La guerra de los Hannover: qué se esconde detrás del conflicto paternofilial
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La guerra de los Hannover: qué se esconde detrás del conflicto paternofilial

El príncipe alemán Ernesto ha llevado a su hijo mayor a los tribunales para conseguir la devolución de la propiedad en Baja Sajonia. ¿Qué ha pasado con el patrimonio de la familia?

placeholder Foto: Ernesto de Hannover en una imagen de archivo. (Getty)
Ernesto de Hannover en una imagen de archivo. (Getty)

Padre contra hijo. Ernesto de Hannover está enfrentado con su primogénito y desde hace unos días sabemos que esa guerra ha llegado incluso a los tribunales. El siempre polémico príncipe alemán, jefe de la dinastía de los Güelfos, ha demandado a su heredero por un valor de cinco millones de euros ante un juzgado regional de Baja Sajonia.

El principal objeto de la demanda es nada menos que el idílico castillo de Marienburg, la joya en el legado de la extinta Casa Real de Hannover. Ernesto padre quiere que su hijo devuelva la propiedad que le cedió en 2004 como "herencia anticipada", alegando que este ha violado "sus derechos e intereses legales".

Foto: Ernesto de Hannover, en una foto de archivo. (Getty)

En concreto, el príncipe acusa a su primogénito de haber "intentando hacerse con el control del patrimonio de la Casa Hannover a espaldas de su padre", según la demanda hecha pública por el tribunal regional de Hannover. Los cargos son duros. Ernesto hijo es acusado de haberse apropiado "de forma indebida" de obras de arte y otros objetos de valor de la familia y, en un plano personal, incluso de haber "abandonado y negado su apoyo" a su padre, que vive retirado en Austria y "está muy enfermo", según su propia declaración.

placeholder Ernesto de Hannover en una imagen de archivo. (EFE)
Ernesto de Hannover en una imagen de archivo. (EFE)

Con la demanda, el patriarca espera recuperar el control de Marienburg y otras dos propiedades de la familia cedidas a su hijo. Este ha reaccionado con tranquilidad, posiblemente ya preparado para los nuevos desencuentros con su padre. "Todos los argumentos de la demanda ya han sido desestimados en el pasado de forma extrajudicial. Por eso afrontamos con serenidad la disputa judicial", ha señalado el príncipe heredero en un comunicado, en el que dice no querer explayarse con más detalles "por consideración a su padre".

Si la demanda no ha causado una sorpresa mayor es porque la guerra entre los Hannover empezó ya hace algunos años, y también porque el príncipe Ernesto, conocido a secas como Ernesto Augusto en Alemania, es un habitual de los escándalos. El jefe de la otrora influyente Casa de los Güelfos –varios de sus miembros ocuparon el trono británico entre 1714 y 1901– carga con la fama de violento y colérico por agredir a periodistas y empleados. Alguna vez llevó también el apelativo de "príncipe meón", después de evacuar su vejiga en público al lado del pabellón turco de la Expo de Hannover en el año 2000.

A sus 66 años, el marido de Carolina de Mónaco no solo tiene una salud deteriorada por el alcohol, sino que afronta también problemas legales por intentar agredir a policías y amenazar a otras personas en su actual lugar de residencia en Austria. Ernesto, según la revista alemana 'Bunte', está bastante aislado y distanciado de su familia. Desde hace tiempo no se le ve al lado de su segunda esposa, Carolina.

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Ernesto de Hannover en 2018. (EFE)

Su hijo mayor, nacido del primer matrimonio de Ernesto de Hannover con la suiza Chantal Hochuli, tiene una imagen pública distinta. El príncipe heredero fue criado en Inglaterra y se dedicó primero al mundo de las finanzas. Dejó su vida de banquero atrás para asumir desde 2004 el papel de administrador del patrimonio de su familia en Alemania.

Su díscolo padre podría ser el villano de la historia, pero esta tampoco parece tan sencilla. Ernesto hijo acordó en 2018 la venta del castillo de Marienburg al Estado por un precio simbólico de un euro. Su explicación fue entonces que la joya neogótica, conocida a veces como el "Neuschwanstein del norte" en alusión al famoso castillo bávaro, está en muy mal estado y necesita ser restaurada con un dinero que la familia no tiene.

"Estaría feliz y orgulloso de poder mantener el castillo yo solo. Pero no puedo", dijo al diario 'Hannoversche Allgemeine Zeitung'. "Es un mito que la Casa de los Güelfos sea inconmensurablemente rica".

El plan de venta acordado con el 'land' de Baja Sajonia preveía que el Estado asuma unos costes de reparación estimados en unos 27 millones de euros. Varios críticos, sin embargo, reclamaron que Ernesto hijo quisiera trasladar esos costes al erario público, mientras se aseguraba, a la vez, ingresos con la venta de varias obras de arte y conservaba en propiedad de la familia algunas de las más valiosas.

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Ernesto de Hannover jr, el día de su boda con Ekaterina Malysheva. (Getty)

La revista 'Der Spiegel' detalló en un texto de 2019 la mala gestión que había producido cuantiosas pérdidas a la compañía administradora del Marienburg, pese a los ingresos obtenidos por la celebración de bodas o la llegada de visitantes. También criticó que Ernesto hijo intentase compensar esas pérdidas manteniendo ganancias vinculadas con el castillo gracias a un contrato desventajoso para el Estado.

El príncipe heredero tampoco ha quedado bien parado por una subasta organizada en 2005 por la casa Sotheby's, en la que unos 20.000 tesoros del Marienburg cambiaron de dueño y en la que se recaudaron 44 millones de euros. ¿Qué pasó con todo ese dinero? Según el hijo, sirvió en buena parte para pagar las deudas del padre. En todo caso, el principal destinatario previsto para esos ingresos, el castillo, solo se benefició con la construcción de un restaurante, lavabos para visitantes y algunas salas de eventos, según medios germanos.

El caso es que el estado de Baja Sajonia frenó la compra del Marienburg después de que el príncipe Ernesto se opusiera en 2019 a la venta y acusara a su hijo de una "enorme ingratitud". Para el patriarca, la familia debería seguir estando en capacidad de seguir administrando por sí misma su patrimonio. El caso ha llegado ahora a los tribunales. La primera vista oral no tiene aún fecha.

Ernesto de Hannover
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