Del telegrama de la reina Isabel II a los hijos de la duquesa De Alba escoltando a Jackie Kennedy: anécdotas en primera persona
La presentación de 'Cayetana: The Duchess of Alba', el libro de Cristina Carrillo de Albornoz y Assouline, que recorre el legado y la memoria íntima de la duquesa de Alba.Entre imágenes y archivos inéditos, convirtió el acto en un emotivo homenaje
Una imagen de Cayetana Fit-James Stuart, duquesa de Alba en una imagen de álbum familiar mostrada durante la presentación del libro 'Cayetana: The Duchess of Alba'. (Assouline)
Cristina Carrillo recogió esa idea para ir más allá de la emoción y situarla en el centro mismo de la personalidad de Cayetana: “La pasión no es solo entusiasmo o sentimiento; para ella era una forma de vivir. Era la manera de poner intensidad en todo lo que quería lograr. Esas ganas de vivir y esa curiosidad las he visto reflejadas también en Eugenia durante estos años de trabajo y documentación”.
Eugenia Martínez de Irujo, mirando directamente a su hermano Carlos, sentado entre los asistentes, respondió desde un lugar más íntimo: “Mi madre me enseñó la importancia de poner pasión en todo lo que uno hace, y por eso quiero dar las gracias a mi hermano Carlos por haberme escogido para este proyecto tan bonito. Para mí ha significado muchísimo”.
La duquesa de Alba con su hija Eugenia en brazos en una imagen de álbum familiar de archivo. (Europapress)
Su agradecimiento no era menor. Eugenia ha sido la comisaria de la exposición impulsada por la Fundación Casa de Alba e inaugurada en Sevilla, en el Palacio de Dueñas, de la mano del rey Felipe VI. Este libro funciona como una prolongación natural de aquel trabajo.
“En realidad, es una continuidad, un acompañamiento de la exposición en la que hemos trabajado durante tres años. Ha sido un periodo de navegar por su archivo y hemos encontrado cosas realmente únicas. Todo se ha planteado con la convicción de transmitir su carácter cosmopolita, que ayudó también a que España se transformara en un país cosmopolita. Llevó nuestro país al mundo y fue anfitriona de numerosas casas reales y figuras históricas y culturales, mostrándoles la esencia de España”.
No es casual, por tanto, que el volumen —publicado en español e inglés y con distribución en setenta y tres países— se articule en torno a esa idea. Dividido en cuatro capítulos, el primero contextualiza la influencia de la Casa de Alba en Europa, mientras que los otros tres se construyen alrededor de aquello que definía a Cayetana: la pasión. Pasión por España, Pasión por la libertad y Pasión por el arte.
La duquesa de Alba junto a Manuel Fraga y Lola Flores. (Gtres)
Durante la conversación, Cristina recordó una célebre reflexión de Henri Cartier-Bresson sobre la fotografía como “el instante decisivo”. Y precisamente eso persigue este libro: una lectura a través de las imágenes, donde relato y archivo se entrelazan hasta provocar en el lector la sensación de estar asistiendo a una película. “No solo fue pionera al convertirse en modelo de grandes pintores, también lo fue para fotógrafos en un momento en que la fotografía aún no estaba plenamente reconocida como disciplina artística”.
El Music Hall del Palacio de Liria dejó entonces de parecer un escenario institucional para convertirse en una suerte de salón familiar. A medida que avanzaba la presentación, las imágenes inéditas y los cuadros reproducidos en el libro iban transformando el acto en una conversación entre hermanos. Lo que para cualquier observador forma parte del imaginario colectivo del siglo XX, para la Casa de Alba sigue siendo memoria doméstica.
Eugenia Martínez de Irujo de niña retratada por Zuloaga, pintor que retrato también a su madre y abuelos
Frente a los retratos de Zuloaga de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba, y de María del Rosario de Silva y Gurtubay, XVII duquesa de Alba —padres de Cayetana—, las anécdotas surgían con absoluta naturalidad. “¿Te acuerdas de que quería posar para Picasso como La maja desnuda y papá se negó?”, le preguntó Eugenia a su hermano Carlos, actual duque de Alba.
