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La infanta Cristina dice adiós a La Caixa tras 26 años en la entidad

El patronato de la fundación acordó en diciembre la salida de la hermana del Rey. Abandona tras un año de negociaciones. Solo trabajará para la Fundación Aga Khan

Foto: La infanta Cristina, en una imagen de archivo. (Getty)
La infanta Cristina, en una imagen de archivo. (Getty)
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Después de 26 años en La Caixa, la infanta Cristina se va. La hermana de Felipe VI se desvincula de la entidad y trabajará solamente para la Fundación Aga Khan, tal y como confirman fuentes de máxima solvencia a Vanitatis. Así se acordó en una reunión del patronato de la Fundación Bancaria La Caixa celebrada el pasado 12 de diciembre. En los próximos meses, sin fecha definitiva aún, la infanta Cristina abandonará sus obligaciones al mando del área internacional de la Obra Social de la entidad. Fuentes de La Caixa consultadas niegan la existencia de un acuerdo y la entidad declina hacer cualquier otro comentario al respecto.

Tras esta decisión, la hija del rey Juan Carlos no tendrá que visitar España con asiduidad, como sucedía hasta ahora, cuando se trasladaba a Barcelona una o dos veces al mes por cuestiones laborales. Como mucho, la Infanta tendrá que viajar a Lisboa, donde la Fundación Aga Khan tiene una sede, y poco más. El objetivo final de Cristina de Borbón, a largo plazo, es no tener más vinculación con España que su familia, de modo que sus visitas se reduzcan a su esfera privada y personal.

Fotografía facilitada por la Fundación La Caixa de la infanta Cristina, directora del Área Internacional de la Fundación La Caixa, en Maputo. (EFE)
Fotografía facilitada por la Fundación La Caixa de la infanta Cristina, directora del Área Internacional de la Fundación La Caixa, en Maputo. (EFE)

No ha sido sencillo lograrlo. Desde que la Infanta planteó la posibilidad, hace ya un año, se han estudiado varias opciones hasta dar con la más adecuada. Finalmente, se ha planteado un principio de acuerdo entre La Caixa y la Fundación Aga Khan por el que doña Cristina puede redirigir su trabajo solo hacia esta última.

De Godó a Solana

La nueva situación laboral de la Infanta será posible gracias al pacto del patronato de la Fundación La Caixa con la Fundación Aga Khan, planteado en diciembre. La decisión se tomó en una reunión en la que estaban los miembros del citado órgano de dirección, formado por 14 personas, entre las que se encontraban Javier Godó, César Alierta, Salvador Alemany, Javier Solana y Shlomo Ben Ami. En el encuentro estaban también el vicepresidente del patronato, Juan José López-Burniol, y la notaria, Isabel Estapé.

[La infanta Cristina, protagonista de la junta de accionistas de La Caixa]

Fue una reunión intensa. Presidido por Isidre Fainé, el patronato también firmó ese día la marcha voluntaria de Jaume Giró al frente de la fundación.

Toda una vida laboral

La historia laboral de la Infanta en La Caixa es muy larga y cuenta con momentos complicados. Desde que saltara el caso Nóos, su presencia en la entidad se convirtió en algo incómodo, tal y como ella misma admitió en el momento en que pidió una baja temporal durante el proceso judicial por corrupción que culminó con la entrada en prisión de su marido, Iñaki Urdangarin.

La infanta Cristina, en Barcelona, en la asamblea general de La Caixa. (EFE)
La infanta Cristina, en Barcelona, en la asamblea general de La Caixa. (EFE)

La presencia de la Infanta, decíamos, llegó a generar problemas a la entidad, que siempre la ha apoyado. Las relaciones de doña Cristina con La Caixa han sido siempre excelentes, pero fueron muchas las juntas de accionistas en las que se pidieron explicaciones sobre el presente y futuro de la hija del Rey emérito en la entidad. No volverá a suceder. En unos días, ese conflicto será historia. Como lo será la relación laboral de doña Cristina con La Caixa, que empezó en octubre de 1993.

De París a Nueva York

Licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, su carrera laboral ha estado casi siempre vinculada a este banco. Al terminar la carrera, se trasladó a París, donde hizo prácticas en la Unesco, y después se mudó a Nueva York. Los seis meses americanos fueron de absoluto anonimato, algo que le agradó de tal modo que decidió que quería que ese fuera su destino: pasar desapercibida.

