El viento suele jugarle malas pasadas a Máxima de Holanda. A pesar de su elegancia habitual con tocados y sombreros, el clima no siempre coopera. Por ejemplo, durante su visita a la sede de la fundación Taal aan Zee en 2024, su accesorio salió volando al saludar a las autoridades. Con un tocado distinto y más discreto, la esposa de Guillermo Alejandro volvió a sufrir un percance este jueves, esta vez aún más inesperado.
En este caso, Máxima de Holanda asistió al bautizo del nuevo buque de investigación del Real Instituto Neerlandés de Investigación Marina en Texel. La ceremonia tradicionalmente incluye estrellar una botella de champán contra la proa del barco, aunque esta vez, las cosas no salieron según lo previsto. La tradición, que simboliza buena suerte y éxito para la embarcación, suele ser un momento protocolario muy esperado por los invitados y autoridades presentes.
Máxima fue salpicada con champán. (Gtres)
A pesar de acercar el escenario al barco para evitar contratiempos, el fuerte viento provocó que, al romperse la botella, el champán salpicara y mojara a la reina. Sin perder la compostura, Máxima reaccionó con naturalidad y sonrisa, sujetando su tocado para que no se volara.
Máxima de Holanda apostó por esmeraldas y un broche floral. (Gtres)
Además del tocado negro, Máxima de Holanda llevó un elegante vestido con un sutil estampado de cuadros vichy en blanco y negro, acompañado de un abrigo negro y tacones altos. El detalle que más llamó la atención fue un gran broche de flores blancas con centro amarillo brillante y hojas verdes, complementado con pendientes que lucían una esmeralda central rodeada por un halo de brillantes diamantes blancos.
Máxima también lució un abrigo y tocado negros. (Gtres)
El acto también reflejó su espontaneidad y seguridad al mostrarse ante el público, cualidades que enseña a sus hijas. En un taller en la Academia Anne-Bo, la reina explicó cómo les ayuda a hablar en público: "Tienes que venderte un poco en tu currículum, a las mujeres a veces nos cuesta", confesó, transmitiendo así confianza y naturalidad. Con su ejemplo, Máxima deja claro que el equilibrio entre formalidad y autenticidad es fundamental, incluso en la vida pública, y que la realeza puede combinar protocolo con momentos genuinos y humanos.
El viento suele jugarle malas pasadas a Máxima de Holanda. A pesar de su elegancia habitual con tocados y sombreros, el clima no siempre coopera. Por ejemplo, durante su visita a la sede de la fundación Taal aan Zee en 2024, su accesorio salió volando al saludar a las autoridades. Con un tocado distinto y más discreto, la esposa de Guillermo Alejandro volvió a sufrir un percance este jueves, esta vez aún más inesperado.