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Eugenia Martínez de Irujo imita al novio de su madre
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Eugenia Martínez de Irujo imita al novio de su madre

No era el mejor día de Eugenia. Ella, que no da muchas explicaciones en las convocatorias públicas, sí suele ser de buen talante, pero ayer, al dirigirse

Foto: Eugenia Martínez de Irujo imita al novio de su madre
Eugenia Martínez de Irujo imita al novio de su madre

No era el mejor día de Eugenia. Ella, que no da muchas explicaciones en las convocatorias públicas, sí suele ser de buen talante, pero ayer, al dirigirse a ella los periodistas, su contestación fue: "Es que yo no hablo". Quienes estuvieron presentes en el desfile de Roberto Torretta fueron testigo de este cambio de carácter, muy parecido al que utiliza el novio de su madre; el funcionario Díez. Silenciosa y sin querer hacer ningún tipo de declaración. Como contraposición, Mar Flores, que se reencontraba efusivamente con los conocidos tras volver de su refugio de Santo Domingo, donde se mantenía alejada del mundanal ruido.

Eso sucedía sobre las tres de la tarde, tras una mañana intensa de desfiles en la que el más madrugador fue Javier Larrainzar. En su despertar de este año le ha acompañado la modelo Sylvie Van Der Vaart, que se ha mostrado encantadora con quien se ha acercado a hablar con ella. La maniquí holandesa, que ha comentado que continúa con su tratamiento para luchar contra el cáncer que le fue diagnosticado hace unos meses, no dejó de sonreír a diestro y siniestro.

No era el mejor día de Eugenia. Ella, que no da muchas explicaciones en las convocatorias públicas, sí suele ser de buen talante, pero ayer, al dirigirse a ella los periodistas, su contestación fue: "Es que yo no hablo". Quienes estuvieron presentes en el desfile de Roberto Torretta fueron testigo de este cambio de carácter, muy parecido al que utiliza el novio de su madre; el funcionario Díez. Silenciosa y sin querer hacer ningún tipo de declaración. Como contraposición, Mar Flores, que se reencontraba efusivamente con los conocidos tras volver de su refugio de Santo Domingo, donde se mantenía alejada del mundanal ruido.