Sarah Mullally se convierte en la primera mujer arzobispa de Canterbury en 1.400 años
La exenfermera británica asume hoy el liderazgo de la Iglesia de Inglaterra en un momento de crisis y división interna. Es la primera mujer después de 105 hombres
Sarah Mullally culmina este miércoles un hito histórico para la Iglesia anglicana. A sus 63 años, será entronizada en la catedral de Canterbury como la primera mujer en ocupar el arzobispado en los casi 1.400 años de historia de la institución, convirtiéndose oficialmente en la máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra y líder espiritual de una comunidad que reúne a unos 85 millones de fieles en todo el mundo.
Aunque su nombramiento fue ratificado legalmente el pasado enero, la ceremonia de hoy marca el inicio simbólico de su ministerio. El acto, cargado de tradición, contará con la presencia de representantes institucionales y miembros de la familia real británica, y seguirá un ritual milenario que incluye su entrada formal en la catedral y su entronización en la histórica silla de San Agustín, que data del siglo XIII.
La llegada de Mullally rompe con una tradición exclusivamente masculina que se remonta al año 597, cuando San Agustín se convirtió en el primer arzobispo de Canterbury. Su nombramiento ha sido celebrado como un avance histórico dentro de la Iglesia, aunque también ha despertado críticas en los sectores más conservadores de la Comunión Anglicana, especialmente en países donde persisten posturas contrarias a la ordenación de mujeres.
Más allá del simbolismo, Mullally asume el cargo en un momento complejo para la institución. La Iglesia de Inglaterra atraviesa una etapa de descenso de fieles, tensiones internas sobre cuestiones sociales como el matrimonio igualitario y el papel de la mujer, y el desgaste provocado por escándalos recientes que precipitaron la salida de su predecesor, Justin Welby. Su liderazgo se interpreta como una oportunidad para abrir una nueva etapa más inclusiva y recuperar credibilidad.
Su perfil, sin embargo, se aleja del de un clérigo tradicional. Antes de iniciar su vocación religiosa, Mullally desarrolló una sólida carrera en el ámbito sanitario. Fue enfermera especializada en oncología y llegó a convertirse en jefa de enfermería de Inglaterra con apenas 37 años, siendo la persona más joven en ocupar ese cargo. En 2001 fue ordenada sacerdotisa y, tras abandonar su puesto en el Gobierno, inició una trayectoria ascendente dentro de la Iglesia que la llevó a ser obispa de Londres en 2017, uno de los cargos más influyentes.
En el plano personal, está casada con Eamonn y es madre de dos hijos, además de mantener un vínculo estrecho con el mundo sanitario y aficiones alejadas de la vida eclesiástica, como la alfarería. Su figura combina experiencia de gestión, vocación social y un perfil poco convencional que ahora deberá ponerse a prueba al frente de una institución global en plena transformación.
Sarah Mullally culmina este miércoles un hito histórico para la Iglesia anglicana. A sus 63 años, será entronizada en la catedral de Canterbury como la primera mujer en ocupar el arzobispado en los casi 1.400 años de historia de la institución, convirtiéndose oficialmente en la máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra y líder espiritual de una comunidad que reúne a unos 85 millones de fieles en todo el mundo.