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TRES DÍAS DE LUTO

Elena de Rumanía, funeral y cónclave de royals 37 años después de su muerte

Tía de la reina Sofía y madre de Miguel de Rumanía, vivía en el exilio en Suiza cuando falleció en 1982

Foto: El rey Miguel de Rumanía, con su madre, Elena. (Getty)
El rey Miguel de Rumanía, con su madre, Elena. (Getty)

En un país en el que la monarquía quedó abolida en 1947 se va a rendir honores durante tres días a Elena de Rumanía, lo que evidencia la importancia simbólica que siguen ostentando entre ciertos sectores de su país los miembros de esta familia. Son tres los días de luto que ha marcado en su agenda la Casa Real rumana para el 18, 19 y 20 de octubre, que van a tener, sobre todo en la segunda jornada, una gran cobertura mediática.

Treinta y dos años después de su muerte, sus restos mortales van a descansar por fin en su país de adopción, junto a su hijo, Miguel de Rumanía, quien era uno de los primos favoritos de la reina Sofía y cuyo funeral en 2017 se convirtió en todo un cónclave de royals, ya que asitieron 42 miembros de distintas casas reales.

Por este motivo, también se espera la concurrencia de grandes personalidades del Gotha, y hasta el último momento se ha estado especulando sobre si acudiría la Reina emérita, quien también está en la lista de invitados a la boda de Rafa Nadal, que tiene lugar a la misma hora a casi 3.000 kilómetros de distancia.

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Los actos en homenaje a la reina madre Elena de Rumanía comenzaban este viernes, con la llegada al aeropuerto de Otopeni de su féretro, que había sido enterrado en la localidad suiza de Lausana, donde falleció en noviembre de 1982 a los 86 años.

En las mismas instalaciones tenía lugar una ceremonia religiosa y militar presidida por la custodia de la corona rumana, su nieta Margarita de Rumanía, así como por una nutrida representación de las distintas instituciones del país, la Iglesia ortodoxa rumana y otras confesiones, y el cuerpo diplomático.

El féretro, transportado a Rumanía. (EFE)
El féretro, transportado a Rumanía. (EFE)

Posteriormente se realizó un cortejo fúnebre desde Otopeni hasta llegar a Curtea de Arges, dejando atrás una serie de poblaciones en las que un gran número de ciudadanos rendía tributo a la reina madre. Una vez depositado en la catedral, sus familiares se despedían de ella de nuevo en privado, antes de abrir las puertas del templo para que pudieran hacer lo mismo las personas que lo estimasen oportuno, y si deseaban llevarle flores, se les pidió que fueran blancas.

Este sábado, de nuevo se volverán a abrir las puertas entre las 10 y 12 de la mañana, hora prevista del funeral, que acabará con la rehumación de la reina madre, cuyos restos descansarán junto a los distintos reyes del país, desde Carlos I a Miguel I, su hijo.

Una vida marcada por el exilio

Cuando nació en Atenas en 1986, reinaba en Grecia su abuelo, Jorge I. Por vía materna, su abuelo era el káiser Federico III de Alemania y la princesa Victoria del Reino Unido. Un árbol genealógico que entronca con diversas casas reales europeas, que podrían hacer acto de presencia en el funeral que se realiza en su honor en un país donde su figura ha protagonizado trascendentales capítulos de su historia.

Los Reyes eméritos con el príncipe Carlos, en el funeral de Miguel de Rumanía en diciembre de 2017. (EFE)
Los Reyes eméritos con el príncipe Carlos, en el funeral de Miguel de Rumanía en diciembre de 2017. (EFE)

Su vida, todo un fresco de los vaivenes del siglo XX, estuvo marcada por el exilio, que conoció en 1910 y 1917, dos años antes de cruzarse en su camino con el que acabaría siendo su marido, Carlos de Rumanía, ya divorciado de Zizi Zambrino, madre de su primogénito, y con fama de gran conquistador, algo que acabaría abocando al fracaso a su matrimonio: se casaron en 1921 en la catedral de Atenas y siete años después estaban ya divorciados, tras un tumultuoso affaire del monarca y posterior boda con Magda Lupescu, por lo que renunció a sus derechos dinásticos en 1925 en favor del único hijo de la pareja, Miguel.

Su último adiós en Lausana. (EFE)
Su último adiós en Lausana. (EFE)

Regente entre 1927, cuando murió su suegro, el rey Fernando, y 1930, Elena de Rumanía vivió con estupor (se exilió en Alemania al año siguiente) como su exmarido, alentado por el Gobierno rumano, reclamaba el trono y volvió a ocuparlo hasta 1940, año en el que volvió a abdicar de nuevo en favor de su hijo Miguel, que esta vez sí sería coronado. Siete años más tarde, cuando se proclamó la república, se exiliaría por cuarta vez junto a su hijo.

Muy unida a su hermano Pablo, rey de Grecia y padre de la reina Sofía, lo que explica la gran vinculación que había entre ambas, falleció a los 86 años en Lausana, dejando detrás un gran legado humanitario pues durante la invasión nazi en Rumanía fue crucial para que sobrevivieran muchísimos judios, algo por lo que fue reconocida póstumamente como Justa entre las Naciones, un título que le otorgó Israel en 1993.

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