'Los diez mandamientos' cumple 65: Charlton Heston, 14.000 extras y un ataque al corazón
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'Los diez mandamientos' cumple 65: Charlton Heston, 14.000 extras y un ataque al corazón

La película evento de la Semana Santa cumple años este 2021. Recordamos lo que supuso para su protagonista y cómo afectó a la vida de su director, el legendario Cecil B. DeMille

placeholder Foto: Fotograma de 'Los diez mandamientos'. (CP)
Fotograma de 'Los diez mandamientos'. (CP)

La imagen de Charlton Heston separando con el poder de sus manos las aguas del mar Rojo, con su barba blanca y su túnica encarnada, son ya parte de la iconografía del siglo XX. Su interpretación de un Moisés digno del mismísimo Miguel Ángel, lleva acompañándonos la friolera de 65 años. 'Los diez mandamientos', la más célebre superproducción de Cecil B. DeMille fue uno de sus 'DeMille for demillions', esa etiqueta que aludía a la pasión del director, pionero de Hollywood, por el cine de masas.

La película se estrenó en octubre de 1956 y llevó al cine a tantas personas como las que cruzaron ese mar huyendo de la tiranía esclavizante de Egipto. Partiendo de uno de los textos más antiguos de la humanidad, la cinta acabó siendo una revolución. Nunca se habían visto tantos extras; el cine jamás había dado un paso tan gigante en lo concerniente a los efectos especiales.

placeholder Nina Foch y el pequeño Moisés, en una de las secuencias de la película. (CP)
Nina Foch y el pequeño Moisés, en una de las secuencias de la película. (CP)

La película era el remake de un clásico mudo, una nueva versión de la historia de las Sagradas Escrituras que Paramount preparó a conciencia para competir con la televisión, esa gran enemiga del séptimo arte en la década de los 50. La concitación de la espectacularidad en pantalla hizo nacer el Cinemascope, el 3-D y provocó títulos como 'Quo Vadis', 'La túnica sagrada' o 'Ben-Hur'. El Antiguo Testamento se convirtió en el libro de cabecera de unos productores que, puro en mano, decidieron volver a la Antigüedad para regalar a su público epopeyas 'bigger than life'. Y 'Los diez mandamientos' fue una de las más grandes. Como ocurre siempre con el género épico, su rodaje fue un cúmulo de casualidades, calamidades y golpes de suerte.

DeMille, que había llegado a Hollywood en los años diez, planteó a su estudio de siempre, la Paramount, una nueva versión de la clásica historia de Moisés. Los primeros 'Diez mandamientos' de 1923, que también dirigió él, habían demostrado las posibilidades del medio hasta entonces. A mediados de los 50, con un presupuesto de 13 millones de dólares, esas posibilidades rozaban lo maravilloso. Lo primero que DeMille hizo es elegir como protagonista a Heston por su enorme parecido con la estatua de Miguel Ángel. Además, había quedado más que satisfecho con su trabajo en 'El mayor espectáculo del mundo', la cinta sobre el mundo del circo que convirtió a aquel joven de rostro hierático en una estrella.

El testarudo director también quiso rodar en el propio Egipto en una época en la que las películas casi siempre se rodaban en estudio. Lo consiguió, en gran medida, porque el Gobierno del país había quedado encantado con 'Las cruzadas', una de las viejas cintas del director. La filmación de las secuencias del Sinaí, el Éxodo y el mar Rojo tuvieron lugar en ese país, aunque para ser fieles a la verdad, hay que decir que la mayor parte de la película se filmó en los estudios Paramount de Hollywood. Yvonne De Carlo, que interpretaba a Sephora, la mujer de Moisés, recordaba en su autobiografía cómo se trasladó hasta Egipto para ser convencida de estar en la película. "Yvonne, tus tataranietos verán esta película algún día", le dijo DeMille, que fue capaz de reunir a un reparto lleno de luminarias: Edward G. Robinson, Anne Baxter, Yul Brynner o Judith Anderson .

placeholder Yvonne De Carlo, junto a Heston en la película. (CP)
Yvonne De Carlo, junto a Heston en la película. (CP)

Cuando la maquinaria fílmica se puso en marcha, dio lugar a momentos espectaculares. La logística también lo era: se calcula que en el rodaje participaron unos 14.000 extras y 15.000 animales. El éxodo del pueblo judío dio lugar a secuencias espectáculo como la de la orgía (o lo que se podía mostrar de ella teniendo en cuenta la censura del 'código Hays') antes de la bajada de Moisés del monte Sinaí. En aquella jornada de rodaje, DeMille echó una bronca monumental a las docenas de extras que poblaban su encuadre. Al parecer, algunos de ellos no estaban lo suficientemente atentos. "Tenemos a una mujer joven cuya conversación con su amiga es aparentemente más importante que escuchar las instrucciones de su director mientras todos estamos dedicados a hacer historia en el cine. Quizás quisiera aclararnos de qué se trata... Dinos, ¿qué diablos es tan importante que no puede esperar hasta que hagamos esta toma?", espetó.

Pese a calentones como ese, lo más duro para DeMille llegó unos días más tarde, cuando sufrió un infarto. Tras subir a una grúa para comprobar una cámara defectuosa colocada en una de las puertas gigantes de la secuencia del éxodo, el director sintió que le fallaba el corazón. Trasladado al hospital a toda prisa, todo se quedó en un susto. Pese a la recomendación médica, el tozudo genio del blockbuster volvió al plató dos días después, como si hubiese sufrido un simple arañazo.

placeholder Cartel publicitario de 'Los diez mandamientos'.
Cartel publicitario de 'Los diez mandamientos'.

El esfuerzo y los contratiempos acabaron dando sus frutos. En su momento, y con una recaudación de alrededor de 65 millones de dólares (solo en suelo estadounidense), 'Los diez mandamientos' se consideró la segunda película más exitosa de la historia, solo superada por 'Lo que el viento se llevó'. Las sucesivas reposiciones televisivas, al calor de la mesa camilla o acompañada de un buen plato de torrijas, la han convertido en esa vieja amiga que nos visita de Semana en Semana Santa. La intelectualidad siempre ha puesto peros a un blockbuster mítico y más grande que la vida. Sin embargo, el público siempre supo entender este producto de un tiempo más sencillo en el que los buenos y los malos salían de una Biblia y el cine necesitaba ser majestuoso para poder sobrevivir.

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