Raffaella Carrà: cuando feminista era enseñar el ombligo
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Ha muerto con 78 años

Raffaella Carrà: cuando feminista era enseñar el ombligo

"Llora España. La Carrá era un icono que ayudó a barrer la rigidez del franquismo”, titula en una pieza 'Il Corriere della Sera'. Repasamos el papel que jugó aquí y en su país

Foto: Raffaella Carrà. (Alamy)
Raffaella Carrà. (Alamy)

Hay muertos que duelen a todos. Raffaella Carrà, en Italia se la llamaba Raffa y en España la Carrá, le duele a dos países. No pasa a todos, eso es un olimpo sentimental que alcanzan solo algunos elegidos. Se les quiere por lo que hacen y por cómo lo hacen. Artistas muy buenas subidas a un escenario hay muchas; artistas muy buenas subidas a la vida de todos hay pocas. La tarde del lunes, 5 de julio, se fue una de esas figuras y, de golpe, todas las fiestas hechas y por hacer enmudecieron un poco de ‘Trieste in giù’ (guiño para los incondicionales de su obra).

A media tarde de ayer saltaba la noticia de la muerte, a sus 78 años, de Raffaella Carrà, la boloñesa que se convirtió durante décadas en la banda sonora de toda Italia y España. Los medios de comunicación se volcaron con una de esas muertes que requieren para narrarlas fuegos de artificio. Hay tanto material por contar que se agolpan títulos y subtítulos sin orden que no sea un lamento y un reconocimiento. El periódico ‘Corriere’ titulaba: “Raffa, reina de la TV”. ‘La Repubblica’, por su parte, “Adiós a Raffaella Carrà, icono de la TV italiana”. La RAI, televisión estatal, abría todos sus noticieros bajo el simple: “Ha muerto Raffaella Carrà”. No hacía falta decir más, los telespectadores tarareaban el resto de memoria.

placeholder Raffaella Carrà, en una de sus actuaciones. (Cordon Press)
Raffaella Carrà, en una de sus actuaciones. (Cordon Press)

Pronto se desataron las condolencias. La Carrà deja heridas por todas partes. Los teléfonos celulares comenzaron a sonar y los guiños y recuerdos se sucedían en redes sociales. Uno de los grandes presentadores de la televisión italiana, Pippo Baudo, le puso palabras a ese daño compartido: “Un dolor atroz, se ha ido la última gran mujer del espectáculo”. El que fuera pareja, director y coreógrafo de Raffa, Sergio Japino, fue la persona que a través de la agencia de comunicación Ansa dio la noticia: “Raffaella nos ha dejado. Se ha ido a un mundo mejor donde su humanidad, su inconfundible risa y su extraordinario talento resplandecerán siempre”. Japino explicó que ella sufría una enfermedad de esas que van arañando vida y, decía su nota, “no tenía hijos, pero ella siempre decía que tenía por miles, como los 150.000 adoptados a distancia gracias a Amore, el programa que ella quería más de todos” (Amore es un programa de la RAI de 2006 de adopción a distancia).

Pero más allá de todas esas condolencias, que llegaron por miles de todos los estamentos y personajes públicos de Italia (también de España, que, como alguno ha dicho, ella fue uno de esos ejemplos de lo fácil que es unir a ambos países), Raffa fue una revolución. Simple, como lo hizo todo ella, sin estridencias ni levantar la voz, con una sonrisa. La Carrà fue un icono del mundo gay y del feminismo. En Italia, un país donde ambas cosas viven bajo la sombra de la tradición de muchos siglos, no fue poco.

Icono gay

Raffa no sacó a nadie del armario, sencillamente les convenció a todos de que podían estar fuera porque las mejores fiestas no tienen portero. Ella dijo una vez que “cuando era joven, me encantaba salir de fiesta con mis amigos gais porque no me molestaban”. De ahí, a versos, fue convirtiéndose en musa de un mundo que vivía empotrado hace no tantos años, ahora depende de las zonas, en un closet. Sus canciones y gestos ayudaron a normalizar y airear el opresivo armario donde tantos vivían. “Había chicos que me escribían que se querían suicidar porque no les entendían en casa. Empecé a investigar y me preguntaba cómo es posible que haya esta brecha entre familias, amigos, trabajo… A estos chicos les tengo una enorme ternura (…). Nunca hice nada por ser un icono gay. Lo único que yo he hecho es ir a Madrid a aceptar un premio en el World Pride y así pude verlos a todos juntos. Mi mejor premio es que me quieran bien”, explicaba ella en 2018 en una entrevista, desatando las risas del público.

