Jill Biden: ¿la primera dama más ejemplarizante… o la más aburrida?
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JOE será el 46º presidente de EEUU

Jill Biden: ¿la primera dama más ejemplarizante… o la más aburrida?

La mujer del nuevo presidente de los Estados Unidos llega a la Casa Blanca sin un perfil muy farandulero y no queda claro tampoco si será un imán para la alta cultura

placeholder Foto: Jill y Joe Biden. (Getty)
Jill y Joe Biden. (Getty)

Seamos honestos: se acabó el festín audiovisual de Melania Trump para amantes de las primeras damas glamurosas. Aunque es cierto que nada se puede objetar a Jill Biden sobre sus elecciones de vestuario recientes (un Oscar de la Renta negro floral en su primera aparición tras la victoria electoral y un Narciso Rodriguez fucsia mientras se aclaraba el entuerto de los votos), la flamante primera dama está encantada de delegar el revuelo ‘fashionista’ en la vicepresidenta Kamala Harris. Por mucho nostálgico de Melania que exista, los trendsetters, las grandes revistas y los instagramers ya van a tener con Kamala trabajo de sobra, y a la reciente portada de ‘Vogue’ nos remitimos. Mientras, Biden, como apuntó en uno de sus últimos tuits antes de lanzarse a la cuenta oficial @FLOTUS, pondrá todas sus energías en la frase que tomó prestada de Martin Luther King: “La cuestión más urgente y persistente de la vida es: ¿qué haces por los demás?”.

Foto:  Joe Biden. (Getty)

Y es que, si hay que hablar de apuntar tendencias, a sus 69 años y a pesar de ser la esposa del presidente electo con más edad de la historia de Estados Unidos, Jill Biden no puede representar mejor los valores de la mujer del siglo XXI y actualiza un cargo que, por mucho brillo y magnetismo cuché que tenga, huele a naftalina desde hace décadas. El titular fácil: es la primera en su categoría que mantiene su puesto de trabajo en los más de 230 años de historia del país. Para ella, interrumpir su labor como profesora no ha sido nunca una opción. “Enseñar siempre ha sido más que un trabajo para ella. Es su identidad”, explicó recientemente su portavoz, Michael LaRosa.

placeholder Joe Biden y Jill, en el día de los veteranos. (Reuters)
Joe Biden y Jill, en el día de los veteranos. (Reuters)

Ya decían que, como vicepresidenta (recordemos que Joe Biden fue el segundo de a bordo de Barack Obama), corregía los deberes de sus alumnos en el Air Force Two. Así que parece que en ese ‘upgrade’ al avión presidencial Air Force One, también habrá que dejar un hueco para que la doctora Biden, como así quiere que la llamen que para eso tiene un doctorado, siga cumpliendo sus labores como profesora de Literatura en el Community College de Northern Virginia. Un community college, conviene aclarar, es la institución universitaria dedicada a integrar a alumnos con menos posibilidades económicas, con trayectoria académica menos favorecida o con nivel bajo de inglés.

Es por eso la gran causa que va a defender, frente al 'Be Best' de Melania (para proteger a los niños más vulnerables) o el 'Let’s Move' de Michelle Obama (para acabar con los índices de obesidad): acabar con los desorbitados precios de las matrículas universitarias y, a modo retroactivo, condonar las deuda de los estudiantes estadounidenses, que según ‘Forbes’ se cifra en 1.600 millones de dólares y que obstruye su acceso a una vida más holgada al enfrentarse a un mercado laboral difícil. También pretende, además, subir los salarios a unos maestros que, frente a los cantos de sirena de los sueldos de las empresas, hacen prácticamente un voto de humildad para ejercer su profesión. ¿Cuál será el eslogan que encuentra para ello? Pronto lo sabremos.

Jill y Harry

La transición con Melania Trump, más allá de lo obvio, se inicia con el desplante que tanto ella como su marido hacen a los nuevos inquilinos de la Casa Blanca. Se irán a Mar-a-Lago, en Florida, sin hacer el tradicional encuentro para el traspaso de poderes y parece que, según ha confirmado su hija Ashley Biden, tampoco ha habido una conversación no oficial con ella. En realidad, es lo más lógico. Parece que Jill Biden se inspirará más en Michelle Obama que en su inmediata predecesora. Y, de hecho, la otra causa que quiere rescatar fue la iniciativa que fundaron juntas en 2011, Joining Forces, que se podría traducir como 'uniendo fuerzas' y que se dedica a ofrecer apoyo a las familias de los militares estadounidenses. Jill sabe de lo que habla: el fallecido Beau Biden, hijo de Joe Biden, luchó en Irak.

placeholder La pareja, junto al príncipe Harry. (Reuters)
La pareja, junto al príncipe Harry. (Reuters)

Fue precisamente la labor militar de Beau lo que hizo que la ahora primera dama estableciera una relación bastante especial con otra institución que decidió mantener una distancia prudencial durante la era Trump: la Casa Real británica. Las buenas relaciones entre Buckingham y la Casa Blanca están no solo heredadas de la era Obama, sino que Jill ha tenido a lo largo de los años una especial conexión con el príncipe Harry, que sirvió durante una década a las fuerzas armadas de su país y, por tanto, coincidió en Irak con el hijo mayor de los Biden. Con él se le vio compartir gradas en la competición benéfica Invictus Games de Londres en 2014, y ahora que Harry ha partido peras con la institución monárquica y vive en Estados Unidos con Megan Markle, quizá los lazos se estrechen y se conviertan en aliados de altura.

Sería esta una manera de subir el listón mediático en una primera dama que no tiene un perfil demasiado farandulero y no queda muy claro tampoco si será un imán para la alta cultura, tan ausente en la era Trump (con permiso de Kanye West), y a menudo confundida con el baile de celebrities de los Obama y Clinton. O, dicho de otra manera, parece la gran esperanza para dar brillo a una primera dama que tiene el peligro de convertirse en la más ejemplar pero, quizá por eso, también la más aburrida de las de su especie.

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