La herencia emocional que comparten Alejandra Prat y Sonsoles Ónega: "Nuestros padres nos unieron cuando éramos niñas"
Hablamos con Alejandra Prat, la encargada de entregarle el Premio Vanitatis Mujer del año a Sonsoles Ónega. La periodista desvela la intrahistoria de una amistad que es también legado
“Tu padre, nuestro queridísimo e inolvidable Fernando Ónega, te enseñó que el periodismo es compromiso, no solo espectáculo”.
Sonsoles Ónega escuchaba a Alejandra Prat desde su mesa, todavía a unos segundos de subir al escenario para recoger el premio Vanitatis Mujer del Año 2026. Levantó la mirada hacia ella con emoción, casi sorprendida por el modo en que una sola frase podía resumir tantas cosas a la vez. Porque en aquel momento no solo estaban hablando de Fernando Ónega. Ni siquiera únicamente de periodismo. De fondo aparecía también la historia de dos familias que llevaban décadas cruzándose en la memoria audiovisual española.
Mucho antes de que sus hijas compartieran focos, amistad y duelos, Fernando Ónega y Joaquín Prat ya representaban dos maneras distintas de entrar en las casas de millones de españoles durante la Transición y los años posteriores. Ónega pertenecía a esa generación de periodistas que acompañó el cambio político desde la radio y los informativos, cuando la voz todavía transmitía autoridad y las noches de 'Hora 25' ayudaban a entender el país que estaba naciendo. Prat hacía otra cosa igual de decisiva: convertir el entretenimiento en un ritual colectivo. Programas como 'Sábado noche' o, años después, 'El precio justo' terminaron formando parte de una España que empezaba a parecerse menos a sí misma.
“Sonsoles llevaba la vocación dentro desde niña”
A su alrededor estaban también José María Íñigo, Iñaki Gabilondo, Manuel Campo Vidal, Isabel Gemio, María Teresa Campos, Jesús Quintero o Matias Prats. Todos compartían una misma intuición: la comunicación podía acompañar a un país mientras cambiaba. Unos lo hacían desde la información política; otros desde el humor, la música o las nuevas formas de televisión familiar. Entre todos construyeron una generación irrepetible.
Entonces, Ónega y Prat vivían prácticamente en la misma zona y sus hijos crecían compartiendo calles, tardes y una normalidad que hoy resulta difícil imaginar alrededor de dos apellidos tan conocidos. Sonsoles Ónega y Alejandra Prat se conocieron con doce años y no fue el periodismo lo que las unió primero. Fueron los caballos. “Yo montaba con Juan Matute y ella con su hermana Natalia. Al final terminamos las dos montando con Juan”, recuerda Alejandra.
“Mi padre se fue sabiendo que iba a ser periodista”
No estudiaron en el mismo colegio ni compartieron universidad, pero la relación terminó instalándose en ese territorio donde permanecen las amistades que crecen antes de que llegue la conciencia del tiempo. Alejandra habla de Sonsoles desde ahí, desde un lugar anterior a la exposición pública, cuando todavía era simplemente “Sonsoles” y no una de las periodistas y escritoras más conocidas del país. “Siempre lo tuvo clarísimo”, dice. “Lo llevaba dentro”. Ella, en cambio, tardó más en entender que el periodismo también formaba parte de su historia.
“Recuerdo entrar con mi padre en la universidad para verla y decirle: ‘quiero ser periodista’”. Alejandra reconstruye la escena como si todavía pudiera verla detenida en algún lugar: Joaquín Prat caminando a su lado, ella descubriendo por primera vez que quería dedicarse a lo mismo que había visto hacer en casa desde niña. “Ese día le dio un infarto”, dice reflejando la tranquilidad de haber podido decírselo antes.
“Nos recuerdo a Sonsoles y a mi estudiando juntas para selectividad”
Moriría poco después, el 3 de junio de 1995, mientras Alejandra todavía preparaba la selectividad. “Ahora que se acerca esa fecha siempre vuelvo a aquellas semanas”, cuenta. “Recuerdo a Sonsoles conmigo, estudiando juntas”. Mientras España despedía a uno de los rostros más reconocibles de la televisión, ella intentaba sostener los exámenes y una ausencia demasiado grande para aquella edad. Y, de alguna manera, también empezaba ahí otra forma de heredar a su padre. Aunque no son hermanas de sangre, durante sus respectivos discursos en la gala de premios de Vanitatis dejaron entrever que son como familia. De hecho, entre el público se encontraba Cristina, la hermana de Sónsoles, y aunque Joaquín Prat, el mayor de los hermanos, no pudo asistir, también estuvo presente.
