Trillizos, tubos de ensayo y una casa en la playa: historias tras las vacunas anticovid
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PANDEMIA

Trillizos, tubos de ensayo y una casa en la playa: historias tras las vacunas anticovid

El CEO de Moderna empezó a trabajar en sus vacaciones familiares. La jefa de de Oxford probó el fármaco en sus hijos. Los de BioNTech pasaron su luna de miel en el laboratorio

Foto: Ugur Sahin, CEO de BioNTech. (Reuters)
Ugur Sahin, CEO de BioNTech. (Reuters)

Era a principios de enero de 2020 y hacía mucho frío. Stéphane Bancel estaba con su familia en la casa que compró hace años al sur de Francia, junto al mar. Como cada día, el CEO de Moderna se levantó muy pronto y en la soledad del amanecer se preparó un té negro para leer con calma el ‘Wall Street Journal’ en su iPad. Había decenas de noticias económicas pero sus ojos se fueron a un titular extraño: un misterioso virus sembraba el caos en China.

Era viernes y Bancel estaba de vacaciones, lo que no le impidió empezar a mandar mails a expertos y a personas de su empresa para analizar la situación. Pasó todo el fin de semana discutiendo con colegas: si ese virus era un coronavirus, tenían que ponerse en marcha. Y así fue, el lunes por la mañana, el Gobierno chino publicaba la secuencia del virus. La cuenta atrás había empezado.

Laboratorios de Moderna. (Reuters)
Laboratorios de Moderna. (Reuters)

La historia de Bancel la contó en abril ‘The Boston Magazine’, revista radicada en la ciudad en la que trabaja este francés de 47 años desde hace tiempo. Llegó al estado de Massachussets procedente de París, donde siempre había trabajado en empresas relacionadas con la farmacología. En Moderna, de la que tiene 9%, se pusieron a trabajar en una vacuna contra el coronavirus a las pocas semanas de que el covid-19 empezara a infectar. Su fármaco ya ha empezado a distribuirse.

Madre a los 36

Algo parecido le sucedió a Sarah Gilbert, otro de los nombres que seguramente pasen a la historia por lograr una vacuna contra esta enfermedad. Gilbert lidera el equipo de investigación de la Universidad de Oxford que ya ha puesto su vacuna en circulación en colaboración con AstraZeneca. Antes de llegar a los estadios finales del proceso, esta investigadora probó el fármaco en sus tres hijos. Tuvo a sus trillizos a los 36 años, en pleno apogeo de su carrera, y fue su marido, Rob Blundell, quien renunció a su trabajo para hacerse cargo de los pequeños mientras ella se dedicaba a la investigación.

Sarah Gilbert, investigadora de Oxford. (Universidad de Oxford)
Sarah Gilbert, investigadora de Oxford. (Universidad de Oxford)

Tímida y alérgica a la prensa, a sus 58 años se muestra orgullosa de que sus tres hijos hayan decidido estudiar ciencias como ella y trabajen en laboratorios. Por eso no es extraño que ya en abril de este mismo año decidieran probar la vacuna. “No tuvimos demasiado tiempo para discutirlo porque yo no pasaba mucho tiempo en casa en aquella época”, ha contado en una entrevista a Bloomberg. La vacuna es el resultado de años de intenso trabajo. Los de Gilbert son horarios extremos: su jornada empieza a las 4 de la madrugada en casa y sigue en el laboratorio de la universidad, a la que llega en su moto. Y no vuelve a casa hasta la noche.

Foto: El príncipe Guillermo, en una imagen reciente. (Reuters)

Esta dedicación al trabajo se repite en las vidas de todos quienes han logrado sacar adelante la vacuna contra el covid en tan poco tiempo. Es el mismo caso de Ugur Sahin, director ejecutivo de BioNTech, y su mujer, Özlem Türeci, directora médica de la misma empresa, la que asociada a Pfizer ha encontrado una de las tres vacunas contra el coronavirus que ya se han empezado a distribuir. Sahin y Türeci con dos ‘ratas’ de laboratorio, unos investigadores tan apasionados por su trabajo que pasaron su noche de bodas encerrados entre tubos de ensayo.

Noche de bodas diferente

Son ambos turcos criados en Alemania; él, emigrado a los cuatro años con sus padres, trabajadores de la fábrica Ford en Colonia. Ella, nacida en Alemania pocos años después de que su padre emigrara desde su Estambul natal. Se conocieron mientras estudiaban en la Universidad de Saarland, cerca de Estrasburgo, y desde entonces son inseparables. Juntos fundaron Ganymed Pharmaceuticals, una farmacéutica que vendieron en 2016 por 1.400 millones de dólares. Al cabo de un tiempo, junto con el oncólogo austriaco Christoph Huber, fundaron BioNTech, otro nombre que pasará a la historia.

Ugur Sahin, CEO de BioNTech. (Reuters)
Ugur Sahin, CEO de BioNTech. (Reuters)

Ahora viven en Berlín, donde está la sede principal de su empresa, que emplea a 1.800 personas. La compañía está valorada en bolsa en 21.000 millones de dólares, lo que ha convertido a la pareja en una de las más ricas de Alemania. Ellos, sin embargo, siguen con su vida de investigadores sencillos, van al trabajo en bicicleta -no tienen siquiera coche- y pasan todo el tiempo que pueden con su hija adolescente.

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