El Rey Alfonso XIII y su dentista, los 'ideólogos' de la Ciudad Universitaria de Madrid
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BICENTENARIO DE LA UNIVERSIDAD

El Rey Alfonso XIII y su dentista, los 'ideólogos' de la Ciudad Universitaria de Madrid

El monarca español conocía el moderno desarrollo de las universidades europeas, pero su odontólogo le hablaba de los grandes recintos verdes de Estados Unidos

placeholder Foto: Alfonso XIII. (Cordon Press)
Alfonso XIII. (Cordon Press)

La idea circulaba por la España de Fernando VII. Y se hizo querer en el marco histórico del denominado Trienio Liberal. En el verano de 1821, apareció oficialmente reflejada en el Reglamento General de Instrucción Pública, que consideraba la creación de la Universidad Central como un proyecto de interés general para España. Y con sede en Madrid.

Aproximarse al itinerario histórico de una institución tan relevante como es la Universidad Complutense de Madrid, inicialmente Universidad Central, genera siempre un enorme placer. Son generalmente proyectos que unen, que marcan la pauta del futuro, que representan progreso y modernización. Son, por lo tanto, iniciativas que trascienden el día a día.

Es la Corona de España la principal impulsora de este proyecto educativo y formativo tan importante. Y muy especialmente Alfonso XIII. Aunque, salvo el triste paréntesis inicial de 13 años, los sucesivos regímenes que dieron forma al Estado colaboraron de una u otra manera al desarrollo de esta gran iniciativa.

placeholder El rey Alfonso XIII, con el conde de Romanones. (Cordon Press)
El rey Alfonso XIII, con el conde de Romanones. (Cordon Press)

La solemne apertura de la Universidad y su cierre

Todo sucedió en pocos meses. Apenas había transcurrido un año desde la publicación del Reglamento General de Instrucción Pública y ya vio la luz el reglamento que regulaba la organización de la Universidad Central en Madrid. El rey Fernando VII sancionó el proyecto en octubre de 1822 y en noviembre se celebró la apertura oficial del curso 1822-1823. La nueva Universidad de Madrid absorbía a la de Alcalá de Henares.

Tan fulgurante y solemne fue su nacimiento como tajante su cierre, tras la invasión del ejército francés, los Cien Mil Hijos de San Luis, en abril de 1823. Fue el final del Trienio Liberal, la vuelta al absolutismo y el comienzo de la conocida como Década Ominosa. Habrían de transcurrir diez años hasta la muerte de Fernando VII (1833), al que sucedió su hija Isabel II (1830-1904), inicialmente bajo la tutela de su madre, María Cristina de Borbón Dos Sicilias.

Al margen de otros acontecimientos, sin duda trascendentes —como los que provocó la reclamación del trono por parte de Carlos María Isidro—, lo cierto es que la regencia de Maria Cristina permitió recuperar el proyecto de la Universidad Central. Fue en 1836 cuando se reabrió la universidad, esta vez sin muchas solemnidades, al tiempo que volvía a desaparecer la de Alcalá.

placeholder Paraninfo de la Universidad de Alcalá. (EFE)
Paraninfo de la Universidad de Alcalá. (EFE)

Años de la consolidación y privilegios

Los cursos siguientes son, como se suele explicar, de consolidación. La Universidad Central era una realidad viva, en constante crecimiento. Del seminario de nobles, en la calle Princesa, en 1840 pasa a las dependencias del convento de la Salesas Nuevas, en la calle de San Bernardo. Y dos años más tarde se decide remodelar el edificio del antiguo noviciado de los jesuitas…

En 1845 se convierte en la Docta, por ser la única universidad de España en la que se podía obtener el doctorado. Un privilegio que hizo oficial ese año el plan general de estudios elaborado -entre otros- por el asturiano Pedro José Pidal, marqués de Pidal, ministro de la Corona con Narváez, presidente del Congreso, embajador, director de la Real Academia de la Historia… Posteriormente, la Ley Moyano (1857) ratificó el privilegio de la Docta, que se mantuvo hasta 1954.

La ley del Rasgo, el principio del fin

En todo caso, el origen de la moderna Universidad Complutense de Madrid, que ha crecido al ritmo de la Ciudad Universitaria (Moncloa), hay que buscarlo en una ley de 1865, conocida como el Rasgo. Debido a las enormes dificultades por las que atravesaba el erario público, el Gobierno de Narváez planteó a la reina Isabel II una iniciativa que permitiría paliar la situación. Se trataba de enriquecer el Patrimonio del Estado con propiedades de la Corona, de manera que el Estado asumiría el 75% de su valor, mientras que la reina recibiría el 25% restante.

