Los 70 años de Ana, la 'princesa rebelde' que no quiso reinventar la rueda
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FAMILIA REAL BRITÁNICA

Los 70 años de Ana, la 'princesa rebelde' que no quiso reinventar la rueda

Tremendamente divertida, icono de estilo en los 60 y 70 y madre audaz, la única hija de Isabel II llega a la madurez convertida en un pilar básico de la monarquía británica

Foto: Los 70 años de Ana, la 'princesa rebelde' que no quiso reinventar la rueda
Los 70 años de Ana, la 'princesa rebelde' que no quiso reinventar la rueda

Seamos “realmente” sinceros. Los hijos de un monarca que no están llamados a heredar la Corona siempre han sido una figura complicada. En las monarquías, al fin y al cabo, todo gira en torno a la línea de sucesión. El gran pilar es el rey o reina y sus herederos al trono. Y, en este sentido, los hermanos menores de los futuros jefes de Estado se quedan luego como apéndices, en muchas ocasiones, difíciles de recolocar. Proceden del mismo núcleo y, en algunas circunstancias, incluso han recibido exactamente la misma educación que el primogénito. Sin embargo, hay un momento ineludible en el que sus vidas toman caminos muy distintos.

Al ser miembros directos de la familia real, es complejo garantizar su intimidad. Pero, al mismo tiempo, no son ellos los que ocupan el trono, por lo que su papel siempre queda un tanto en el limbo. En no pocas ocasiones, esta situación ha derivado en problemas. Porque si ya es delicado encontrarles a ellos una salida, sus cónyuges, en definitiva, los cuñados de los futuros monarcas, pueden también acabar generando episodios no deseados.

En el Palacio de Buckingham, cuna por excelencia de escándalos, la princesa Ana ha nadado en este sentido contracorriente. La segunda hija (y única niña) de los cuatro retoños que tuvieron Isabel II y el duque de Edimburgo cumple este sábado 70 años convertida en un pilar fundamental de la Casa Windsor. Tras el sonado Megxit y el ostracismo obligado del príncipe Andrés por su polémica amistad con el pedófilo Jeffrey Epstein, la “Firma” -como se conoce a la familia real británica- depende más que nunca de la llamada “princesa rebelde”.

La princesa, fotografiada en abril de 1971. (Getty)
La princesa, fotografiada en abril de 1971. (Getty)

Ana siempre ha sido uno de los miembros de la realeza más queridos y es de las que cuenta con más actos oficiales en la agenda. Algunos con más repercusión que otros, porque sus encuentros-descuentros con Donald Trump el año pasado con motivo del 70º aniversario de la OTAN dieron mucho de qué hablar.

La princesa se convirtió en viral. Primero porque, por pura confusión, pareció que se estaba negando a saludar al presidente norteamericano. Y posteriormente, porque estaba precisamente en el mismo grupo de mandatarios que, de manera distendida y sin percatarse del micrófono de las cámaras, se burlaba de las larguísimas ruedas de prensa del inquilino de la Casa Blanca.

Con todo, anécdotas aparte, la profesionalidad de Ana y su servicio a la Corona siempre ha sido de lo más alabado. Las encuestas le otorgan más popularidad incluso que a su hermano Carlos, el heredero, con el que tiene una espléndida relación. Apenas se llevan dos años y siempre han compartido amistades. En algunos casos, incluso demasiado estrechas porque, en su día, la princesa estuvo saliendo con Andrew Henry Parker Bowles, el que luego acabó convirtiéndose en el primer marido de Camilla, la que a su vez acabó convirtiéndose en la segunda esposa del heredero al trono.

La princesa Ana con Andrew Parker Bowles en la carrera de Cheltenheam. (Getty)
La princesa Ana con Andrew Parker Bowles en la carrera de Cheltenheam. (Getty)

Aunque el romance fue breve, entre Ana y Andrew quedó luego una buena amistad, hasta el punto de nombrarle padrino de su hija Zara. Por cierto, Zara (39 años) y su hermano Peter (42 años) se convirtieron en los primeros nietos de un monarca británico sin título por expreso deseo de su madre, quizá más consciente que nadie de lo que supone ser miembro de la familia real sin estar en la línea de sucesión.

Rapapolvo a los Sussex

“Creo que probablemente fue más fácil para ellos. Considero que la mayoría de la gente diría que hay desventajas en tener títulos. Así que creo que probablemente fue la decisión correcta”, explicaba en una entrevista con 'Vanity Fair' a principios de año, cuando el mundo entero estaba aún consternado por la ¿repentina? decisión del príncipe Enrique y Meghan de presentar su “dimisión” para “vivir una vida económicamente independiente”.

