Entre los viñedos dorados y los pueblos que parecen salidos de un cuento, Alsacia guarda un rincón que conquista a todo el que lo visita. A solo 20 minutos de Colmar, Kaysersberg combina el encanto medieval, la tradición vinícola y la atmósfera navideña más mágica del este de Francia. No es casualidad que muchos viajeros españoles incluyan esta parada en su ruta por la región: aquí el tiempo parece haberse detenido entre casas de entramado de madera, balcones repletos de flores y aromas que invitan a perderse sin prisa.
La primera imagen que da la bienvenida al visitante es su emblemático puente fortificado, una joya de 1514 que conduce directamente a la rue Général De Gaulle, arteria principal del pueblo. A partir de ahí, el paseo se convierte en una postal viva: calles empedradas, fachadas coloridas y flores por doquier justifican el título de “Ciudad de las Flores”. Cada rincón guarda una historia, desde la antigua carnicería pública hasta la Maison Herzer, ejemplos perfectos de la arquitectura alsaciana entre los siglos XIII y XVIII.
Kaysersberg, una comuna francesa situada en Alsacia. (Pexels)
Pero si hay algo que hace brillar a Kaysersberg cuando se encienden las luces de diciembre, son sus mercadillos navideños. Considerados entre los más bellos de Francia, convierten las calles en un escenario de cuento con artesanía, vino caliente y música tradicional. Y hablando de vino, este es otro de los grandes tesoros locales. Los viñedos que rodean el pueblo dan vida a algunos de los blancos más reputados de Alsacia, como el Riesling o el Gewürztraminer.
Cabe mencionar que subir hasta el castillo del siglo XIII, que vigila el valle desde lo alto, permite comprender por qué este rincón alsaciano es una joya para los amantes del enoturismo y del buen vivir. Porque Kaysersberg no solo se visita: se saborea, se respira y, sobre todo, se recuerda.
Entre los viñedos dorados y los pueblos que parecen salidos de un cuento, Alsacia guarda un rincón que conquista a todo el que lo visita. A solo 20 minutos de Colmar, Kaysersberg combina el encanto medieval, la tradición vinícola y la atmósfera navideña más mágica del este de Francia. No es casualidad que muchos viajeros españoles incluyan esta parada en su ruta por la región: aquí el tiempo parece haberse detenido entre casas de entramado de madera, balcones repletos de flores y aromas que invitan a perderse sin prisa.