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UN HOHENLOHE LANZA SU ACEITE EN EL OLIVAR FAMILIAR

Sandro Gamazo, el aristócrata que dejó la 'jet set' y cogió el azadón

El empresario y sobrino del príncipe Alfonso cuenta en una entrevista a 'Vanitatis' cómo un día se trasladó a Istán para iniciar su nueva vida al lado de su esposa

Foto: Sandro Gamazo
Sandro Gamazo

Sandro Gamazo, sobrino del príncipe Alfonso, pertenece a esa estirpe de aristócratas que le va más un azadón en mano que lucir chaqué en las fiestas de la jet set. Al igual que lo hizo su tío con las vides en la finca “Las Monjas”, uno de los primeros en plantar cepas de las variedades tintas en Ronda, él retoma ahora su testigo y vuelve al cortijo de Istán para cultivar la tierra. Como resultado, su “Belvís de las Navas”, un negocio centrado en la producción y comercialización de aceite ecológico.

El empresario cuenta en una entrevista a Vanitatis que quedó embelesado por la belleza de estos terrenos que acumulaban años de abandono y que un día se trasladó hasta Istán para iniciar su nueva vida al lado de su esposa Marie Caroline. “Todo empezó con mi madre. Ella ya coqueteaba con la idea de los olivos y no paraba de meterme esta idea en la cabeza. Un día limpiando la finca y después del incendio enorme que hubo en la Costa del Sol, encontramos que había cantidad de olivos que podíamos recuperar. Y ahí empezó esta ilusionante aventura”.

'Belvís de las Navas'
'Belvís de las Navas'
“Belvís de las Navas”, el nombre del caldo del olivar,  es un homenaje al linaje de su familia.  En plena década de los años cuarenta Piedad Yturbe y Scholtz von Hermensdorff, marquesa de Belvís de las Navas, acompañada por su marido el príncipe Max zu Hohenlohe-Langenburg, establecían su residencia en la dorada Marbella que empezaba a brillar en medio mundo. Setenta años después, el título nobiliario de ‘Piedita’, como se conocía a la madre del príncipe Alfonso, da nombre al primer aceite de oliva virgen extra gourmet que sale de los centenarios olivares de la familia.

Legado de la familia

Sandro, el bisnieto de esta aristócrata, lleva más de tres años produciendo para consumo propio el aceite que ahora comercializa. Nos explica que Belvís de las Navas sale al mercado con una producción limitada. Apenas 4.000 kilos de aceite. “Poco, pero suficiente. Tiene unas peculiaridades especiales y es de alta calidad. La idea que hemos defendido desde su origen es que si hacemos esto, lo hacemos bien. Si no, ¿qué pintas haciendo un aceite en Marbella?”, declara.

Su resultado de la fusión de  aceitunas de la Sierra de las Nieves combinando la hojiblanca, verdial Vélez Málaga, zorzaleña, manzanilla aloreña y cepas de olivo silvestre como la acebuchina, ha dado como resultado “Belvis de las Navas”. “Podríamos decir algo así como que comparamos este zumo de aceituna con la diversidad  de gentes de todo el mundo que habita en Marbella y su comarca. Lo empezamos a comercializar hace tres meses es un  producto laborioso y costoso de elaborar siguiendo estrictas normas ecológicas”. Ahora su hándicap en Marbella es “fomentar el rescate y cuidado de los olivares de nuestro entorno, que han estado abandonados durante años, y que son un legado histórico. En definitiva, quería crear un producto que se pueda identificar a nivel local, y que a la vez nos hiciera sentir orgullosos de nuestra casa”.

 

Sandro Gamazo posa junto a su nuevo producto, Belvís de las Navas
Sandro Gamazo posa junto a su nuevo producto, Belvís de las Navas

 

“Mi tío Alfonso y sus locuras”

La actividad agrícola de Sandro no es nueva. A diferencia de sus primos,  él paso mucho tiempo al lado de su tío Alfonso: “Me dicen que yo soy el que ha recogido todo esta tradición por lo agrícola. No sé, pero es verdad que al lado de mi tío Alfonso he mamado ese gusto por el campo. Soy uno de los pocos Hohenlohe que se crió aquí, hice mucha vida con él. Mi tío siempre con sus locuras e invenciones no dejaba de impresionarme y fascinarme. Era admirable”.

Esa relación casi endogámica tuvo como resultado que Sandro, después de su paso por Inglaterra, se adiestrara en una finca en Castilla La Mancha vinculada a la familia. “Allí es donde aprendí realmente todo lo que se ahora sobre agricultura. En esta finca trabajé más el tema de cereales y ganadería”, cuenta. El Hotel Marbella club, fundado precisamente por sus antecesores, es uno de los lugares elegido para el arranque de la comercialización del producto que, de momento, ha encontrado acomodo en las estanterías de tiendas gourmet y vinotecas de Marbella y Madrid. El último lugar en presentarlo ha sido la Academia Gastronómica de la ciudad,  donde su caldo fue elogiado por el chef del renombre Santiago Domínguez. “Marbella es la cuidad a la que estuvo tan vinculada mi familia y con la que queremos seguir manteniendo lazos empresariales”, asegura Sandro Gamazo.

Reivindicativo con Finca Margarita 

Sandro, fiel admirador de su tío, no es ajeno a la destrucción del modelo de ciudad que un día pergeñó Alfonso de Hohenloe en Marbella. La aniquilación del pinar de Santa Margarita, donde su tía Ana Gamazo y el banquero Juan Abelló tienen su casa, también le preocupa: “Tengo unas fotos fantásticas de esa época todo cubierto de pinos y naturaleza fantástica. Al final todo va tan deprisa que si no protegemos el pino piñonero, no sé qué va a pasar. Es bastante triste lo que esta pasando en esta tierra. Esperemos que lo pare alguien. Mi tío Alfonso decía siempre que, para que una casa esté bonita, los árboles tienen que ser más altos que la casa”.

Sandro no es el único que lucha por una Marbella mejor. Su primo Pablo de Hohenlohe ya fue uno de los bastiones de la plataforma para que nos se construyeran los rascacielos de cincuenta pisos. “Con todos los sitios que hay vacíos en Marbella ¿para qué queremos crecer en cemento para lo alto? Es de locos”. Y ahí, entre olivos sigue su vida por una “reconciliación con la naturaleza”. “Sé que esto es un maratón. Un viaje muy largo. Pero precioso”. 
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