Recientemente, el periódico ‘The Guardian’ la llamaba “icono cultural que enseñó a Europa a disfrutar el sexo”. “Para mí el mundo no se divide entre gais y heteros, sino de seres humanos”, dijo ella en una entrevista en ‘Corriere’ en 2017.

“A hacer el amor empieza tú”

Sobre las mujeres, en su última entrevista concedida en vida, dijo una frase que podría ser su epitafio: “He ayudado a las mujeres a creer en ellas mismas”. Hay que saber colocar a los personajes en un mapa geográfico y temporal para entender su dimensión. “Ella, en su programa más icónico, ‘Carramba’, tenía detrás un cuerpo de bailarines y azafatos hombres. Entonces eso no era común, finales del siglo pasado, y yo recuerdo que me llamaba la atención. En vez de mujeres, eran chicos guapos los que hacían de azafatos”, recuerda un grupo de italianas de en torno a 40 años que acaban de enterarse de la noticia. Aquel programa, incluso, cambió el lenguaje y hoy en Italia “hacer una carrambata” se utiliza para decir “dar una sorpresa”.

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Raffaella, junto al cartel de 'Carramba! Che fortuna'. (EFE)

“Que una mujer hablara de sexo entonces, con la libertad que lo decía ella, era algo escandaloso y también revolucionario”, señala Carla, una de esas mujeres italianas que aprendieron con Raffa a vivir la sexualidad de otro modo. No es difícil de entender, hay de nuevo que tirar de calendario, pero en 1976 que una mujer cantara a otras mujeres “a far l’amore comincia tu” (“a hacer el amor empieza tú”) era una bomba de libertad para muchos y de libertinaje para otros. Como ella no daba golpes en la mesa, no levantaba la voz, los segundos acabaron tragando con una rubia que las soflamas las camuflaba con sonrisas.

“Creo que ella ha hecho más por liberar a la mujer que muchas feministas”, ha dicho el artista y cineasta italiano Francesco Vezzoli. El director uruguayo Nacho Álvarez, que compuso un musical basado en la Carrà llamado ‘Explota, Explota’, del que Raffaella dijo sentirse muy honrada, resume bien lo que supuso la italiana desde un punto de vista revolucionario: “Del ombligo fuera al ‘Tuca Tuca’, ella ayudó a las mujeres a tomar la iniciativa en la cama”. Hoy, eso también parece algo normal, pero hace 40 años sus actuaciones en la RAI enseñando el ombligo intentaron censurarlas. “¿Qué tenía mi ombligo de extraordinario? Fue mi madre la que desveló el secreto. Era un ombligo a la boloñesa”, manifestó ella bromeando.

Una currante

Pero más allá de lo que ha simbolizado, que muchas veces eso es algo ajeno que depende de gustos y casualidades, Raffa ha sido una enorme currante. Lo ha sido porque no ha parado de trabajar en su vida. Con 8 años ya trabajó como actriz, en 1952, en la película ‘Tormento nel passato’, pero al final la musa de la diversión decidió que lo suyo eran la televisión y las pistas de baile, y ha dejado ahí un legado casi inigualable. Es difícil encontrar, al menos en las generaciones de antes del siglo XXI, una fiesta en Italia y España en la que no sonara la Carrà. ‘Tanti Auguri’, ‘Tuca Tuca’, ‘Fiesta’, ‘Rumore’…, y sus correspondientes versiones españolas, son himnos de la juerga a ambos lados del Mediterráneo.

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Manuela Carmena, junto Raffaella Carrà en Madrid. (EFE)

“Llora España. La Carrá era un icono que ayudó a barrer la rigidez del franquismo”, titula en una pieza ‘Il Corriere della Sera’. Lo fue, fue todo eso y, sobre todo, fue una buena persona, alegre, de la que nadie habla mal, que se atrevió a vivir su vida como le dio la gana: “Soy pasional y me gusta abandonarme apasionadamente. Equivocarme pero sentir”, dijo ella una vez. Luego, como un mantra por el que hoy millones de personas la lloran, dejó una sentencia que resume el porqué de ese llanto: “Un artista no puede ser malo”.

Raffaella Carrà
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