El único producto de belleza que aumenta sus ventas durante la crisis
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El único producto de belleza que aumenta sus ventas durante la crisis

Cómo un solo producto de maquillaje puede tener tanto poder. Te lo demostramos a lo largo de su historia y hasta Winston Churchill tuvo mucho que ver

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El único producto de belleza que aumenta sus ventas durante la crisis

Es un hecho, maquillarte los labios sube la moral. Seguro que habrás oído esta historia: en la Segunda Guerra Mundial en el Reino Unido cerraron todas las fábricas de cosméticos. Pero Churchill solo permitió que se continuara con la producción de un elemento del neceser femenino, la barra de labios. El primer ministro llegó a la conclusión, con muy buen tino, de que esta sencilla herramienta elevaba la moral de la población. Y no fue el único país que se rindió al encanto de una boca pintada. En 1941, 'The New York Times' se hizo eco de que en Estados Unidos se vendieron barras de labios por valor de veinte millones de dólares, y esta cifra no hizo más que aumentar a lo largo del conflicto.

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Fue una época que marcó lo que hoy conocemos como ‘the lipstick effect’ o efecto del lápiz labial, que hace referencia a que "en tiempos difíciles no gastamos en cosas caras ni adquirimos más productos, pero sí seguimos comprando cosméticos", nos cuentan desde Camaleon Cosmetics.

Las épocas de crisis han estimulado el mercado ‘beauty’, especialmente después de la Primera Guerra Mundial y después de la crisis de 1929, cuando se forjaron grandes nombres de empresas como el de Helena Rubinstein.

Este año en una comida informal, Leonard Lauder, presidente de Estée Lauder Companies, explicaba a Vanitatis la importancia de los productos de maquillaje a raíz de una anécdota económica que vivió durante una época de recesión: sus indicadores marcaban que en los meses previos a la caída de la economía, la venta de barras de labios se disparaba.

Estos extraños movimientos en torno a uno de los gestos más sencillos de nuestro maquillaje diario quedaron recogidos en un estudio de 2012 realizado por la Texas Christian University. Y es que durante las últimas crisis estos patrones se han reproducido.

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Otro ejemplo es el gigante de la belleza L'Oréal, que incrementó sus ventas un 5,3% en 2008 (cuando todo caía en picado). Hoy solo este conglomerado produce la friolera de más de 900 millones de unidades de barras de labios al año. Todos estos datos solo dan un resultado positivo: este accesorio es un imprescindible y su popularidad está sobrepasando cualquier bache económico que se le ponga por delante.

De Puig a Elizabeth Arden

La primera barra de labios data del antiguo Egipto, dicen que ya Cleopatra hacía sus propios ungüentos para colorear su piel con escarabajos rojos. Pero no fue hasta 1915 cuando se envasó el producto para comercializarlo en pequeñas barras de metal diseñadas por Maurice Levy. En España, la primera firma en lanzar uno fue Puig en 1922. El primer envoltorio metalizado dio paso al plástico durante el primer conflicto bélico, y poco después otra gran dama de la belleza, Elizabeth Arden, elaboró una gama de tonalidades alrededor del rojo creando la primera paleta para labios.

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Después de la Segunda Guerra Mundial, fue cuando Hazel Bishop creó los pigmentos de larga duración de este símbolo de poder femenino. Y desde entonces hasta hoy, tonalidades diferentes, texturas revolucionarias… Ha evolucionado pero con el mismo objetivo que tuvo desde el principio, embellecer a la mujer y subir su estado de ánimo.

Lipstick Egipto
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