Muere Bobby Batista, el hijo del presidente cubano que soñaba con llevar los restos de su padre a la isla
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Falleció exiliado en Madrid

Muere Bobby Batista, el hijo del presidente cubano que soñaba con llevar los restos de su padre a la isla

Durante todo el domingo estuvo fuera, comiendo con familiares y amigos, y regresó al chalet de madrugada. Pronto comenzó a sentirse mal

Foto: Bobby Bautista con Esther, su hija. (Cortesía)
Bobby Bautista con Esther, su hija. (Cortesía)

Bobby Batista se ha ido sin poder cumplir uno de sus sueños, el que iba a realizar esta primavera llevando debajo del brazo su libro, ‘Hijo de Batista’, por los rincones de Marbella, la tierra que vio morir a su padre, presidente de Cuba en el exilio, Fulgencio Batista que llegó al poder por primera vez en 1940 como presidente constitucional y de nuevo en 1952 tras un golpe de estado.

El hijo del mandatario moría ayer en Madrid aquejado de un cáncer, después de haber estado luchando estos meses con todas sus fuerzas contra la enfermedad. Se fue rápido y sin volver a tocar ese terruño cubano que abandonó junto a su familia, cuando fueron destronados por el régimen comunista de Fidel Castro.

Hace solo unos días, Vanitatis conversaba con este hombre, abogado y escritor, que acababa de publicar su libro, ‘Hijo de Batista’, una obra que quedará anclada en los anales de la historia como el fiel reflejo de su particular vivencia en aquella isla. Esta es la primera vez que un miembro de la familia Batista ha contado sus memorias personales.

Su padre moría como consecuencia de un ataque al corazón el 6 de agosto de 1973, en su chalet de Guadalmina en Marbella, donde solía pasar sus vacaciones de verano. Al día siguiente, acompañado por su familia, sus restos fueron trasladados al cementerio de San Isidro de Madrid. Y testigo de aquellos acontecimientos fue Roberto: “Ahora estoy encantado de volver a pisar la tierra que tanto nos gustaba de niños y que vio morir a mi padre, y desde donde partió su féretro con la bandera cubana. Presentar mi libro allí y explicarle a la gente quién era mi padre, me da fuerzas para superar esta enfermedad, que ahora me tiene enredado en sesiones de quimioterapia. Sigo en tratamiento con mucha fe y oraciones”.

placeholder Bobby Bautista con Esther, su hija. (Cortesía)
Bobby Bautista con Esther, su hija. (Cortesía)

Hace solo unos meses asistió a la Feria del libro de Madrid. Su hija, Esther Batista, que ha sido un gran apoyo en su enfermedad, decía entonces: “Lo hemos conseguido a pesar de las dificultades. Papá ha hecho un gran esfuerzo, es un valiente. Un millón de gracias a todos los que os habéis acercado a verle”.

Sus días en el Palacio Presidencial

Bobby nació en Nueva York, se educó en colegios suizos, trabajó como abogado y escritor, y nunca quiso alejarse de su propia historia. Orgulloso de ella, quiso dejarla plasmada en papel, y así se decidió a escribir sus memorias. En la parte más personal de ‘Hijo de Batista’, Bobby narra su infancia privilegiada. Recuerda sus días maravillosos en el Palacio Presidencial, pero en su relato enseguida da paso al tema del exilio: “Mi hermano y yo éramos ajenos a la situación política que nos había hecho abandonar Cuba y, cuando llegamos por la noche al aeropuerto de Nueva York, vimos a una muchedumbre que nos gritaba tras una cerca. Pero es que gritaban vejaciones, impertinencias, malas palabras. Y, claro, estábamos francamente impresionados”.

En la ruta del exilio de su padre, cuenta que la familia se dividió. Batista puso rumbo a la República Dominicana, que, en aquel momento, vivía bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. “Nunca comprendí por qué mi padre se fue a la República Dominicana. Trujillo pretendió que mi padre fuese con él a invadir Cuba, y al parecer, mi padre se negó rotundamente. Como consecuencia, lo metió en la cárcel, y después lo amenazó, continuamente, con matarlo”. Finalmente, cuando terminaron con aquella odisea, reunida de nuevo su familia, se fueron a vivir a Portugal, en plena dictadura de Salazar. Allí, Fulgencio Batista se dedicó, sobre todo, a escribir libros. Uno de ellos, quizás el más importante para comprender la política cubana, es el de la ‘Respuesta”.