La propuesta, que aceptó la reina, fue muy bien recibida en términos generales. Algunos medios elogiaron su generosidad, que compararon con la altura de miras y la visión de Estado de Isabel la Católica. Sin embargo, otros medios -nada partidarios, evidentemente- criticaron con enorme dureza la propuesta. Entre ellos, sobresalen dos artículos de Emilio Castelar en su diario, 'La Democracia'.

placeholder Isabel II, retratada por Franz Xaver Winterhalter.
Isabel II, retratada por Franz Xaver Winterhalter.

"En países constitucionales el Rey debe contar por única renta..."

Castelar, catedrático en la Universidad Central, dejó escrito en el artículo titulado ‘El rasgo’, entre otras consideraciones, lo siguiente: “En los países constitucionales el Rey debe contar por única renta la lista civil, el estipendio que las Cortes le decretan para sostener su dignidad. Impidiendo al Rey tener una existencia aparte, una propiedad, como Rey, aparte de los presupuestos generales del país, se consigue unirlo íntimamente con el pueblo”. ('La Democracia', 25 de febrero de 1865).

El Gobierno, irritado, ordenó al rector de la Universidad que destituyera a Castelar. Pero el rector se negó. Y el Gobierno destituyó a ambos. En este marco se entienden las revueltas estudiantiles que se produjeron en Madrid en aquellas fechas. Protestas que culminaron en la conocida como Noche de San Daniel. Una impresionante carga de la Guardia Civil y de varias unidades del ejército contra los estudiantes concentrados en la Puerta del Sol, que se saldó con 14 personas muertas y casi doscientas heridas.

Las consecuencias son bien conocidas. Entre ellas, por ejemplo, la embolia que sufrió el ministro Alcalá Galiano durante las discusiones en el seno del Consejo de Ministros (falleció posteriormente), la reposición en la cátedra de Emilio Castelar; la caída del propio Gobierno de Narváez, dado que la reina optó por O’Donnell poco tiempo después... Y más tarde, como es sabido, la caída de la propia reina (1868).

En el 155 aniversario de la cesión

Aquella polémica ley, la del Rasgo, fue la que permitió que Patrimonio del Estado se hiciera con la titularidad de la finca La Florida-Moncloa, futuro emplazamiento de la Ciudad Universitaria. La operación se formalizó hace justamente 155 años (1866). La finca ya era en aquel momento sede del palacio de la Moncloa, de la anexa Casa de Labor (tareas agrícolas) y de una fábrica de porcelana (Casa de la China).

Y a partir de aquella fecha se asignaron algunas zonas a centros como la Escuela General de Agricultura (1869), el Instituto Agrícola Alfonso XII (1881), que luego se llamó Instituto Nacional Agronómico (1931); el Instituto Rubio (1896) o el Asilo de Santa Cristina (1897).

placeholder El rey Alfonso XIII. (Cordon Press)
El rey Alfonso XIII. (Cordon Press)

Alfonso XIII, principal impulsor de la Ciudad Universitaria

Ahora bien, el impulso definitivo de la Universidad hacia el modelo actual lo recibió en los años 20 del siglo pasado. Y de la mano del rey Alfonso XIII. En una España de analfabetos y pobre, el monarca insistía en la necesidad de poner las bases para cambiar el rumbo. Es decir, afrontar la necesaria reforma educativa, que permitiera afianzar posteriormente la modernización del país. Y en ese propósito, un punto clave sería la universidad.

Alfonso XIII hablaba con frecuencia del modelo de universidad que él mismo había conocido en otros países. Y se entusiasmaba, quizás, con el modelo americano del que tenía muy buena información por su amigo Aguilar, el odontólogo de la Casa del Rey.

Florestán Aguilar y Rodríguez (1872-1934) fue una eminencia en su especialidad, odontólogo y cirujano dental. Nacido en Cuba (La Habana), se desplazó muy joven a España, donde realizó sus primeros estudios. Más tarde viajó a Filadelfia, donde hizo el doctorado. Y regresó a España para ejercer su profesión, inicialmente en Cádiz (1890) y después en Madrid (1896).

