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¿Has vuelto a casa de tu padres? Cinco trucos para sobrellevar el regreso al 'dulce' hogar

No es, ni de lejos, la situación ideal, pero es la realidad de muchos treintañeros que deben convivir de nuevo con sus ¿adorados? progenitores

Foto: ¿Te es familiar esta escena? (Foto: Modern Family)
¿Te es familiar esta escena? (Foto: Modern Family)

Las estadísticas no mienten y, según los últimos datos arrojados por la ‘Encuesta Continua de Hogares’, del Instituto Nacional de Estadística (publicados en abril de 2018), más de un tercio de las personas entre 25 y 34 años no se han independizado (viviendo todavía con sus padres) y, ¡sorpresa!, esta situación se da en el 24% de los casos en la franja de los 30 a los 34 años. Sin embargo, no haberse independizado nunca, aunque doloroso, significa (y más a estas alturas de la película) que estás más que acostumbrado a vivir con papá y mamá. Conoces sus manías, sus horarios… Vaya, que no te pilla por sorpresa nada de lo que hagan. Pero ¿qué ocurre cuando llevas bastante tiempo fuera de casa y debes volver al nido porque no te queda otra?

Y por no quedar otra nos referimos a quedarse en el paro, romper con la pareja, haber vuelto del extranjero y estar más perdido en la vida que el Maestro Joao en el mundo de la videncia, querer ahorrar con un sueldo que no da ni para una bolsa de pipas… Queda claro el concepto, ¿no? Entonces es cuando apareces de nuevo en la casa que te vio crecer para volver a compartir techo con los que ahora te parecen dos completos desconocidos. Eso sí, no te confundas, tú también lo eres para ellos.

Ellos están en su casa y tú ya no la sientes tuya. (Foto: Modern Family)
Ellos están en su casa y tú ya no la sientes tuya. (Foto: Modern Family)

Tanto tus progenitores como tú mismo habéis crecido y, sorpresa de nuevo, lo habéis hecho de maneras muy diferentes. Es el ciclo de la vida, que dirían en ‘El Rey León’. Sin embargo, ellos juegan con ventaja porque están en SU casa, mientras que tú ya no la sientes como propia. Eres más bien una de esas jóvenes en busca de un sueño que se alojaban junto a Lina Morgan en ‘Hostal Royal Manzanares’. Pero no todo va a ser malo, tranquilos. Volver a casa de tus padres puede ser muy beneficioso para ti (y para tus padres también, no seas egoísta) si sigues estos cinco sencillos consejos.

1. Es SU casa, no la tuya

El comentario de antes no era ningún chascarrillo, aunque pudiera parecerlo. Llevas años, si no décadas, con un pie fuera del que un día fuese tu hogar. No quiere decir que ya no lo sea, pero menos. Y cuanto antes lo interiorices, mejor para ti. ¿Recuerdas cuando de pequeño tu padre y tu madre te decían eso de “en mi casa, mis normas”? Pues que se no se te olvide porque lo que pueden ser unas agradables vacaciones temporales pueden convertirse en un campo de batalla al más puro estilo de ‘La chaqueta metálica’. Dales tiempo para que caigan en la cuenta de que hay más gente que ellos mismos en su hogar.

2. Date un periodo de adaptación al medio

Nada de volver ‘a porta gayola’. Si quieres convertirte en el compañero de piso ideal de tus padres, no corras. Y nunca mejor dicho. ¿Has visto a alguien que para completar un maratón no entrene antes? Bingo. Comienza dejando un pijama y un cepillo de dientes, quedándote a cenar y, con la excusa de que ya se hace tarde, quédate a dormir. Lo sabemos, parece el típico truco que se utiliza con un ligue, pero no lo es. Pásate a comer los lunes, a merendar los martes, lleva tu bici estática el miércoles, toda tu ropa el jueves… Todo cuenta para que el shock no sea tan brutal. No hay prisa.

3. No estás en un hotel

No te confundas. Tus padres pueden quererte mucho, pero no son tus camareros, recaderos, telefonistas, cocineros… Tu etapa de adolescente que sale por la noche y se despierta a mesa puesta ya pasó. Si sales por la noche, tendrás que levantarte a ayudar con la comida y si desde las ocho de la mañana tu madre está dándolo todo con esos vídeos de aerobic de Jane Fonda que tanto le gustan, ve comprándote unos tapones para los oídos. Eso o únete a la fiesta y ponte en forma.

4. Interactúa con ellos

Muchos estaréis pensando que esto es obvio. Pues no. Aunque has madurado (o eso se supone), aún sigues haciendo la mayoría de tus planes con amigos y a la familia la emplazas a Navidades, cumpleaños, aniversarios… Mal, muy mal. Por lo menos ahora que vuelves a vivir con ellos. Salir a dar un paseo, tomar unas cañas, acompañarlos a misa… Todo vale para que sientan que todavía les quieres como personas y no solo porque tengan un piso en el que vivir sin gastar ni un duro.

5. Contribuye económicamente

La mayoría de los padres que vuelven a abrir las puertas de su casa a sus hijos no quieren que estos les den ningún tipo de retribución monetaria. El amor paternal es lo que tiene. Sin embargo, psicológicamente para ti, el hecho de pagar alguna compra, ayudar con las facturas (aunque sea dándole 20 euros en mano a tu madre porque tu padre no quiere ni oír hablar del peluquín) o incluso invitándolos a comer de vez en cuando hará que te sientas mejor contigo mismo. Y cuanto más alegre estés tú, más cómodo estarás en su casa. Recuérdalo. Nadie (o casi nadie) quiere sentirse un parásito social, y menos con su familia.

Al margen de estos importantes puntos, lo verdaderamente esencial es que encuentres el equilibrio para poder seguir haciendo aquello que te gustaba cuando vivías solo. Y recuerda, es una vuelta al nido temporal, ya volarás, no te agobies.

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