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Alberto Soler, psicólogo infantil: “Estas señales a los 0-2 años pueden indicar que tu hijo tiene altas capacidades”
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Alberto Soler, psicólogo infantil: “Estas señales a los 0-2 años pueden indicar que tu hijo tiene altas capacidades”

Interpretar estas señales no significa diagnosticar sin evaluación profesional, pero sí permite a las familias estar atentas y solicitar orientación adecuada

Foto: El psicólogo Alberto Soler, en sus redes sociales. (Instagram/@asolers)
El psicólogo Alberto Soler, en sus redes sociales. (Instagram/@asolers)

Detectar las altas capacidades en edades tempranas continúa siendo uno de los grandes desafíos para familias y educadores. Aunque tradicionalmente se han asociado a un cociente intelectual elevado, los especialistas recuerdan que este concepto es mucho más amplio. Incluye habilidades cognitivas, creativas y de aprendizaje que se sitúan significativamente por encima de la media, así como una sensibilidad especial, una enorme curiosidad y una forma distinta de procesar la información. El psicólogo infantil Alberto Soler insiste en que no existe un único perfil: “Cada niño o cada niña con altas capacidades muestra un perfil diferente”, explica en uno de sus vídeos divulgativos.

Esa diversidad hace que muchos menores pasen desapercibidos o, por el contrario, sufran una sobreexigencia que no corresponde a su edad. Soler subraya la importancia de identificar correctamente las altas capacidades para evitar efectos secundarios habituales: frustración, desconexión, aburrimiento en el aula o incluso problemas de autoestima. Mientras algunos niños destacan en lo académico, otros lo hacen en la creatividad, el pensamiento abstracto o la resolución de problemas, y no siempre encajan en los criterios más visibles que suelen manejarse en el entorno escolar.

La detección temprana es clave, no solo para ajustar el entorno educativo a su ritmo, sino también para proteger su bienestar emocional. Muchos niños con altas capacidades sienten incomprensión, soledad o una sensibilidad más intensa que requiere acompañamiento. Contar con recursos y orientación desde el inicio les ayuda a desarrollar su potencial sin caer en la desmotivación ni en la presión excesiva, disfrutando del proceso de aprendizaje y creciendo con mayor seguridad.

Aunque el diagnóstico formal suele hacerse más adelante, muchas familias relatan que las señales ya estaban presentes prácticamente desde el nacimiento. Así lo recoge también el Manual internacional de superdotación, que describe indicadores tempranos que, sin ser determinantes por sí solos, pueden ofrecer pistas relevantes. Estas manifestaciones pueden observarse de manera progresiva a lo largo de la primera infancia, desde los primeros meses de vida hasta los cuatro años.

Según explica Soler, entre los 0 y los 2 años son frecuentes patrones que llaman la atención: dolores como cólicos del lactante, dificultades para conciliar o mantener el sueño, una atención precoz y sostenida, y un desarrollo motor adelantado —por ejemplo, caminar antes de cumplir los 12 meses—. También destaca la aparición de un vocabulario amplio, preciso y sorprendentemente conciso para su edad. Se trata de pequeños signos que, en conjunto, pueden sugerir una capacidad cognitiva superior.

Entre los 2 y los 3 años pueden aparecer nuevas señales: algunos niños llegan a aprender a leer o escribir por sí solos, amplían su vocabulario de forma acelerada o, en contraste, pueden mostrar episodios de mutismo selectivo, una respuesta que a veces se relaciona con su alta sensibilidad. Este periodo es especialmente revelador para muchas familias, que observan cómo sus hijos aprenden con rapidez, formulan preguntas complejas o muestran intereses inusuales para su etapa evolutiva.

Detectar las altas capacidades en edades tempranas continúa siendo uno de los grandes desafíos para familias y educadores. Aunque tradicionalmente se han asociado a un cociente intelectual elevado, los especialistas recuerdan que este concepto es mucho más amplio. Incluye habilidades cognitivas, creativas y de aprendizaje que se sitúan significativamente por encima de la media, así como una sensibilidad especial, una enorme curiosidad y una forma distinta de procesar la información. El psicólogo infantil Alberto Soler insiste en que no existe un único perfil: “Cada niño o cada niña con altas capacidades muestra un perfil diferente”, explica en uno de sus vídeos divulgativos.

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