La infanta Cristina de Borbón, en unos premios de La Caixa. (EFE)
La infanta Cristina de Borbón, en unos premios de La Caixa. (EFE)

En abril de 1992, poco antes de la celebración de los Juegos Olímpicos, la infanta Cristina se trasladó a Barcelona. Allí trabajó en la delegación catalana de la Unesco, que entonces dirigía Félix Martí. Se mudó a un piso en la calle Eduardo Conde, en la frontera entre Pedralbes y Sarriá, que compartía con Cristina Poole, hija de Fernando Poole Pérez Pardo, jefe del Cuarto Militar del rey Juan Carlos.

La 'royal freelance'

Durante ese verano, realizó tareas de voluntaria en los Juegos Paralímpicos de Barcelona y al poco tiempo se incorporaba a la Fundación La Caixa. En aquel momento, desde Zarzuela se informó con transparencia de las condiciones laborales de la Infanta: cobraba 170.000 pesetas (unos 1.000 euros) y tenía un contrato mercantil, es decir, era colaboradora 'freelance', y debía pagar el IVA trimestral, lo que sorprendió a muchos en aquella época. Las condiciones económicas, se dijo entonces, se incrementarían cada año en función del IPC.

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin pasean por Barcelona. (Getty)
La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin pasean por Barcelona. (Getty)

De Zarzuela a Pedralbes

De su piso de Sarriá hasta el centro, a las oficinas de Vía Laietana (allí estaba entonces su oficina), la Infanta iba en metro. Más tarde, por presiones de seguridad, se mudó a un piso más lujoso y grande en la avenida Diagonal. Y se compró un coche: un Golf, el mismo al que Iñaki Urdangarin sacó el polvo cuando las cosas se torcieron y la familia tuvo que aparentar ante los medios que bajaba su ritmo de vida.

La Infanta siempre ha sido muy querida entre sus compañeros y sus jefes, con quienes ha mantenido muy buena relación hasta la fecha, en especial con Isidre Fainé y Jaume Giró, quien dejó la entidad el pasado diciembre. Bajo su jefatura fue cuando pidió aquella famosa ‘baja temporal’ con la que quiso evitar el escándalo mientras duraba el proceso judicial por el caso Nóos.

238.000 al año

La Infanta ha ascendido peldaño a peldaño dentro de la entidad, hasta llegar a ser la directora del Área Internacional. El juicio al que se enfrentó sirvió, entre otras cosas, para que quedaran al descubierto su situación económica y su evolución contractual. Tal y como contó El Confidencial en su momento, tras contrastarlo con La Caixa, la Infanta “en 2004 ganó 83.000 euros; al año siguiente, su retribución ascendió a 112.000 euros; en 2006 fue de 124.000 euros; en 2007, de 131.000 euros; en 2008, de 139.000 euros... Y este año [2013], coincidiendo con su marcha a Ginebra para escapar de la presión mediática del caso Nóos, la Infanta se embolsará de la entidad catalana un salario de 238.000 euros”.

La infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin, con Barack Obama y su mujer, Michelle, en 2011 en Washington. (EFE)
La infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin, con Barack Obama y su mujer, Michelle, en 2011 en Washington. (EFE)

Fue precisamente en 2013 cuando la relación laboral de la Infanta con La Caixa sufrió un cambio brusco al decidir su traslado a Ginebra. Pero no fue la primera vez. Antes, en 2009, se mudó a Washington DC y mantuvo su puesto. La plácida vida americana, no obstante, se vio rota por la irrupción del caso Nóos y en 2012 la familia volvió a Barcelona. La estancia en la capital catalana duró mucho menos de lo esperado, porque la vida se complicó demasiado en tierras españolas. Sobre todo para los cuatro hijos del matrimonio, quienes sufrían en la escuela ataques de otros niños y el vacío de sus compañeros por los asuntos del padre de familia.

Ginebra, para siempre

Fue entonces cuando se fraguó una relación laboral con la Fundación Aga Khan, entidad creada por el Aga Khan, gran amigo del Rey emérito. Y tras pasar un año infernal en Barcelona, en julio de 2013 se anunciaba que la familia Urdangarin de Borbón ponía rumbo a Ginebra, el lugar que se ha convertido en el refugio de doña Cristina y del que no quiere volver.

“Nunca ha pensado en volver a España -dicen a Vanitatis desde el entorno de la Infanta-, en Ginebra ha encontrado la paz que necesitaba y ahora que Iñaki tiene la libertad más cerca, será su casa para siempre, sin duda”.

La infanta Cristina, a su llegada a su residencia en Ginebra. (EFE)
La infanta Cristina, a su llegada a su residencia en Ginebra. (EFE)

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