La reaparición del enigmático fundador de Shein, Xu Yangtian, esta semana
El empresario chino, del que apenas existen fotografías y que ha construido en silencio el mayor gigante online de la moda ultra low cost, rompe su discreción mientras su imperio afronta investigaciones y dudas sobre su salida a Bolsa
Durante años, Xu Yangtian ha sido el gran desconocido de la moda mundial. Sin portadas, sin entrevistas en profundidad y con apenas un puñado de imágenes públicas, el fundador de Shein ha construido uno de los mayores imperios textiles del planeta desde la sombra. Esta semana, el empresario, también conocido como Chris o Sky X, reapareció en Guangzhou para anunciar una inversión de 10.000 millones de yuanes (alrededor de 1.230 millones de euros) destinada a reforzar su cadena de suministro en el sur de China. Un movimiento poco habitual en alguien que ha hecho del silencio su principal estrategia.
La escena no fue menor: auditorio oficial, autoridades provinciales y empresarios locales. Allí, Xu defendió su apuesta por consolidar Guangdong como gran polo industrial de la moda digital, apoyado en sistemas inteligentes de producción y logística. No es un territorio cualquiera: es el corazón manufacturero que ha permitido a Shein producir miles de referencias nuevas cada día y abastecer a millones de clientes en todo el mundo con precios mínimos. Según cifras facilitadas por la propia compañía en distintas ocasiones, su red de proveedores en la zona está vinculada a cientos de miles de empleos.
Pero más allá del anuncio económico, lo que ha llamado la atención es la figura que lo protagoniza. Xu nació en China y comenzó su carrera vinculado al marketing digital y al posicionamiento web antes de fundar en 2008 una pequeña plataforma llamada Sheinside. Sin tradición familiar en el textil ni apellido conocido, y sin ser tampoco diseñador, levantó su fortuna apoyándose en los algoritmos, el análisis de datos y en una red flexible de talleres que se adaptan endiabladamente rápido a las tendencias. A diferencia de Amancio Ortega, también celoso de su intimidad pero convertido ya en icono empresarial español, Xu ha llevado el hermetismo a otro nivel: no concede entrevistas personales y evita el foco incluso en los grandes hitos corporativos.
Su vida privada es prácticamente un enigma. Se sabe que ha pasado largas temporadas fuera de China y que la compañía trasladó su sede a Singapur en su estrategia de internacionalización, en un intento por proyectar una imagen global. No hay apenas detalles sobre su familia, su residencia habitual o su círculo más cercano. Esa ausencia de biografía ha alimentado el aura de misterio en torno a un empresario que, sin embargo, compite en cifras con los mayores nombres del sector aunque no siempre con las mejores artes.
Y las cifras impresionan. En sus últimas valoraciones privadas, Shein se ha movido en el entorno de los 60.000-70.000 millones de dólares, situándose como uno de los grupos de moda más valiosos del mundo. Por comparar, Inditex, el gigante fundado por Ortega, supera los 38.000 millones de euros en ventas anuales y mantiene una capitalización bursátil que rebasa los 100.000 millones. Si Zara revolucionó la moda rápida desde las tiendas físicas, Shein lo ha hecho desde el algoritmo y el envío directo al consumidor, sin apenas presencia física y con una rotación de producto vertiginosa.
La reaparición de Xu llega, además, en un momento incómodo. La compañía afronta presión regulatoria en Estados Unidos y en la Unión Europea, investigaciones sobre sus productos y dudas sobre su futura salida a Bolsa tras los intentos fallidos en Nueva York y Londres. En ese contexto, que el fundador dé un paso al frente podría ser una señal de 'algo más'. ¿Pero de qué?
Durante años, Xu Yangtian ha sido el gran desconocido de la moda mundial. Sin portadas, sin entrevistas en profundidad y con apenas un puñado de imágenes públicas, el fundador de Shein ha construido uno de los mayores imperios textiles del planeta desde la sombra. Esta semana, el empresario, también conocido como Chris o Sky X, reapareció en Guangzhou para anunciar una inversión de 10.000 millones de yuanes (alrededor de 1.230 millones de euros) destinada a reforzar su cadena de suministro en el sur de China. Un movimiento poco habitual en alguien que ha hecho del silencio su principal estrategia.