Poco a poco, los royals europeos están volviendo a sus compromisos institucionales después de disfrutar de unas semanas de descanso. Así, este sábado, el príncipe Alberto, la princesa Charlène y su hijos, Jacques y Gabriella, acudieron al picnic anual de Mónaco. Se trata de una de las citas más esperadas para los monegascos, pues se puede ver a varios de miembros de los Grimaldi compartiendo una jornada en el campo, con comida, juegos y distintas actividades. Al final, sirve para verlos en un entorno más distendido y alejado de los códigos rígidos que conllevan algunas de sus apariciones públicas.
Una vez más, Charlène de Mónaco demostró por qué es una de las royals más admiradas en cuanto a estilo. Para la ocasión, la esposa del príncipe Alberto apostó por un vestido blanco de encaje que, además de resaltar su figura, irradiaba sofisticación. Aunque la delicadeza del atuendo estaba en los pequeños detalles: un sutil bordado en relieve que añadía textura sin recargar el conjunto. Además, el corte del vestido, que llegaba hasta las rodillas, es moderno, pero mantiene ese toque clásico que caracteriza el estilo de la princesa. Una apuesta que se ajustaba al evento.
Madre e hija durante el picnic anual de Mónaco. (Gtres)
En cuanto al maquillaje, Charlène de Mónaco abogó por uno suave y natural que permitiese resaltar su belleza sin caer en excesos. Así, lució una piel radiante y luminosa. Por otra parte, su peinado, recogido con mechones frontales con ondas suaves, agregaba un aire de frescura sin perder un ápice de sofisticación. Además, dejó su rostro despejado y esto permitió que el gran protagonista fuera el vestido. La princesa volvió a dar una lección de estilo demostrando que la comodidad no está reñida con la alta costura y que sabe qué ponerse para cada aparición pública.
También destacó la presencia de la princesa Gabriella. La pequeña portó un vestido con detalles flores en tonos suaves que complementaba, a la perfección, el look de su madre. Señalar que no es la primera vez que aparecen conjuntadas. El vestido de la hija del príncipe Alberto tenía un aire infantil y romántico y era de corte sencillo pero encantador. Esto hizo que su presencia fuera igual de destacada sin robar protagonismo al look de su progenitora, quien suele acaparar todas las miradas. Además, llevó unas flores que evocaban la pureza y la inocencia de la infancia. Una elección que refuerza el tema de la familia real en armonía.
El príncipe Alberto y la princesa Charlène con sus hijos. (Gtres)
Como decíamos, el contraste de los dos looks destaca la conexión entre madre e hija mostrando una sutil pero eficaz sincronización de estilos. Mientras que la madre apostó por una sofisticación más madura y refinada, la benjamina de la familia desprendió un aire más relajado y jovial pero igual de elegante. Este equilibrio entre lo formal y lo casual es algo que las mujeres de la familia real de Mónaco manejan con maestría demostrando que la realeza no siempre tiene que ir ligada a la rigidez, sino que también puede ser fresca y accesible.
Poco a poco, los royals europeos están volviendo a sus compromisos institucionales después de disfrutar de unas semanas de descanso. Así, este sábado, el príncipe Alberto, la princesa Charlène y su hijos, Jacques y Gabriella, acudieron al picnic anual de Mónaco. Se trata de una de las citas más esperadas para los monegascos, pues se puede ver a varios de miembros de los Grimaldi compartiendo una jornada en el campo, con comida, juegos y distintas actividades. Al final, sirve para verlos en un entorno más distendido y alejado de los códigos rígidos que conllevan algunas de sus apariciones públicas.