Fue colaborador del odontólogo norteamericano Enrique Higdlans, que atendía a la familia real española. Al poco tiempo (1914), además de sustituir a Higdlans, también trabajó para las casas reales de Austria y Baviera. Fue muy activo, tanto por su participación en congresos internacionales como por el impulso que dio en España a la formación de odontólogos con rango universitario o la constitución de los colegios profesionales.

Aguilar fue, de hecho, el principal asesor de Alfonso XIII en el proyecto de la Ciudad Universitaria de Madrid. Sus viajes por Europa y Estados Unidos le permitieron conocer los modelos más avanzados, que estudió con detalle posteriormente como miembro de la Junta Constructora (1927-1931), hasta que fue destituido por el primer Gobierno de la República.

placeholder Una icónica imagen del campus de la Universidad Complutense. (EFE)
Una icónica imagen del campus de la Universidad Complutense. (EFE)

Todo era un auténtico sueño. Aunque ojo con los sueños...

Alfonso XIII hablaba de centros del conocimiento que desarrollaban su actividad en los entornos más propicios. Hablaba de amplios campus con espacios verdes. Con una alta nómina de catedráticos e investigadores. Y miles de universitarios formándose para tomar las riendas del país en el día de mañana. Siendo realistas, la idea era tan ilusionante como inviable. Al menos, con los criterios de la España de primeros del siglo pasado. En todo caso, un sueño. Aunque, ojo con los sueños…

En 1911, el rey respaldó el proyecto de construcción de la Facultad de Medicina y de un hospital universitario en las afueras de Madrid. Los edificios que ocupaba la Universidad estaban saturados y trasnochados. La comisión encargada de poner en marcha esta iniciativa eligió unos terrenos en la Moncloa para la ubicación de los nuevos centros. Pero una conjunción de sucesos y, quizás, una cierta falta de visión de futuro dieron al traste con el proyecto.

La idea se retomó en 1920, año en el que se cedieron los terrenos para la facultad y el hospital, como también para la Casa Velázquez y el Colegio de Huérfanos Ferroviarios, por ejemplo. Proyectos que sigue muy de cerca Alfonso XIII, que años más tarde inauguraría personalmente. Fue precisamente en 1927, con motivo del 25 aniversario de Alfonso XIII en el trono, cuando él mismo impulsa el gran proyecto de la Ciudad Universitaria de Madrid. Y a este gran proyecto se vincula personalmente.

El primer paso fue la creación de la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria, que al año siguiente (1928) pasó a depender del Ministerio de Instrucción Pública. Y a partir de ahí, el ambicioso proyecto se fue haciendo lentamente realidad. Alfonso XIII abandonó España en abril de 1931, pero tanto la República como después la dictadura de Franco avalaron la iniciativa.

placeholder Busto de Alfonso XIII. (EFE)
Busto de Alfonso XIII. (EFE)

Alfonso XIII, en el corazón de la Ciudad que él soñó

Así se gestó, en síntesis, el ambicioso proyecto de la Ciudad Universitaria como sede de la Universidad Central, que más tarde sería simplemente la Universidad de Madrid, aunque pronto fue conocida como la Universidad Complutense de Madrid. Y este ha sido su nombre oficial desde 1970. Pero en el prolongado proceso de construcción de este ambicioso proyecto se fue perdiendo, quizás, la figura de su primer y principal mentor, el rey Alfonso XIII. Es verdad que en 1943, en plena etapa de aislamiento del Régimen, surge la propuesta de homenajear al rey con la colocación de una estatua en el propio campus…

De hecho, el escultor navarro Fructuoso Orduna (1893-1973) recibió el encargo ese mismo año y se puso manos a la obra. En 1946 entregó dos modelos originales. Pero uno de ellos se destruyó de inmediato y el otro se guardó. No hubo más noticias. Fue el rector Gustavo Villapalos (1949-2021) el que desempolvó la idea poco después de su elección como rector de la Universidad Complutense (1987-1995).

El 28 de septiembre de 1988 se celebró el acto de presentación de la estatua del rey Alfonso XIII, ubicada en el corazón de la propia Ciudad Universitaria con la que él soñó. Un acto al que asistió el heredero de Alfonso XIII, el conde de Barcelona, acompañado de su esposa y de sus hijas Pilar y Margarita.

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

Familia Real Española
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