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Pantoja, Muñoz y Zaldívar, el triunvirato de las bolsas de basura

“Me han metido en esto por odio y por envidia”. Estas eran las declaraciones con las que una Isabel Pantoja compungida intentaba defender mediáticamente su inocencia

“Me han metido en esto por odio y por envidia”. Estas eran las declaraciones con las que una Isabel Pantoja compungida intentaba defender mediáticamente su inocencia tras conocerse su imputación, la de Julián Muñoz y la de Mayte Zaldívar en el caso por blanqueo derivado de la archifamosa ‘Operación Malaya’. Una historia, la de este trío, que ha llegado a su fin y que comenzó a fraguarse muchos años atrás, a pesar de que los protagonistas a estas alturas no se hayan puesto de acuerdo en fijar en qué fechas comenzó la relación entre la folclórica y el entonces felizmente casado alcalde.

La intención de Isabel durante los últimos años ha sido la de intentar convencer al juez y a su público de que su unión sentimental con Muñoz se produjo tras la compra del apartamento en Guadalpín, propiedad bajo sospecha durante todo el proceso, por la forma en la que se produjo su adquisición: en metálico y en el momento en el que la tonadillera tenía sus sociedades prácticamente a cero. Sin embargo, veintisiete jornadas de juicio y las múltiples declaraciones del que en su día fue el alcalde más mediático de España, dejaron a la cantante sin coartada.

La relación triangular Pantoja-Muñoz-Zaldívar comenzó a finales del 2002, pero en aquellas fechas a ninguno de los tres les interesaba contarlo. La tonadillera continuaba unida sentimentalmente a Diego Gómez y Julián a Mayte. Unos meses después, los tres paseaban por las calles de Marbella, Isabel amadrinaba un avión en la ciudad y Muñoz seguía declarando que la unión con su mujer era perdurable. La campaña preelectoral estaba en marcha y ante todo había que salvar al político. Ante las voces que iban surgiendo en torno al nuevo novio de Isabel Pantoja, Muñoz arremetía con insultos. La guinda llegaba el viernes de feria del año 2003, cuando una Mayte ofendida entra por teléfono en un programa de televisión para gritar que su marido e Isabel están juntos.

Mayte, la despechada televisiva

A pesar del despecho y de las declaraciones públicas en las que Zaldívar aseguraba que el dinero entraba en el domicilio conyugal en bolsas, el matrimonio siempre estuvo en contacto. Todos se necesitaban. Desde la separación, Mayte ganó dinero y montó varias sociedades. En concreto, en una de sus empresas se ingresaron 400.000 euros procedentes de una cuenta en el extranjero. Isabel se hacía con una ganadería y con la famosa casa de La Pera. Julián, mientras tanto, se declaraba insolvente y aseguraba vivir de la cantante. El fiscal del caso ha considerado siempre que las dos mujeres en la vida de Julián han sido beneficiarias del dinero que el alcalde ha podido adquirir de manera ilícita y por eso al encarcelamiento de Muñoz (julio 2006), le siguieron la detención de Mayte (Noviembre 2006) y la de la cantante (mayo 2007).

Durante los largos meses que el exalcalde permaneció en prisión, las visitas de Isabel a su pareja fueron escasas, hasta que en febrero de 2009 anunció su ruptura definitiva. Sin embargo, el contacto entre Julián y Mayte no se rompe y, a pesar de que Zaldívar se despacha a gusto en los platós contra él, lejos de los focos le sigue apoyando. A los tres les espera un futuro común, un juicio en el que tendrán que declarar y a ninguno le interesa tirar de la manta más de cuenta. 

Un pacto de no agresión

Zaldívar, intentando borrar de un plumazo todo lo que había dicho en los diferentes programas, se sentaba ante el juez para asegurar que todo el dinero que había entrado en su casa en los tiempos en los que estuvo casada con Julián era legal y que las afirmaciones pasadas no eran más que fruto del despecho: “Sólo quería hacer daño, me había roto la vida”, dijo en alusión al romance Muñoz-Pantoja.

Isabel no sólo insistió durante su declaración en su inocencia, sino que continuó con la coartada poco creíble de que era ella quien mantenía a Muñoz y que de haber sabido que manejaba dinero ilícito se hubiese alejado de él. Las declaraciones de su mano derecha, María Navarro, y su amiga Tere Poyo contradecían las hechas por Isabel durante su detención. Ambas aseguraron que el dinero en metálico encontrado en su casa era producto de su trabajo, cuando Pantoja años atrás había negado cobrar en efectivo. A pesar de la insistencia de sus personas de confianza en afirmar que quienes manejaban las cuentas de Isabel eran ellas, la cantante había firmado una declaración en 2007 en la que aseguraba que el manejo de las mismas las llevaba Julián.

La estrategia durante el juicio pasaba por aceptar un posible delito fiscal, pero negar el blanqueo, algo que beneficiaba a Isabel de cara a una sentencia y también a Julián, que de esta manera quedaba alejado de las finanzas de la cantante. A pesar del aparatoso triángulo amoroso en el que se vieron envueltos, el entendimiento judicial del triunvirato de las bolsas de basura se ha mantenido hasta el final. Las dos mujeres acusaron públicamente a Julián de infiel, pero en el banquillo de los acusados ni Mayte ni Isabel tiraron piedras contra el hombre con el que compartieron parte de su vida. Nadie quiso perjudicarse más de la cuenta. 

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