Laura Ingalls: la verdadera (y durísima) historia que inspiró una de las niñas más icónicas de la televisión
Pionera absoluta, su obra literaria, publicada en los años 30, dio lugar a la serie de los años 70 y es la base de la nueva estrenada por Netflix este jueves. La historia real fue menos idílica
Portada de uno de los libros de 'La casa de la pradera', de Laura Ingalls Wilder.
Se llamaba Laura Elizabeth Ingalls Wilder y sus andanzas infantiles por la América salvaje de finales del siglo XIX acabaron siendo conocidas en todo el mundo gracias a unos libros autobiográficos. Este jueves, Netflix estrena una nueva versión de las aventuras familiares de esta autora.
Se trata de una visión menos edulcorada que la de la serie que, de 1974 a 1983, convirtió a su alter ego en todo un icono televisivo.
Mucho antes, en la década de los 30, los libros de Ingalls ya habían causado sensación en las librerías de todo el mundo. Y, especialmente, en esos Estados Unidos que abrazaron su historia entre praderas, atardeceres y animales salvajes como una especie de metáfora del propio país.
Para repasar las décadas previas a aquel éxito editorial, tenemos que hacer un segundo flashback: Laura había nacido en febrero de 1867 en Wisconsin. Segunda de cinco hermanos, era el ojito derecho de sus padres, Charles Phillip Ingalls y Caroline Lake Quiner.
Edición de la obra literaria por parte de Noguer.
Cuando solo era una niña, vio cómo su familia perdía al hermano pequeño, Freddie. No fue esa la única desgracia para los Ingalls, ya que, como bien reflejaba la serie de Michael Landon en los 70, su hermana Mary perdió la vista y tuvo que convivir con la ceguera durante gran parte de su vida.
En medio de esos vaivenes, los miembros de la familia se distinguieron por ser nómadas, recorriendo distintas regiones del ‘Far West’, de Wisconsin a Minnesota, hasta establecerse en Dakota del Sur.
La Laura Ingalls de la serie de Netflix.
Mucho más rodaje y muchas más peripecias, por tanto, que las que vimos los telespectadores en aquel Walnut Grove en el que vivían los personajes de la serie. En Dakota, el clan tuvo que preocuparse por las cosechas o por la convivencia con los nativos, como les ocurría a miles de pioneros que viajaban con sus carretas y malvivían en esa tierra prometida.
Una vez superada la infancia, Laura se casó con Almanzo James Wilder. Solo tenía 18 años. Al igual que ocurrió con sus padres, ella y su marido tampoco lo tuvieron fácil. El hijo varón murió siendo un bebé y Almanzo sufrió una parálisis en las piernas a raíz de una infección. Un terrible incendio también acabó con la granja que tanto les había costado construir, lo que los llevó a mudarse un tiempo a la casa de sus suegros.
Una de las pocas imágenes de la verdadera Laura Ingalls. (Wikipedia)
A principios de la década de 1890, Laura y su familia se instalaron en Westville con la esperanza de que Almanzo recuperase la movilidad en las piernas. El calor y la humedad de Florida casi acabaron con su paz mental, ya que el clima era muy distinto al que habían vivido en otras regiones. Finalmente acabaron en Mansfield, Missouri.
Laura y su marido llamaron a su finca ‘Rocky Ridge Farm’ y se dedicaron a la recolección de fruta y a la cría de aves.
Con la esperanza de empezar de nuevo, como también habían hecho los padres de Laura, llamaron a su finca ‘Rocky Ridge Farm’ y se dedicaron a la recolección de fruta y a la cría de aves.
Laura Ingalls, escritora
Fue por esos años de madurez cuando Laura empezó a colaborar como autora para el 'Missouri Ruralist'. En lo de plasmar cosas sobre el papel la secundó su hija Rose, también escritora y periodista. De hecho, fue ella la que animó a su madre a recordar por escrito sus peripecias infantiles y convertirlas en un relato para niños.
Laura Ingalls, adulta. (Wikipedia)
Por increíble que parezca, Laura Ingalls ya tenía 65 años cuando, en 1932, publicó su primer libro, ‘Little House in the Big Woods’. Así comenzó una exitosa saga de ocho volúmenes, la celebérrima ‘Little House on the Prairie’ (‘La casa de la pradera’), en la que la autora hacía un repaso a la vida y milagros de su familia en la frontera.
Los libros son un anecdotario simple y algo dulcificado de la vida familiar en el salvaje Oeste.
Aunque muchos criticaron la obra por su feroz individualismo, opuesto al espíritu comunitario de la era Roosevelt en la que fue publicada, ‘La casa de la pradera’ fue un éxito absoluto con sus mensajes de superación y valoración de las pequeñas cosas. Ese espíritu recorrió todos los libros, con un anecdotario simple y algo dulcificado de la vida familiar en el salvaje Oeste.
Fotograma de 'La casa de la pradera' de 2026. (Netflix)
Un legado polémico
A mediados de los años 50, la Asociación para el Servicio de Bibliotecas para los Niños (ALSC) incluso creó un premio llamado Laura Ingalls Wilder Award, para reconocer que, pese a no ser una Louisa May Alcott —la autora de ‘Mujercitas’, otro incunable de la literatura infantil y juvenil norteamericana—, la contribución de esta autora a la literatura infantil había sido fundamental.
El 10 de febrero de 1957, cuando tenía 90 años y había vivido lo suficiente como para ver su obra convertida en un logro, Laura falleció en Mansfield, Missouri.
En un escrito posterior contó cómo el marido de su vecina, borracho empedernido, había intentado violarla cuando ella acudió a cuidarla.
Posteriormente, dos hechos han ensombrecido, en parte, la victoria literaria de esta niña del ‘Far West’ convertida en inesperada escritora de éxito.
La aparición de otro manuscrito inédito en 2014, mucho menos azucarado que ‘La casa de la pradera’, escandalizó a los seguidores de la autora. En ‘Pioneer Girl: The Annotated Autobiography’, que Ingalls había escrito en torno a 1929, narraba episodios de violencia doméstica, necesidades muy duras y una anécdota que dejó fríos a todos los que la leyeron: el marido de su vecina, borracho empedernido, había intentado violarla cuando ella acudió a cuidarla.
Momento del rodaje de la nueva serie de Netflix.
El segundo hecho que ha torpedeado este legado literario es la revisión de la propia ‘La casa de la pradera’. Que el escrito incluyese frases como “el único indio bueno es un indio muerto” ha hecho que, como ocurre con ‘Lo que el viento se llevó’, de Margaret Mitchell, los libros se observen hoy con cierta perspectiva revisionista.
Sin llegar a ser víctimas de la cancelación —y buena prueba de ello es el estreno de la serie de Netflix—, su popularidad ya no es la misma que la que mantuvieron a lo largo del siglo XX. Lo cual no evita que la de Laura Ingalls siga siendo, para muchos, uno de los mejores reflejos del espíritu norteamericano.
Se llamaba Laura Elizabeth Ingalls Wilder y sus andanzas infantiles por la América salvaje de finales del siglo XIX acabaron siendo conocidas en todo el mundo gracias a unos libros autobiográficos. Este jueves, Netflix estrena una nueva versión de las aventuras familiares de esta autora.