Desde su restaurante en el Real Casino de Madrid, distinguido con dos estrellas Michelin y tres Soles Repsol, el cocinero propone nuevas formas de reinterpretar el aceite de oliva. En esta ocasión, la iniciativa surge en colaboración con la firma Parqueoliva, vinculada a la Denominación de Origen Protegida Priego de Córdoba, reconocida por organismos como el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y habitual en rankings internacionales de calidad.
Una cucharada de aceite de oliva en ayunas, muy saludable. (Pexels)
La técnica consiste en modificar la textura del aceite sin alterar sus propiedades. Para ello, se utilizan perlas de cera de abeja, un ingrediente natural que actúa como espesante. Al mezclarse con el aceite caliente, se obtiene una crema suave y estable, similar a la mantequilla, pero con todo el aroma del aceite de oliva virgen extra.
En países como México la miel es un alimento esencial. (Pexels)
El procedimiento es sencillo. Se funden 1,25 gramos de cera de abeja al baño maría y se mezclan con 25 mililitros de aceite de oliva virgen extra. Una vez integrados, se retira la mezcla del fuego y se vierte con cuidado en un recipiente de cristal. Tras unos minutos de enfriado, la textura cambia progresivamente hasta convertirse en una crema untable.
El resultado es una preparación versátil que puede utilizarse en tostadas, panes o incluso como base para otras elaboraciones. Además, al emplearse en crudo, permite conservar las propiedades nutricionales del aceite, una de las claves de la dieta mediterránea, respaldada por organismos como la Organización Mundial de la Salud. Esta receta conecta con una tendencia creciente en la gastronomía actual: revalorizar productos cotidianos mediante técnicas simples. Convertir el aceite de oliva en una “miel” abre nuevas posibilidades culinarias sin perder la esencia del ingrediente.