Letizia y Marichalar vs. Juan Carlos y Urdangarin: patitos feos contra cisnes
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FAMILIA REAL ESPAÑOLA

Letizia y Marichalar vs. Juan Carlos y Urdangarin: patitos feos contra cisnes

Juan Carlos era el campechano, el cercano, el patriarca. Iñaki, el yerno perfecto, el guapo, el deportista... Letizia y Marichalar fueron los más criticados

Foto: Iñaki Urdangarin, infanta Cristina, Letizia, Felipe, reina Sofia, rey Juan Carlos, infanta Elena y Jaime de Marichalar, en una imagen de archivo. (Getty)
Iñaki Urdangarin, infanta Cristina, Letizia, Felipe, reina Sofia, rey Juan Carlos, infanta Elena y Jaime de Marichalar, en una imagen de archivo. (Getty)

Esta es la historia del devenir de unas vidas con final inesperado dentro de una familia (la real) en la que parecía que los roles estaban ya definidos y destinados desde el principio.

Dentro de ella, la figura más destacable, la del rey Juan Carlos, siempre brilló con fuerza. Él era el Rey, una figura clave dentro de la historia de nuestro país que se había ganado el respeto de todos los monárquicos, el que parecía tener un don para las relaciones públicas y el que logró unir a su destacado papel institucional una personalidad cercana y afable con la que se ganó el cariño de muchos. Fue don Juan Carlos el Campechano.

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A principios de abril de 1997, los rumores de noviazgo de la infanta Cristina con uno de sus amigos, un joven deportista, jugador del equipo de balonmano del Barcelona, llamado Iñaki Urdangarin, comenzaron a surgir.

placeholder El rey Juan Carlos, en una foto de archivo. (Limited Pictures)
El rey Juan Carlos, en una foto de archivo. (Limited Pictures)

El 4 de octubre de 1997, Iñaki entró a formar parte de la familia real al contraer matrimonio con la hija del rey Juan Carlos y la reina Sofía en la catedral de Santa Eulalia de Barcelona.

Iñaki Urdangarin contó, desde el principio, con la aprobación generalizada de prensa y público. Buena apariencia, deportista destacado, educados modales, procedente de una familia banquera..., se perfiló como el yerno perfecto, ese que toda madre y todo padre desearía para una hija.

No parecía haber corrido la misma suerte dos años y medio antes Jaime de Marichalar, quien el 18 de marzo de 1995 contrajo matrimonio con la infanta Elena en la catedral de Santa María de la Sede de Sevilla. Su fama de excéntrico y díscolo aristócrata pronto se propagó frente a la imagen de niño bueno que proyectaba Iñaki.

placeholder Iñaki Urdangarin, en una gala del presidente Obama en 2011 en Washington. (EFE)
Iñaki Urdangarin, en una gala del presidente Obama en 2011 en Washington. (EFE)

Cuentan los cronistas y expertos reales que Marichalar nunca contó con el apoyo del Rey y que Iñaki siempre fue su yerno predilecto.

Nada ayudó a mejorar su imagen cuando en 2007 se convirtió además en la primera persona en protagonizar un divorcio (el famoso cese temporal de la convivencia) dentro de la familia real.

Fue en el año 2003 cuando Letizia entró en escena. En aquellos meses, sin que nadie lo supiera, estaba protagonizando un amor secreto con el príncipe Felipe. El 1 de noviembre de aquel año, la Casa Real anunció el compromiso.

placeholder Jaime de Marichalar, en una imagen de archivo. (EFE)
Jaime de Marichalar, en una imagen de archivo. (EFE)

Una mujer periodista, de familia humilde y divorciada era el perfil (parece que poco deseado por el padre del novio, sentimiento que se hizo extensible a muchos monárquicos) de la futura reina de España.

Letizia realizó una carrera de fondo en su preparación para asumir un papel tan destacado. Desde el principio, el escrutinio público y mediático fueron enormes (y lo siguen siendo). Pronto mostró una personalidad contestataria y para algunos demasiado espontánea que trató de suavizar con el tiempo. Para la posteridad quedará aquel famoso 'déjame hablar' que le espetó al príncipe Felipe cuando anunciaron su compromiso.

Aseguran los que la conocen que es perfeccionista hasta el extremo. Quizás, esa faceta de su carácter la ha llevado a una autoexigencia tal que no se permite ni un solo fallo. Cada imagen pública, gesto, palabra o estilismo suyo son analizados con lupa. La espontaneidad ha sido sustituida con el tiempo por la corrección, para algunos, demasiado forzada, demasiado rígida, demasiado fría.

placeholder Letizia Ortiz, durante el anuncio oficial de su compromiso con don Felipe. (Getty)
Letizia Ortiz, durante el anuncio oficial de su compromiso con don Felipe. (Getty)

No faltan voces que a menudo destacan los fallos que Letizia haya podido cometer en estos años. Pero con el paso del tiempo, los hechos son claros: ni ella ni Marichalar, los que fueron los 'patitos feos' recién llegados a la familia real han puesto en jaque a la monarquía con hechos delictivos. Han sido los adorados don Juan Carlos e Iñaki Urdangarin quienes han hecho tambalear la institución.

La realidad es que hoy Jaime de Marichalar vive con discreción absoluta, centrado en su trabajo y en la educación de sus hijos. Pocos o ningún quebradero de cabeza le ha dado al que un día fue su suegro. Ninguno, si lo comparamos con Iñaki Urdangarin.

La reina Letizia también continúa intentando ejercer su papel de la mejor manera posible y mostrándose como uno de los mayores apoyos en las decisiones del rey Felipe VI.

placeholder El rey Felipe VI y la reina Letizia. (EFE)
El rey Felipe VI y la reina Letizia. (EFE)

Iñaki Urdangarin, por su parte, hoy cumple una condena carcelaria por los delitos cometidos e investigados en el caso Nóos.

El rey Juan Carlos es hoy también protagonista de uno de los episodios más vergonzosos de la monarquía tras las informaciones vertidas en diversos medios de comunicación y tras la documentación a la que 'The Telegraph' aseguró haber tenido acceso y que podría demostrar que Felipe VI figuraba como beneficiario de dos fundaciones de su padre investigadas en Suiza por presuntos delitos de blanqueo de capitales.

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El yerno perfecto y el rey campechano han sido los que han obligado a Felipe VI a dar los dos golpes en la mesa más difíciles de toda la historia de su reinado con el fin de intentar preservar la imagen de transparencia dentro de la Casa Real.

¿Quién era el patito feo en realidad?

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