“Alejandra es como una hermana, la verdad, con permiso de Cris —gracias por estar esta noche aquí—, porque es verdad que hemos crecido, hemos estudiado, hemos montado a caballo juntas, pero sobre todo hemos vivido, y ahora compartimos la tele también con Joaquín, y somos sobre todo compañeros, y a mí eso me hace mucha ilusión”, respondía Ónega tras recoger su premio a Mujer del Año 2026.
“Nuestros padres nos inculcaron el compañerismo por encima de la competencia”
Gracias a esa historia compartida, las tardes de la televisión actual adquieren una dimensión casi circular. Sonsoles Ónega lidera ‘Y ahora Sonsoles’ en Antena 3 mientras Joaquín Prat presenta ‘El tiempo justo` en Telecinco acompañado muchas veces por su hermana Alejandra. Sin proponérselo del todo, ambos terminaron ocupando el mismo espacio simbólico que durante décadas habían habitado sus padres: entrar cada tarde en millones de casas españolas. La diferencia es que ellos crecieron viendo desde dentro el precio invisible de esa profesión.
“Lideras las tardes, aunque algunas nos las cedes”, bromeó Alejandra durante el discurso de entrega del premio, rebajando por un instante la emoción que atravesaba toda la sala. Después, ya en conversación recordaba: “Es lo que hemos visto en casa. Nuestros padres nos enseñaron dos cosas: el respeto absoluto a esta profesión y la obligación de alegrarte siempre del éxito de los demás. Que la competencia nunca haga perder el compañerismo, porque al final eso es todo. Somos compañeros y en nuestro caso amigas desde niñas”.
“Estuvimos juntas en TV y nadie sabía que éramos amigas de infancia”
“Quien enciende la televisión busca verdad”, dice Alejandra. “Y Sonsoles tiene eso. Se nota cómo vive cada historia, cómo conecta con su público, cómo se emociona”. Durante los dos primeros años de ‘Y ahora Sonsoles’ colaboró en el programa sin que prácticamente nadie conociera la dimensión real de aquella amistad. “Nos partíamos de risa porque nadie sabía la intrahistoria ni que llevábamos toda la vida juntas. Nunca lo contamos”.
“Esta profesión se lleva dentro y eso hace que sea absorbente. No termina cuando sales de plató. Sigue contigo todo el tiempo”. Y, mientras la escucho, es imposible no pensar en aquella confesión de Fernando Ónega a Carlos Alsina, cuando admitió que el periodismo le había hecho olvidar incluso que existían los fines de semana, los puentes o el descanso. Como en la canción de Julio Iglesias, muchos de ellos terminaron olvidándose de vivir mientras contaban la vida de los demás.
Tal vez por eso resulta tan significativa la última reflexión de Alejandra. “Hay vida más allá de la televisión y el trabajo, es importante recordarlo”. Cuenta que mantiene un pacto con Sonsoles y otra amiga de la infancia: cuando se reúnen intentan no hablar de trabajo. Como si todavía quisieran conservar algo de aquellas niñas que montaban a caballo mientras sus padres aparecían en las portadas, en los estudios de radio y en los platós que terminaron definiendo una época.
“Demuestras todos los días que has sabido mantener intacta la memoria de todo lo que has mamado en tu casa”, dijo Alejandra al terminar el discurso. Y probablemente ahí estaba resumido todo. Porque Sonsoles Ónega ha heredado el rigor, la disciplina y el sentido del oficio de Fernando Ónega, pero también algo igual de difícil de conservar en un medio cada vez más acelerado: cierta humanidad frente a la cámara.
Fernando Ónega llegó a leer parte de ‘Llevará tu nombre’ la última obra literaria de su hija, antes de morir. No pudo terminar el libro, pero sí ver en qué clase de periodista se estaba convirtiendo. Por ello, aquel hombre que dedicó su vida entera a narrar España deja a otra narradora preparada para continuar la conversación.
Y quizá de eso trataba realmente la escena de anoche en los Premios Vanitatis. No solo de un galardón. Ni siquiera únicamente de televisión. Trataba de memoria, de lealtad y de la extraña manera en la que algunas personas consiguen seguir presentes a través de quienes vienen después.
Enhorabuena, Sonsoles. Esta ya es también tu casa.
“Tu padre, nuestro queridísimo e inolvidable Fernando Ónega, te enseñó que el periodismo es compromiso, no solo espectáculo”.