Alfonso de Borbón y Battenberg, el heredero al que nadie pudo salvar
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Alfonso de Borbón y Battenberg, el heredero al que nadie pudo salvar

Hay existencias entroncadas con la propia historia de España que nunca han sido contadas o que si alguna vez lo han sido, no se les ha prestado

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Alfonso de Borbón y Battenberg, el heredero al que nadie pudo salvar

Hay existencias entroncadas con la propia historia de España que nunca han sido contadas o que si alguna vez lo han sido, no se les ha prestado toda la atención que merecían. Quizá una de esas historias contadas en multitud de ocasiones pero conocida por pocos sea la de Alfonso de Borbón y Battenberg, un hombre llamado a ser Príncipe de Asturias y Rey de España y que, sin embargo, nunca llegó a colocarse la corona.

Una vez más el periodista y escritor José María Zavala se acerca a la figura de uno de los Borbones menos conocidos para desentrañar los detalles de su vida. Ya lo hizo con el duque de Cádiz en una de sus anteriores obras, El Borbón non grato, y ahora repite experiencia con el hijo mayor de Alfonso XIII en El Borbón de cristal, su nuevo libro, que sale estos días a la venta.

Planteando los hechos históricos de forma ordenada como acostumbra, Zavala habla en su obra de un hombre al que dice, "nadie quiso. Ni sus padres, ni el pueblo, ni su mujer, ni los monárquicos". Quizá en esa falta de cariño algo tuviera que ver la hemofilia que su madre, la reina Victoria Eugenia de Battenberg trajo a la Familia Real española y que tanto temía la madre de Alfonso XIII, la Reina Cristina.

Esa enfermedad, que afecta a la coagulación de la sangre y que ha sido heredada y extendida por las distintas realezas europeas, empañó la felicidad del rey Alfonso XIII, que ya se frotaba las manos tras el nacimiento del pequeño Alfonso, consciente de que de esta forma se aseguraba un varón al frente de la corona, pero no alteró el hecho de que el pequeño fuera el favorito del monarca.

La hemofilia se la descubrieron al practicarle una circuncisión siendo aún un bebé y, aunque hay autores que, al no existir documentos sobre el tema en el archivo de palacio, consideran que nunca sucedió, Zavala da por válida esta opción y para reflejarla toma como testigo al general Kindelán, que habla de los tensos momentos que médicos y enfermeras padecieron al ver que la hemorragia no cesaba.

Finalmente cesó, pero el descubrimiento de la dolencia marcó la existencia del pequeño, que siempre estuvo vigilado por cuarenta mil ojos, con el miedo a que se rompiera como si de una fina lámina de cristal se tratase. Tantos cuidados sobre el primogénito le granjearon el sobrenombre de 'El Intocable' en los rincones de la corte.

La preferencia del rey por su primogénito no tuvo límites hasta que, ya en el exilio de Lausana, Alfonso se enamoró perdidamente de la cubana Edelmira Sampedro. Tenía entonces el heredero 25 años y la novia 26, y con esa edad, el 11 de junio de 1933, Alfonso renunciaría a sus derechos y se alejaría del trono para siempre para contraer matrimonio con su amada. Pero la unión entre ambos, que trajo consigo el ostracismo por parte de los reyes, sólo les duraría cuatro años.

Pero la soltería del príncipe se prolongaría aún menos en el tiempo. El hermano mayor de don Juan, padre del Rey Juan Carlos, contrajo matrimonio en segundas nupcias con otra cubana, Marta Rocafort, apenas dos meses después de su divorcio. Otro enlace que no duró más de medio año, ya que en enero de 1938 ya estaban divorciados.

Fue por esas fechas, un año antes del inicio de la II Guerra Mundial y del fin de la Guerra Civil española, cuando Alfonso hizo llegar a su familia una carta en la que aseguraba que no renunciaba a ninguno de sus derechos como heredero del trono español, revocando lo que había firmado para casarse con su primera esposa, y que los documentos hasta entonces firmados carecían de valor legal.

Ocho meses después quien fuera príncipe de Asturias fallecía a causa de las hemorragias internas que sufrió tras un accidente de automóvil en un hospital de Miami. Su madre intentó llegar a tiempo, pero no pudo y su padre, decepcionado por la nueva petición de sus derechos hizo como si nada hubiera pasado.

La única presente fue Mildred Gaynor, una cigarrera de un local nocturno que fue  también quien le acompañó en sus últimos días de correrías y que viajaba con él en el coche en el momento del accidente. Cuando Alfonso falleció tenía 31 años, ningún título en el bolsillo y nadie de la familia que le diera el último adiós.