Preysler y Martínez-Bordiú: una amistad que perdura (con altibajos) cinco décadas
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Preysler y Martínez-Bordiú: una amistad que perdura (con altibajos) cinco décadas

El destino las colocó en un mismo ambiente de fiestas y diversión cuando Isabel viajó de Manila a Madrid en 1969

placeholder Foto: Preysler y Martínez-Bordiú. (Ilustración: Jate)
Preysler y Martínez-Bordiú. (Ilustración: Jate)

Isabel Preysler y Carmen Martínez-Bordiú acaban de cumplir 69 años este mes de febrero. La primera, el 18, y la segunda, el 26. Dos vidas paralelas y con la pasión como punto de partida en sus relaciones afectivas. Dejaron de estar enamoradas de sus parejas y no mantuvieron historias ficticias por aquello del que dirán.

Carmen escandalizó a los suyos cuando cambió ser alteza real y duquesa de Cádiz por un anticuario parisino divorciado y con dos hijos. Y lo mejor era que la exmujer vivía puerta con puerta. Por su parte, Isabel abandonó al cantante con futuro internacional por un marqués con escudo heráldico y fincas poco productivas. En los dos casos, lo de menos era el dinero y lo importante el amor loco.

Los orígenes de su amistad

El destino las colocó en un mismo ambiente de fiestas y diversión cuando Isabel viajó de Manila a Madrid en 1969. Un novio poco recomendable hizo que los padres, Carlos Preysler y Betty Arrastia, tomaran la decisión de enviar a la joven de 18 años a España. Nunca más volvió a Filipinas salvo por turismo. En esa primera etapa de soltería, sin compromisos ni responsabilidades, se forjó una amistad que duraría toda la vida salpicada por algún desencuentro importante que las separó durante un tiempo.

El motivo de ese distanciamiento fue Chábeli. La primogénita de Isabel acudió al primer programa de 'Tómbola' que se emitía en Canal Nou. Carmen también participaba como invitada y cuando Chábeli se enfadó y se marchó del plató, Preysler consideró que la amiga de toda la vida no la había defendido. Este malentendido duró un tiempo largo y fue la actual duquesa de Franco la que decidió dar el primer paso. Una vez que desapareció, el desagravio filial la amistad volvió al punto de origen.

placeholder Chábeli Iglesias. (Getty)
Chábeli Iglesias. (Getty)

“Nos vemos menos de los que quisiéramos pero nos hablamos mucho por teléfono”, reconocía hace unos años Carmen cuando se volvió a enamorar y se instaló en Cantabria al casarse con José Campos. Isabel fue a esa boda en coche con un grupo de alegres mujeres. La anécdota de ese viaje fue que, a mitad de camino, pararon en un prado. El chófer sacó una mesa, un mantel, copas de cristal y el catering que la cocinera de Isabel había preparado. Para todas ellas, acostumbradas a sus reuniones en Zalacaín, Horcher o Club 31, esta aventura gastronómica se convirtió en la anécdota de la boda. En aquella época, Isabel llevaba una vida estable con Miguel Boyer, Tamara y Ana.

Las amistades peligrosas

Aparentemente, Carmen siempre fue más imprevisible y sus decisiones amorosas menos convencionales que las de la amiga públicamente más tradicional. Pero no fue siempre así. El duque de Cádiz, por ejemplo, echó la culpa de su separación a las “malas compañías”. Para Alfonso de Borbón, una de las causantes era Isabel, vecina en la casa de San Francisco de Sales. Él mismo lo contaría tiempo después para explicar su divorcio: “Hubo influencias nefastas y sutiles. Carmen veía con frecuencia a ciertas amigas divorciadas como Isabel Preysler. Esas personas no dejaban de encomiar los encantos de la libertad y pasó lo que pasó”.

placeholder Carmen Martínez-Bordiú, en una imagen de archivo. (Getty)
Carmen Martínez-Bordiú, en una imagen de archivo. (Getty)

Y lo que sucedió fue que Carmen se marchó a París para vivir su felicidad con Jean-Marie Rossi. Mucho tiempo después sería ella la que prestó su apoyo y coartada a su íntima. Isabel llevaba unos años casada con Carlos Falcó cuando irrumpió en su vida el ciclón Boyer. La marquesa de Griñón decidió vivir ese inicial romance pasional sin testigos molestos. Ante el estupor del marido, se marchó una temporada a París. La excusa era perfeccionar el idioma. Arropada por la amiga fiel, Isabel se instaló en la capital francesa y, una vez que acababa las clases, disfrutaba de la compañía de Carmen y su pareja. Llegaron a protagonizar un reportaje las dos juntas por la ciudad.

En lo bueno y en lo malo

Esta era la versión doblada; la original no tenía nada que ver. París fue el lugar de encuentro con Miguel Boyer en esos primeros tiempos. Para no levantar sospechas, el político, que aún era ministro, se hacía pasar por el señor García. La casa de Rueil-Malmaison, donde vivía el matrimonio Rossi, fue un lugar de cenas clandestinas y privadas de las dos parejas. Muchos años después fue a la inversa, cuando Carmen se separa del italiano Federici y sufre, Isabel se encargó de apaciguar su tristeza.

placeholder Isabel Preysler, en el desfile de Pedro del Hierro. (EFE)
Isabel Preysler, en el desfile de Pedro del Hierro. (EFE)

Ahora es Carmen la que vive apaciblemente en Portugal con su novio surfero y con viajes a Madrid y Burdeos para estar con sus nietos. No tiene interés en mantener una agenda social, mientras la vida de su amiga Isabel es todo lo contrario. Volvió a dar la campanada al ennoviarse con Mario Vargas Llosa. La pareja nada tiene que envidiar a los protagonistas de programas tipo 'Españoles por el mundo' con sus viajes continuos. “Desde que estoy con Mario, no sé lo que es una vida tranquila. Me paso el tiempo maleta arriba, maleta abajo”, aseguraba.

Carmen e Isabel, Isabel y Carmen: dos vidas paralelas y con una amistad que perdura a través del tiempo.

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