La receta, que ha conquistado a su entorno más cercano hasta el punto de que “se pelean por un trozo”, destaca por su jugosidad y por el toque fresco de la manzana troceada en su interior. Sin embargo, más allá de los ingredientes, Lo insiste en que el éxito del bizcocho reside en comprender ciertos procesos químicos básicos que ocurren durante la elaboración.
A partir de ahí, se incorporan los ingredientes líquidos —leche, aceite y esencia de vainilla— y, posteriormente, la harina junto con la levadura previamente tamizadas para evitar grumos. La masa resultante debe ser homogénea antes de verterse en un molde previamente engrasado y enharinado, un paso esencial para evitar que el bizcocho se adhiera durante el horneado.
En este punto, la chef también comparte otro consejo práctico: aunque cualquier molde apto para horno es válido, los de silicona facilitan el desmoldado. Una vez lista la masa, se hornea durante unos 45 minutos, hasta que el interior alcanza aproximadamente los 96 grados, señal de que la cocción es completa. Tras sacarlo del horno, el reposo es clave antes de desmoldar. Finalmente, un toque de azúcar glas en la superficie completa un bizcocho que combina técnica y tradición.