Jugando al golf en Marbella

Bobby recuerda con especial cariño la época que su padre pasó en Marbella. Llevaba una vida muy hogareña. Le gustaba disfrutar del golf y se pasaba horas en su amplia biblioteca leyendo. En su relato nos habla también, de la que para él fue una gran señora: su madre, la primera dama de Cuba, Marta Fernández Miranda, casada con Fulgencio en segundas nupcias. Durante la época de sus veraneos en Guadalmina, Bobby nos comentaba algunos momentos felices como la boda de su hermano Jorge en San Pedro Alcántara, donde él iba a presentar esta primavera su libro, en el Foro de Encuentros con la Cultura. Allí tenían amistad con el que era entonces párroco de la iglesia, Francisco de Paula Espada, que casó al hijo de Batista con otra vasca de Guadalmina, Rosa Urrestaraza. Ambas familias coincidían cada verano en Marbella y aquí fue donde nació el noviazgo.

placeholder Padre e hija, en una imagen reciente. (Cortesía)
Padre e hija, en una imagen reciente. (Cortesía)

Los vecinos de Marbella recuerdan que las estancias de Batista y su familia en San Pedro siempre fueron muy discretas. Y así, con esa prudencia que le caracterizaba, le llegó la muerte al presidente cubano. El 5 de agosto de 1973, Batista y su familia llegaron a San Pedro para pasar sus habituales vacaciones de verano y don Fulgencio a pesar de sus 72 años, estaba "fuerte como un roble, con la mente lúcida y siempre con muchos proyectos", recordaba Bobby. Durante todo el domingo estuvo fuera, comiendo con familiares y amigos, y regresó al chalet de madrugada. Pronto comenzó a sentirse mal. Se encontraban con él su esposa, Marta Fernández Miranda, y los hijos Jorge, Rubén, Fulgencio, Roberto y Marta María. Allí le atendió el doctor Antonio Maíz Viñals, que a su llegada solo pudo certificar el fallecimiento del presidente como consecuencia de una crisis cardiaca. En Guadalmina, aquella madrugada, concluía un episodio relevante de la historia de Cuba y el sueño de un cubano de regresar a su isla.

Zoe Valdés, llora la pérdida de su gran amigo

Zoe Valdés, una de sus mejores amigas de Bobby Batista, le recuerda desde París. La escritora cubana, que también es exiliada, habla con Vanitatis y nos explica que había visto hacía poco tiempo a su amigo: “Las dos últimas veces que estuve en Madrid, ya él estaba bajo tratamiento médico, pero hablábamos mediante un chat que abrí para toda la familia. La última vez que nos vimos fue durante un almuerzo con sus dos hijos y su esposa Aurora, en un restaurante madrileño. Hablamos, como era habitual, de Cuba y de su futuro. Uno de sus sueños era llevar algún día los restos de su padre y los de su madre a la tumba y panteón de sus abuelos en la isla. Un día lo haremos, también con los suyos si sus hijos y herederos lo desean”.

placeholder Bobby, con su familia y su amiga Zoe. (Cortesía)
Bobby, con su familia y su amiga Zoe. (Cortesía)

Muy afligida por la noticia, Valdés, que también escribió en su día un libro sobre Fulgencio Batista, precisa que “Cuba pierde a un gran cubano y a un testigo de excepción de su historia más reciente. Un gran hombre, gran hijo y gran padre. Supo vivir en la discreción pese a la relevancia de su apellido, y fue un abogado que defendió las causas justas, la libertad y la verdad. Su libro ‘Hijo de Batista’ es el mejor ejemplo de honestidad política que he conocido. Me honró con su amistad, que llegó a ser hermandad profunda entre nosotros y el resto de su admirable familia. Hombre de fe y voluntad”.

Primavera Fidel Castro
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