Cuando Fernando Savater murió en vida al perder a su gran amor
Tras el despido del filósofo por parte de 'El País', recordamos uno de los episodios más trágicos de su vida: la muerte de Sara Torres Marrero
Ha sido una de las noticias más comentadas de la semana. El despido de Fernando Savater tras medio siglo vinculado a 'El País' ha sido tan sonado como polémico. El motivo, las duras críticas que el filósofo vierte contra el periódico en su nuevo libro, 'Carne gobernada' (Ariel), ha puesto sobre la mesa el debate sobre la libertad de expresión y la politización de los medios.
Unos pueden pensar que ha mordido la mano que le da de comer y que su salida del medio es justificable. Otros, que él mismo ha forzado deliberadamente el despido. En cualquier caso, no es del agrado de nadie que se rompa una relación laboral de forma no voluntaria, consensuada o en términos poco amables.
Él mismo ha confesado que aunque sabía que con sus palabras abrían la posibilidad de un despido, nunca pensó que este fuera a materializarse. Así ha sido y ahora el escritor cierra la puerta a una larga etapa vital y profesional.
No es este, sin embargo, el portazo más doloroso que ha tenido que dar. El más fuerte, el más duro, el más sordo y seco, el que más le entrenó para sobrellevar los que vendrían después como meras anécdotas superables, fue el que la vida le obligó a dar para dejar tras de sí al gran amor de su vida, Sara Torres Marrero.
Junto a ella compartió 35 años de vida. Su querida Pelo Cohete, como él la llamaba de manera cariñosa haciendo alusión a su peinado, falleció el 18 de marzo de 2015. “Terminaba así una tortura de nueve meses de esfuerzos clínicos tratando de rescatarla de un tumor cerebral de la variedad más agresiva”, contó el propio Savater en el libro ‘La peor parte. Memorias de un amor’ (Ariel), que publicó cuatro años después y donde narró el calvario que atravesó la pareja y la experiencia de la pérdida del ser amado.
Algo de Savater murió con Sara. Sin ella dejó de vivir y empezó a sobrevivir, a aprender a “vivir sin alegría”, según confesó en una de sus columnas de 'El País'. Sara no era prescindible en su vida. “Si puedes prescindir de ello, no es amor”, aseguró en 'El Español'.
Fernando Savater murió en vida, incluso llegó a pensar en el suicidio, pero el amor por Sara pudo más. Si él moría, dejaba de recordarla y, por lo tanto, de alguna forma, la hacía desaparecer. Por eso, tras pasar su día a día con las luces apagadas, decidió escribir ese libro que más que de él y de su sufrimiento, habla de ella, para que nadie “pueda lamentar no haberla conocido”, explicó en una entrevista concedida en 'El Español' donde también admitió que vivieron maniáticamente el uno para el otro.
Esos 35 años de amor sirvieron para unirlos cada vez más, si cabía. La rutina nunca irrumpió en sus corazones. Las infidelidades de él, y confesadas por el propio Savater tras la muerte de Sara, tampoco. Ella nunca se preocupó en ese sentido porque, según desveló el filósofo, Sara sabía que la amaba sólo a ella. Nunca dejaron de pasarlo bien juntos, de reírse, de viajar, de compartir inquietudes culturales.
Tras su muerte, a Savater se le vaciaron las fuerzas, como él mismo expresó, tratando de poner palabras a un sentimiento que considera inefable. Desde entonces ha vivido para recordarla. Pasear, leer la prensa, comer, dormir, charlar con conocidos… han sido meros trámites por los que tiene que pasar por decidir seguir vivo, por mantenerla viva en su recuerdo, en sus palabras. Escribir en 'El País', desde entonces, de alguna manera, también se convirtió en un trámite más que su entorno laboral le proporcionaba por habitar este mundo.
Dejar de plasmar su firma en el periódico no habrá sido, por tanto, una desgracia para Savater. Él mismo ya había dicho mucho antes: “La gran desgracia ya la he pasado”.
Ha sido una de las noticias más comentadas de la semana. El despido de Fernando Savater tras medio siglo vinculado a 'El País' ha sido tan sonado como polémico. El motivo, las duras críticas que el filósofo vierte contra el periódico en su nuevo libro, 'Carne gobernada' (Ariel), ha puesto sobre la mesa el debate sobre la libertad de expresión y la politización de los medios.