Las tres tiaras que podemos ver en la exposición de los vestidos y complementos de Isabel II
El próximo 21 de abril se cumplen 100 años del nacimiento de Isabel II y una de las formas de celebrarlo es con una exposición que recorre su estilo durante décadas, incluyendo icónicos vestidos e inolvidables tiaras
Es la muestra más importante hasta la fecha del armario de Isabel II, con más de 300 piezas, entre ropa y complementos. Y también algunas de sus joyas, concretamente tres que son de propiedad privada y que estarán durante estas semanas en la King's Gallery del Palacio de Buckingham. Diamantes, rubíes y aguamarinas aportarán esplendor a una exposición en la que se pueden ver piezas únicas, algunas que no habían vuelto a ver la luz hasta ahora.
Los visitantes, que ya ha agotado las entradas para las primeras semanas, podrán ver algunos diseños que se exponen al público por primera vez. Otros, en cambio, son viejos conocidos para los amantes de la moda royal y están en imágenes históricas, como es el vestido que encargó para su coronación o el que lució el día de su boda con Felipe de Edimburgo.
Es verdad que algunas de las tiaras más espectaculares y con más valor histórico de la colección real siguen a buen recaudo en esos armarios de alta seguridad, repartidas principalmente entre Windsor y Buckingham. Además de, por supuesto, la Torre de Londres, donde se custodian las joyas más importantes de la Corona británica.
Pero verán los visitantes de la exposición que es imposible obviar ninguna de las piezas expuestas, pero especialmente una de las tiaras ocupa una posición privilegiada. Estamos hablando de la tiara Fringe de la Reina María. La importancia de esta joya es que fue la que eligió Isabel II para su boda, por lo que en la muestra está expuesta sobre aquella obra de arte diseñada por sir Norman Hartnell que supuso su vestido de novia, con más de 10.000 perlas bordadas.
El diseño de la tiara es de flecos -de ahí que se considere tipo Fringe-, concretamente 47 barras con pequeños diamantes. Fue creada en 1919 por Garrard, los joyeros de la Casa Real británica, a partir de un collar de diamantes que la reina Victoria había regalado a la reina Mary de Teck por su boda en 1893. Desde entonces, ha sido una de las tiaras más funcionales y utilizadas por las damas Windsor, incluyendo a Beatriz de York, que la usó también para su enlace con un vestido que también le había prestado su abuela.
Mucho menos sencilla es la tiara Brasileña de Aguamarinas, ya solo por las siete enormes y llamativas piedras azules que la coronan, además de otras de tamaño más pequeño que la completan. Esta pieza no fue herencia, como la anterior, sino que fue un encargo de la propia reina Isabel a sus joyeros de cabecera. El presidente de Brasil le había regalado un conjunto de pendientes y collar por su coronación y la propia monarca quiso una tiara que completara el conjunto.
Así, el diseño original tenía tres piedras centrales de tamaño considerable, pero se le fueron añadiendo y la tiara fue modificando su forma hasta lo que conocemos hoy. Hubo más regalos de aguamarinas a la reina después que no dudó en utilizar para crear un broche y una pulsera, formando así un extenso e imponente conjunto. La última vez que la lució fue en 2017, en la cena de Estado que organizó en honor de los reyes Felipe y Letizia, de visita en Reino Unido.
Y si las aguamarinas de esta tiara llaman la atención, los rubíes de la siguiente protagonista no se quedan atrás. Fue una de las últimas que lució en público, en en junio de 2019, cuando recibió a los Trump en Buckingham. También con un vestido blanco, hizo que las piedras rojas de la tiara Birmana destacaran sobre el resto del atuendo.
De hecho, no es casualidad el color rojo. También esta pieza es de las que la reina Isabel añadió a la colección familiar por propia voluntad. Fue creada con otra tiara que había recibido como regalo de bodas de un príncipe indio que eligió ella misma del catálogo de Garrard. Solo la llevó en una ocasión porque era bastante incómoda, así que no tuvo mucha pena al tener que sacrificarla en 1973 para crear la nueva, también por la misma casa de joyas.
Este encargo vino porque la reina Isabel quiso expresamente tener una tiara de rubíes, ya que el rojo, uno de los colores de la bandera nacional era la única que le faltaba. Aunque sí había una en la colección familiar, era la Reina madre quien la lucía más a menudo y la monarca no quiso que eso cambiase. Así que no dudó en solicitar una para ella misma, desmontando esa tiara antigua y añadiéndole los 96 rubíes que había recibido del pueblo de Birmania, también con motivo de su boda.
El número no es al azar, ni casualidad. Existe la creencia en el país, actualmente Myanmar, que la persona que luce los rubíes está protegida de las 96 enfermedades que pueden afectar al cuerpo humano y este regalo fue una forma de demostrar a la reina Isabel que estuviera sana y protegida. Las piedras están engastadas, además, en forma de rosa, símbolo de los Tudor.
Faltan muchas, por supuesto, pero estas tres tiaras son una buena representación de la extensa colección de joyas, tanto heredadas como de adquisición propia, que tuvo la monarca. Además, tampoco los colores son casualidad. Una blanca, una roja y una azul simbolizan los colores de la Union Jack, tan de los británicos como la propia reina Isabel.
Es la muestra más importante hasta la fecha del armario de Isabel II, con más de 300 piezas, entre ropa y complementos. Y también algunas de sus joyas, concretamente tres que son de propiedad privada y que estarán durante estas semanas en la King's Gallery del Palacio de Buckingham. Diamantes, rubíes y aguamarinas aportarán esplendor a una exposición en la que se pueden ver piezas únicas, algunas que no habían vuelto a ver la luz hasta ahora.