Después aparecieron fotografías de la infancia de la duquesa, incluso su pasaporte, mientras Eugenia sonreía: “De pequeña era tan viajera…”.
Legado no solo cultural, también emocional
El moderador, Pablo Melendo, dio paso entonces a unos documentos que cambiaron el tono de la sala. Eran cartas del abuelo de Cayetana, reflexiones y consejos dirigidos a su hija que emocionaron visiblemente a los presentes. “Carlos me los enseñó, y fue mi padre quien se encargó de que cada uno de los hijos tuviéramos un libreto”, recordó Eugenia.
La duquesa de Alba y su marido, Luis Martínez de Irujo junto a sus hijos en el Palacio de Liria, una imagen familiar de archivo. (Europapress)
Cristina subrayó entonces el valor de aquellos textos: “Los consejos eran también una forma de prepararla para la vida. Como yo desconocía estos documentos, me sorprendió muchísimo la manera extraordinaria en que los transmitía. Por ejemplo: para ti, el éxito y el fracaso tienen que ser lo mismo. Y se lo decía a partir de un poema de Kipling. Su abuelo era un gran lector, una figura destacada en los ámbitos cultural, político y diplomático”.
Tras ese momento especialmente emotivo, el relato continuó entre telegramas de la reina Isabel II agradeciendo una visita de la duquesa, imágenes de Jackie Kennedy en Sevilla o fotografías que devolvían a la duquesa a su papel de gran anfitriona internacional.
La duquesa de Alba de anfitriona de Jacqueline Kennedy en Sevilla. (Assouline/ Fundación Casa de Alba)
“Mira, en esta foto Fernando y Carlos detrás. ¡Escoltando a Jacqueline!”, bromeó Eugenia entre risas.
Lola Flores, el pintor e intelectual José Caballero y una sucesión de nombres irrepetibles fueron completando el mapa vital que despliega Cayetana: The Duchess of Alba. Quedaba claro que la duquesa no solo construyó un legado histórico para Europa, sino también uno emocional para sus hijos. Y allí, en ese salón donde la historia parecía seguir respirando entre retratos, cartas y recuerdos, tres de ellos —Eugenia, Carlos y Fernando— lo revivían con una emoción serena, sin ceremonia.
La verdadera dimensión de esa unión llegó en el cierre de la tarde, cuando Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, XIX duque de Alba de Tormes, tomó la palabra. El tono ya no era el de una presentación, sino el de una conversación familiar dicha en voz alta, ante todos.
“La exposición fue inaugurada en Sevilla por Su Majestad el Rey, que honró la memoria de nuestra madre y también lo que significa la Casa de Alba. Eugenia, cuando la Fundación Casa de Alba te designó comisaria de la exposición, ya sabía que nadie mejor que tú podría realizar esa misión”, dijo, mientras la sala interrumpía con un largo aplauso.
Eugenia Martínez de Irujo junto a su hermano Carlos y Cristina Carrillo de Albornoz en la inauguración de 'Cayetana. Grande de España' en Sevilla. (Europapress)
Después, mirando a su hermana, continuó: “Te has entregado con pasión, generosidad, gusto y con ese sentimiento tan especial que es el tuyo. Hermana, sabes lo mucho que te quiero y te admiro y, por esa razón, la exposición vendrá a Madrid, tal y como me pediste”.
Eugenia se levantó entonces para abrazarle. No había protocolo en ese gesto, solo verdad.
Carlos quiso también reconocer la labor de Cristina Carrillo de Albornoz, a quien señaló como una figura esencial en ese proceso: “Has estado acompañada por Cristina, comisaria de importantes exposiciones y, algo aún más importante, autora de este libro. Porque este libro no es un catálogo, es mucho más. Es un relato vital y expresivo de la duquesa Cayetana.De nuestra madre, polifacética e irrepetible”.
Y quizá ahí estaba todo. No en los títulos, ni en los retratos, ni siquiera en la magnitud de una historia de siglos, sino en esa escena sencilla y definitiva: una hermana emocionada, un hermano agradecido y una madre convertida, una vez más, en el centro de la memoria. Porque hay legados que se heredan y otros que se sostienen, cada día, con amor.