Cristina a los 53 años: el peor momento del verso suelto de la familia real
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Cristina a los 53 años: el peor momento del verso suelto de la familia real

La 'infanta invisible' cumple otro año más este miércoles y vive uno de los momentos más complicados de su vida con su marido a un paso de la cárcel

Foto:  La infanta Cristina en una imagen de archivo. (Gtres)
La infanta Cristina en una imagen de archivo. (Gtres)

La infanta Cristina ha cumplido 53 años y su vida, como la de muchos segundones, estuvo marcada por cierta invisibilidad. Y más en su caso. El príncipe Felipe, al ser el heredero y único varón, tenía otras prerrogativas familiares e institucionales. Además, siempre fue el preferido de la madre. En el caso de la primogénita, Elena, ha sido la debilidad de don Juan Carlos y necesitaba más atención tanto personal como académica.

Como sucede en muchas familias, los medianos pasan desapercibidos y esta fue la situación de la infanta Cristina que, según los que conocen el entramado de los Borbón Grecia, es la que tiene más personalidad. Otros califican su fuerte carácter como cierta chulería que ha quedado de manifiesto a lo largo de su vida.

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Se siente absolutamente maltratada por la prensa, por los españoles en general y por su propio hermano, el rey Felipe. Considera que Iñaki y ella han sido los chivos expiatorios de un contubernio para acabar con la monarquía.

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[Vea AQUÍ las primeras imágenes de Cristina tras la sentencia de su marido]

Por supuesto, sigue manteniendo que no ha hecho nada delictivo y que todo es un complot. No reconoce la reunión que hubo entre Rajoy, Rubalcaba, el Rey emérito, Gallardón y otros altos responsables del Estado que narra Pilar Urbano en su libro 'Salvar a la Infanta'. En este sentido, nadie demandó a la escritora y, por lo tanto, se da por buena la información.

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Cuando el caso Nóos se convirtió en pieza separada del Palma Arena se sugirió (y se exigió después) a la pareja que pidiera perdón públicamente y devolvieran el dinero. No lo hicieron. La Infanta se negó a divorciarse, algo que planteó el rey Juan Carlos como mal menor. Se creó un 'cordón sanitario' alrededor del actual monarca para que le perjudicasen lo menos posible los delitos de su cuñado Urdangarin. La infanta Cristina no volvió a dirigir la palabra a la reina Letizia, a la que considera causante principal de la ruptura con su hermano Felipe.

placeholder El rey Felipe VI y su hermana Cristina. (Gtres)
El rey Felipe VI y su hermana Cristina. (Gtres)

Tuvo un gesto de chulería con el rey Felipe y jefe del Estado cuando este revocó el titulo de duquesa de Palma. Envió un correo que previamente filtró en el que explicaba que, con el objetivo de no dañar a la Corona, dejaba de utilizar el tratamiento. Además, dejó claro que era ella la que había tomado la decisión, cuestionando a la jefatura del Estado.

En el juicio se permitió la licencia de contestar solo a su abogado y presumir de no enterarse de nada y aún menos de la economía familiar. La infanta Cristina maneja desde su cargo en La Caixa un presupuesto importante para los proyectos de la fundación que dirige.

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En el 80 cumpleaños del rey emérito fue ella la que decidió no acudir para no tener que saludar a su hermano Felipe, su cuñada Letizia y resto de altos cargos de la Casa Real que la habían dejado tirada. Transmitió a sus allegados que sabía que no estaba convocada, pero que, por si acaso cambiaban de opinión, ella no tenía intención de viajar a Madrid.

placeholder La infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin. (EFE)
La infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin. (EFE)

Un carácter muy marcado

Desde pequeña quiso diferenciarse del trío que formaba junto a sus hermanos. En el colegio Santa María del Camino coincidió en varios cursos con la infanta Elena, que tuvo que repetir. No quiso compartir clase con ella y tampoco amigas.

placeholder La infanta en 2005. (Gtres)
La infanta en 2005. (Gtres)

Tomó la decisión de estudiar Ciencias Políticas en la facultad correspondiente de la Universidad Complutense en contra de la idea de los Reyes, que consideraban ese lugar mucho más combativo y reivindicativo que el de Filosofía y Letras. En las paredes centrales del edifico había pintadas en las que se decía "Fuera el Borbón. Viva la República" o "No queremos infanta de naranja ni infanta de limón". A ella le dio igual.

Tampoco era de las que admitían los suspensos y solía pedir revisión de exámenes. En su caso hubo varios profesores que no facilitaron su vida académica cuando debía compatibilizarlos con viajes oficiales. Exigió exámenes orales como pasaba con otros compañeros. En Zarzuela le aconsejaron que mantuviera un perfil bajo, que ya lo arreglarían en la Casa y no hizo caso.

placeholder Cristina y Urdangarin en el día de su boda en 1997. (Gtres)
Cristina y Urdangarin en el día de su boda en 1997. (Gtres)

Cuando terminó la carrera se marchó primero a París y después a Nueva York. La estancia en Francia fue aceptada por los Reyes con resignación. Al fin y al cabo, estaba cerca. Lo que no les gustó fue la decisión de marcharse unos años después a Nueva York. Por seguridad le indicaron que lo mejor era que viviera en casa de unos amigos y se negó. Alquiló un piso de pequeñas dimensiones donde los escoltas no tenían sitio ni para hacer café.

La infanta Cristina tenía muy claro que no volvería al palacio de la Zarzuela cuando terminó su periplo por el extranjero. En aquellos años ya era una familia desestructurada con un padre ausente y una madre sufridora.

Se enamoró perdidamente de Álvaro Bultó y lo siguió hasta Barcelona, donde vivía el deportista. Compartió piso con su prima Alexia de Grecia y aquellos fueron años intensos y con menos repercusión mediática que si hubiera vivido en Madrid. Su sobrino Froilán es un aprendiz comparado con las salidas lúdicas de su tía en aquellos años.

Cuando conoció a Urdangarin, estaba enamorada del jugador de waterpolo Jesus Rollán, que fue quien les presentaría en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Rollán tenía novia y no estaba por la labor de iniciar un romance con la hija de los Reyes. "¿Quién es el rubio?", le preguntó. Y a partir de ese momento comenzó a interesarse por él. A Urdangarin le importó poco tener pareja y compromiso de matrimonio.

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