Sin aludir en ningún momento de manera explícita a los duques de Sussex (porque, eso sí, ellos siguen conservando sus títulos), en la entrevista, la hija de Isabel II se limitó a decir que los miembros más jóvenes de la familia real no siempre deberían sentir la necesidad de “reinventar la rueda”. “No se puede olvidar lo básico”, recalcaba para quien quisiera leer entre líneas. “No se trata solo de plantear, ¿puedo marcar la casilla para hacer esto? No, se trata de servir...”, matizaba.

La reina Isabel, los duques de Sussex y los de Cambridge, con la princesa Ana en el balcón de Buckingham. (Getty)
La reina Isabel, los duques de Sussex y los de Cambridge, con la princesa Ana en el balcón de Buckingham. (Getty)

Desde que tenía uso de razón, Ana mamó de sus padres el sentido de obligación y deber a la Corona y se convirtió en el apoyo que necesitaba su hermano Carlos. Éste último se desahogaba con ella para contarle sus penas durante sus años como estudiante en internados, épocas que el futuro rey recuerda con absoluta angustia.

Las escenas se recogen ahora en la famosa serie de 'The Crown', donde queda patente cómo la princesa fue todo un icono de estilo en los 60 y 70, con minifaldas nunca antes llevadas por los royals.

A diferencia de sus tres hermanos varones, Ana fue educada de manera privada en el Palacio de Buckingham hasta los 13 años, antes de ingresar en el internado de Benenden. “Mi caso era ligeramente diferente al de mi hermano mayor. Yo estaba lista para ir a la escuela. Tenía sólo una institutriz y dos amigos y eso nunca iba a ser suficiente, por lo que me puse muy contenta cuando me dijeron que me iban a mandar a otro lugar”, explica. “Creo que los internados han sido demonizados por algunos cuando, en realidad, creo que muchos niños realmente prosperan en ellos”, añade.

La princesa Ana en Benenden School. (Getty)
La princesa Ana en Benenden School. (Getty)

Amazona apasionada y consumada, ganó el título individual en el Campeonato Europeo de Eventos en Doublet cuando solo tenía 21 años y fue elegida Personalidad Deportiva del Año. Se convirtió en parte del equipo británico, compitiendo en campeonatos internacionales y en 1976 participó en los Juegos Olímpicos de Montreal, montando el caballo de la reina, Goodwill. En 1987, se convirtió en la primera royal en concursar (con fines benéficos) en un programa con preguntas sobre deportes.

Sus bodas

El 14 de noviembre de 1973, Ana se casó con Mark Philips, un teniente de la Guardia de Dragones de la Primera Reina en la Abadía de Westminster. La ceremonia fue televisada y atrajo a una audiencia mundial de 100 millones de personas. Isabel II ofreció a su yerno el título de conde, pero también fue rechazado amablemente.

En 1989, el matrimonio se acabó y el 12 de diciembre de 1992, Ana se casó con Timothy Laurence, entonces comandante de la Royal Navy, que más tarde se convirtió en almirante. El enlace tuvo lugar en Crathie Kirk, cerca del castillo de Balmoral, en Escocia. La pareja eligió el norte de la frontera porque la Iglesia de Inglaterra no permitía que las personas divorciadas se volvieran a casar en sus iglesias.

Los condes de Wessex no pueden contener la risa ante una ocurrencia de la princesa Ana. (Getty)
Los condes de Wessex no pueden contener la risa ante una ocurrencia de la princesa Ana. (Getty)

Su círculo más cercano asegura que es tremendamente divertida y que ha heredado la lengua afilada y sin censuras de su padre. Quedó constancia el día del intento frustrado de su secuestro. Ocurrió en 1974, cuando regresaba a casa con su primer esposo tras acudir a un evento. A punta de pistola, el secuestrador Ian Ball -que planeaba pedir un jugoso rescate- le dijo: “Quiero que venga conmigo un par de días, y quiero dos millones [de libras]. ¿Le importa salir del coche?”. A lo que ella respondió: “Ni de coña [not bloody likely], y no tengo dos millones de libras”. Así es Ana, la que no quiere títulos, la de las minifaldas, la Olímpica, la divorciada que se casa en el norte de la frontera, la que dice tacos… la princesa rebelde que, sin embargo, nunca ha olvidado lo básico.

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