa británica realizado por el juez Brian Leveson. El magistrado estuvo al frente de la extensa investigación que se llevó a cabo a raíz del escándalo de las escuchas ilegales del dominical 'News of the World', de Rupert Murdoch, que se vio obligado a cerrar.

Sin contar con los actos públicos, las fotos que han salido publicadas de Meghan de actividades cotidianas han sido contadas. En los últimos meses, hay una de ellas donde se la ve asistiendo a yoga y otra en Notting Hill. Nada más. El personal de seguridad de la familia real es tan escrupuloso estos días con las imágenes no autorizadas que incluso hacen a los ciudadanos que borren cualquier fotografía que hayan podido realizar con sus teléfonos móviles.

“No se parece en nada a los viejos tiempos”, aseguraba recientemente al periódico 'The Daily Telegraph' el veterano fotógrafo Arthur Edwards, quien siguió prácticamente a diario a la princesa de Gales a lo largo de los años ochenta y noventa. Admite que en más de una ocasión se cruzó la línea, como cuando fotografió a una Diana muy embarazada en bikini, mientras estaba de vacaciones en la isla caribeña de Eleuthera en 1982.

“Esa fotografía causó mucha controversia. Y recuerdo que Diana me dijo después: ¿Cuánto dinero ganaste por eso, Arthur? Y yo respondí: Nada. Ella solo dijo: Pásame el kleenex. Por lo que incluso a ella no le molestó”, matiza desvelando hasta qué punto estaba acostumbrada. El paparazzi explica cómo continuamente se perseguía a la ex de Carlos en su día a día, saliendo y entrando del gimnasio, llevando a los niños al colegio… Incluso se llegaron a meter con ella en el mismo ascensor en una de las ocasiones que estuvo en el aeropuerto de Gatwick.

Lady Di seguida por los paparazzi. (Getty)
Lady Di seguida por los paparazzi. (Getty)

De los duques de Sussex no hay imágenes que se les parezca. Ni rastro de sus salidas nocturnas con amigos o sus vacaciones con los Clooney, en la casa que el actor tiene en el lago Como de Italia. Según el rotativo, tal es la falta de intrusión que nadie fuera del círculo íntimo de los Sussex ha descubierto aún el nombre de su labrador, por lo que ni se habla ya de poder sacar a la pareja paseando a su mascota.

Por otra parte, los fotógrafos aseguran que, en vez de cargar contra el mensajero, en esta ocasión, las noticias las generan “los propios Markle”, ya sean familiares o amigos. En este sentido, el veterano reportero especializado en temas reales Robert Jobson es uno de los muchos que cuestionan si los amigos de Meghan han hablado recientemente con 'People' -la revista más vendida en EEUU- sin el beneplácito de la duquesa. Así que lo sentimos mucho, señor Clooney, pero no, Meghan no es Diana.

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