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COVID-19

La cuarentena de Preysler y Vargas Llosa: pista de tenis de Verdasco y despachito

Habitualmente el núcleo doméstico lo forman la dueña de la casa, su novio, Mario Vargas Llosa, y Tamara. Pero con el confinamiento, sus ocupantes han aumentado

Foto: Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, en una imagen de archivo. (Getty)
Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, en una imagen de archivo. (Getty)

La mansión de Puerta de Hierro de Isabel Preysler se ha convertido en el cuartel general donde parte de la familia Preysler, en la versión Falcó y Boyer, pasan la cuarentena. A ellos se han unido Fernando Verdasco y el pequeño Miguel. También un Vargas Llosa que este viernes es actualidad porque la Fundación Internacional para la Libertad, que preside, ha elaborado un manifiesto en el que se cuestiona el confinamiento por la emergencia del coronavirus. "Rechazamos el falso dilema de que estas circunstancias obligan a elegir entre el autoritarismo y la inseguridad", se dice en un texto titulado 'Que la pandemia no sea un pretexto para el autoritarismo'.

Más allá de ese escrito, en la casa de Preysler las cosas siguen siendo más o menos igual. Habitualmente, el núcleo doméstico lo forman la dueña de la casa, su novio y Tamara, además del servicio. Hubo un tiempo en el que la ganadora de 'MasterChef' se independizó, pero pronto volvió al hogar comunal. Contaba que no se acostumbraba a estar sola: “En casa de mami se vive muy bien y tengo mi independencia”. Añadía que desde que Isabel y el escritor estaban juntos, no paraban en casa: “Están siempre viajando”.

Fernando Verdasco y Ana Boyer tienen su residencia habitual en Doha, la capital de Catar. A esta ciudad se trasladó el tenista en 2015 y un año después, su novia se despidió de su trabajo en Madrid para poder acompañarlo en su vida profesional. Después se casaron y tuvieron a Miguel y decidieron que no había necesidad de tener una casa propia cuando estaba la de Puerta de Hierro.

Fernando Verdasco y Ana Boyer. (EFE)
Fernando Verdasco y Ana Boyer. (EFE)

Cada vez que había que viajar a España por motivos profesionales vivían en el refugio Preysler, que es una especie de hotel cinco estrellas. Estas visitas se hicieron más frecuentes desde que nació Miguel, que viaja siempre por el mundo con sus padres y una cuidadora.

Entrenos y charlas virtuales

Ahora, con la vida deportiva paralizada y sin torneos internacionales, la mejor opción es esta: pasar la cuarentena todos juntos en la casa familiar resulta una elección más agradable y operativa. Cada uno se dedica a lo suyo: Verdasco entrena en la pista que hay en el jardín, con su hijo y Ana como espectadores únicos; Tamara se dedica a su colección, y la jefa de la saga controla y supervisa que todo funcione como un reloj suizo.

Vargas Llosa tiene su propia rutina, que no ha cambiado con la cuarentena. Una inercia doméstica que empieza con una tabla de gimnasia, unas horas dedicadas a la escritura que le llevan hasta el mediodía, paseos por el jardín, tarde de lectura y remata con otra ronda de ejercicio físico y la cena. Además mantiene conversaciones con sus tres hijos y los nietos a través de FaceTime y WhatsApp.

Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, en una imagen de archivo. (Getty)
Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, en una imagen de archivo. (Getty)

Más o menos, este es el horario de confinamiento al que ha incorporado otra modalidad relacionada con las nuevas tecnologías: el nobel ha hecho del despacho que antes fue de Miguel Boyer su reducto de trabajo presencial. Desde esa estancia se relaciona con sus seguidores y les hace partícipes de sus lecturas. El viernes pasado fue el día elegido por el escritor para leer en voz alta 'Supuestos', un trabajo poético de Blanca Varela, escritora fallecida en Lima en marzo de 2009 y a la que se considera una de las grandes poetisas de América Latina.

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